Para mi mamá,
una maestra ejemplar…
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Intentar escribir sobre el día del maestro no es una tarea fácil, sobre todo si se intenta poner en unas líneas lo importante que debe ser la educación y los maestros en la conformación de una sociedad.
Me incliné por recordar el trabajo iniciado por Pablo Latapí Sarre a finales de 1998, dentro de un inmenso legado histórico que aún ahora, en la complejidad del entorno educativo, sigue vigente por su visión humanista, sus valores, congruencia y enseñanzas que han transcendido y seguirán trascendiendo a muchas más generaciones.
Muchos de los rasgos positivos que tiene hoy la educación mexicana se deben al trabajo de Latapí. Por él sabemos que, si bien las exigencias de la toma de decisiones no son idénticas en la investigación educativa y en las políticas públicas, estos dos ámbitos puedan enriquecerse mutuamente como resultado de una interacción respetuosa, guiada por esa preocupación común por el bien de los estudiantes y de la sociedad.
Latapí fundó el Observatorio Ciudadano de la Educación A.C (OCE) como una instancia de participación y análisis de los temas vinculados con el desarrollo educativo. Tuvo cuidado que los miembros iniciales que lo conformaron, fueran en su mayoría investigadores que procedían de distintas universidades u otras instituciones educativas para que, conformando así un grupo de ciudadanos comprometidos con el desarrollo de la educación nacional, se promoviera la reflexión, la discusión y la responsabilidad pública sobre la educación.
Varias fueron las actividades realizadas por los miembros de OCE: foros, debates comunicados, artículos educativos, mesas de análisis, investigaciones y más. En 1999 aparece el primero de los muchos “Comunicados” que durante mucho tiempo fueron publicados en la “Jornada”, escritos por un grupo de redacción muy bien integrado, con el objetivo de abrir un nuevo canal de interlocución con la sociedad y las autoridades educativas. Por el impacto obtenido, a esta iniciativa se sumaron también maestros de escuelas públicas y particulares, periodistas y comunicadores, padres de familia, líderes sociales y ciudadanos en general.
Así, OCE difundió desde diversas miradas, el estado que guardaba la educación en México, buscando que los resultados de las investigaciones educativas fueran tomados en cuenta, no solamente en las decisiones políticas relacionadas con la educación, sino especialmente en la práctica educativa.
Este espacio social toma su particularidad e importancia a través de la observancia crítica y el análisis de la política educativa, que contribuyó en la formación de una opinión pública, promoviendo la participación activa en la discusión de asuntos relacionados con la educación nacional, así como el acercamiento con las diversas autoridades educativas demandando muchas veces, el esclarecimiento de sus políticas y acciones.
Poco a poco OCE se fue posesionando con el liderazgo de Pablo Latapí, consecuencia de su experiencia personal como como formador de opinión, primero en las páginas de Excelsior y luego en las de Proceso. Sus textos, al igual que los de OCE, trataban temas coyunturales y otros constituían reflexiones sobre las dimensiones más profundas del trabajo educativo, aquellas que nos siguen inquietando a los que nos dedicamos a él y a las que muchas veces, no conseguimos dar respuestas que nos satisfagan del todo.
Ahora, sin Observatorio Ciudadano, muchos de sus miembros intentamos seguir adelante ante la necesidad creciente de seguir creando conciencia de la necesidad de participar desde sectores cada vez más diversificados y complejos del ámbito educativo.
No creo que no exista consenso ante la necesidad actual de generar espacios para impulsar la participación de ciudadanos de escucha e influencia, de propuesta e innovación, de crítica y exigencia de rectificación dentro de todo lo relacionado con la educación. Es evidente que debemos seguir con la propuesta de OCE e insistir en la necesidad de solucionar los principales problemas que nos atan a la desigualdad, a la falta de equidad y a la mala calidad en educación, con la participación de los diversos actores sociales.
Dentro de este contexto cada maestro tiene el reto profesional de, primero, escoger si prefiere la cara luminosa de la luna o la oscura, esas de las que magistralmente Latapí describe en su carta al maestro “con una actitud realista que relativice lo negativo y valore sin fantasías lo positivo” y segundo, para añadir más luces a su labor de vida, con el lenguaje insustituible de cada una de las experiencias vividas.
Va un recuerdo para don Pablo, por haber sido uno de los seres humanos, más amable y generoso que he conocido y con el que pude compartir proyectos y acciones dentro del Observatorio Ciudadano de la Educación A.C. y mi reconocimiento sincero y honesto para los maestros y maestras que toda su vida han dignificado esta bella profesión.
Y por último, disfruten como yo, esta singular carta del maestro Pablo Latapí Sarre.
http://www.tutoria.unam.mx/sitetutoria/ayuda/14-6pablol.pdf