El FUA y el movimiento estudiantil del 61

Domingo, Abril 30, 2017 - 11:40

La guerra fría. El papel de los jesuitas en la formación juvenil. Puebla y los universitarios.

“Yo no inventé la realidad,

sólo habito en ella”

Leopoldo Mendivil López

Secreto Vaticano, Grijalbo, p. 20

“Cuento que te cuento

lo que no debiera contar

contando con tu confianza,

confío que no has de contar

lo que contarte no quiero

y yo no quise contar.”

Antonio Sánchez Díaz de Rivera

En 1961 se vivía intensamente la llamada Guerra Fría, caracterizada por un agudo proceso de ideologización en el que los bandos contendientes eran la Unión Soviética, encarnando el proyecto de la Revolución Comunista, y los Estados Unidos asumiendo la defensa del "Mundo Libre”.

Era no solamente la época de la Carrera Espacial, en la que los "Sputniks" rusos mantenían ventaja sobre sus competidores americanos, colocando en ese año al primer astronauta, Yuri Gagarin, en órbita, sino también una época de sangrientas persecuciones antireligiosas en China, Rusia y los llamados países satélites identificadas con el encarcelamiento de varios cardenales de la Iglesia Católica: el cardenal Joseph Schlypi, de Lemberg, Ucrania, el cardenal Stepinac, de Zagreb, Yugoeslavia, cardenal Joseph Mindszenty, de Eztergom, Hungría, el cardenal Beran, de Praga, Checoeslovaquia, entre otros.

La Iglesia a la defensiva

Desde el pontificado de Pio XI se había advertido al mundo sobre los riesgos ideológico-políticos: del fascismo con la encíclica "Non Abbiamo Bisogno" del 29 de junio de 1931; del capitalismo con la encíclica "Cuadragessimo Anno" del 15 de mayo de 1932; del nazismo con la encíclica "Mit Brennender Sorge" del 14 de marzo de 1937; del comunismo con la encíclica "Divini Redemptoris" del 19 de Marzo de 1937.

El frente de la Iglesia contra las ideologías se inicia en Alemania. El himno de las Hitler Jugend definía su lejanía de la Iglesia: "Somos la alegre juventud de Hitler...". "Nuestro Fuhrer Adolf Hitler es nuestro Salvador y nuestro Mesías,... No a Cristo seguimos, sino a Horst Wessel”.

La primera misión de la Iglesia era resistir al nazismo. Fue frente al totalitarismo de Hitler que el cardenal de Münster, Clemens von Galen, pronunciara su célebre homilía del 20 de julio de 1941: "Solo existe un medio eficaz contra el enemigo interior: La resistencia tenáz. Hay que ser duros y permanecer firmes. En este momento no hemos de ser martillo sino Yunque, y la característica primordial del Yunque es la resistencia". Se adoptó el lema “Sta firmus ut incus percusa” de san Ignacio de Antioquía.

Por el Intermarium. En Alemania los grupos juveniles, como los scouts de fuerte influencia católica se enfrentaron abiertamente al nazismo: “Aprovechando la Reunión Internacional en Luneburg, las Hitler Jugend nos atacaron queriendo desmantelar el campamento.

“Los derrotamos en toda la línea y muchos de ellos se llevaron en las nalgas el recuerdo de nuestros bordones". H.Knocke. Al día siguiente los Scouts fueron prohibidos y se les integró obligatoriamente a las Jung Volk y a los Wander Vogel.

Pero estaba también la Revolución comunista, que desde un principio se mostró agresivo contra el cristianismo.

Para informarse de los avances y los planes de Rusia, el papa Pio XI apoyado por Mons. Michel d´Herbigny y por el P´.Edmund Walsh, S.J., Ambos expertos en el tema 5 de la Revolución, creó la Organización del Russicum, tratando de mantener la fe en Europa, creando una sociedad discreta, denominada Intermarium, inspirada en el texto bíblico: “En sus días aparecerá la justicia y la abundancia de la Paz.. y dominará de un mar a otro...".

El papa Pio XII heredó de su antecesor el proyecto "Intermarium" con el que la Iglesia desafiaba al comunismo internacional. Los jesuitas fueron los encargados de su ejecución, por lo que algunos de ellos crearon organizaciones juveniles reservadas en América Latina destinadas a formar líderes católicos capaces de enfrentar desde las universidades la ofensiva comunista, ya que eran consideradas como un punto neurálgico.

Así aparecieron en América Latina diversas agrupaciones animadas y asesoradas por los jesuitas. Una fue la Sociedad del Servicio a Cristo Rey (a cuya cabeza estaba Alberto Hurtado Cruchaga, S.J., en Chile): "Nunca supe por qué la Iglesia liquidó ese movimiento. Seguramente algunos clérigos... se indignaron de que los laicos pensaran por su cuenta y actuaran en política con libertad de conciencia." Otra la encabezaba Bernardo Leighton (colaborador de Eduardo Frei, jefe de estado) se trataba de la Falange Nacional; en el mismo Chile otro jesuita alentaba la formación juvenil en algunos colegios, era el padre Alberto de Castro. Incluso en la propia Cuba, los jesuitas impulsaban la formación juvenil para alentar sus grupos, por ejemplo tanto en el Colegio Dolores de Santiago de Cuba como en el Colegio Belén de La Habana, ambos de los jesuitas donde estudió el mismo Fidel Castro. La actividad de los jesuitas también se extendió a la Falange Nacionalista en Colombia, con la colaboración del padre Félix Restrepo. En Caracas, Venezuela, por su parte, actuaba la Falange con Rafael Caldera a la cabeza en el Colegio San Ignacio. En todo ello se puede apreciar la presencia de los jesuitas y el aliento de grupos juveniles.

Recientemente apareció la información de que en la Universidad El Salvador, atendida por los jesuitas en Buenos Aires, Argentina, existió una organización reservada juvenil denominada “La Guardia de Hierro”, cuyo asesor espiritual era Jorge Bergoglio, hoy el papa Francisco, felizmente reinante.

En México, convulsionado por las persecuciones religiosas, la década de los 50's vio aparecer en Puebla una organización discreta promovida por los jesuitas Manuel Figueroa Luna, el padre Julio Vértiz, el padre Agustín da Silva y Valeriano Ruíz, quienes convocaron a la fundación del Yunque a un grupo de jóvenes Idealistas y valientes; entre ellos destacaron: José Luis Hernández Núñez, Ramón Plata Moreno, José Antonio Quintana Fernández, Klaus Feldman Petersen, Teodoro Terés Reina, Herberto y Manuel Rodríguez Concha,entre otros.

Algunas de las organizaciones fundadas por los jesuitas tuvieron un fuerte sentido clerical, dependiendo de la dirección de sus fundadores, otras, por el contrario, fueron pioneras en la aceptación y promoción de la "opción madura de los laicos". De Mons. Octaviano Márquez y Toriz y del padre Figueroa aprendimos que: "Nihil sine Episcopus" (“Nada sin el obispo”). El padre Figueroa falleció en Puebla el 30 de Mayo de 1958.

El Frente Universitario Anticomunista, nacido en abril de 1955, era parte de esta acción. Surgido en una era turbulenta reflejó de manera intensa las corrientes del nacionalismo imperante, comprometiéndose en la defensa de los húngaros, pero también con la independencia de Egipto y Argelia.

Éramos para 1961, o por lo menos así nos sentíamos, representantes de una generación diferente, marcada con el signo de la "nueva aristocracia”, que nada tenía que ver con títulos o propiedades, sino con responsabilidades, libre y alegremente aceptadas. Seguidores de Ortega y Gasset y de Ramiro de Maeztu creíamos en el lema de: "actúa de tal manera, que lo menos que se pueda decir de tí, es que eres un hombre".

Todos nosotros estábamos llamados con la vocación de una misma esperanza. ¡No éramos locos ni vanidosos y mucho menos ambiciosos de honras! Habíamos seguido con creciente interés los acontecimientos de Cuba, sabíamos de los compromisos que Fidel Castro había firmado en la "Carta de México“ con José Antonio Echeverría, líder de los estudiantes católicos en Cuba que se oponían a Batista en 1956. El 13 de marzo de 1957, el Directorio Estudiantil Revolucionario lanzó su golpe maestro contra la dictadura: El atentado contra Batista, que fue bautizado como "Operación Radio Reloj”. En esta acción pereció acribillado José Antonio Echeverría luchando contra los sicarios del dictador.

Poco antes había escrito: "Confiamos en que la pureza de nuestras intenciones nos atraiga el favor de Dios para lograr el imperio de la justicia en nuestra Patria”. Ahora el escenario había cambiado, Fidel Castro ignoraba sus pactos. Escuchamos alarmados la homilía de Mons. Pérez Serantes, antiguo aliado de Fidel, en agosto de 1960, diciendo; "el enemigo (el comunismo), está dentro, no son rumores, con el comunismo nada, absolutamente nada".

Nos sentimos traicionados y burlados cuando Fidel Castro declaró en la TV Cubana: "He sido, soy y seré siempre comunista”, en medio de una feroz campaña jacobina coreada con lemas como: "Que los curas corten caña, y si no quieren cortar, que se larguen para España", o bien, "Fidel, Fidel, qué tiene Fidel, que todos los curas no pueden con él". El 17 de abril de 1961, los cubanos anti-castristas intentaron un desastroso desembarco en Bahía de Cochinos, que una vez rechazado dio paso a un amplio operativo de represión contra los reales y supuestos enemigos de Castro.

Estas fueron las razones por las que siendo presidente del FUA, en 1961, convoqué a una manifestación de protesta en el zócalo de esta ciudad de Puebla, para el 24 de Abril. En el Manifiesto del FUA y en los discursos el tema fue, única y exclusivamente, el rechazo al comunismo castrista. Nunca nadie atacó a la Universidad o mencionó el Artículo tercero de la Constitución. Convoqué a la manifestación fuera de la Universidad, convencido de que nos asistía el derecho de la libertad de expresión y asociación, y que siempre habíamos respetado a quienes habían organizado manifestaciones de signo diferente.

Nunca propusimos una universidad clerical y mucho menos una universidad con un sentido clasista excluyente como puede comprobarse con los documentos y declaraciones de aquella época. Nunca un sacerdote, un religioso o el obispo me dijo qué hacer o qué pensar. Todas y cada una de las cosas que hice las hice porque pensé que era lo correcto.

Como toda persona he tenido errores y aciertos, pero todos ellos son fruto de mi libertad y mi voluntad. Frente a los hechos y acontecimientos de ese momento histórico yo asumo mi responsabilidad. A veces me parece oír a mis viejos amigos jesuitas diciendo convencidos: "no desesperes frente a éste mundo, el triunfo de la causa de la libertad, el bien y la justicia inevitablemente llegará". ¡Felices los que estuvimos a su lado en esas horas cruciales! Aquí estamos algunos de los que vivimos la lucha por el ideal. Los que hoy aspiramos a seguir en la vanguardia. Ese puesto nos lo hemos ganado porque todos nosotros, sin poner condiciones, respondimos al llamado por nuestra fe, por nuestro ideal marchamos en la primera fila desde 1956 hasta 1973,17 años, sin importar los riesgos, sabedores de que nos había tocado en suerte ser la generación de los tiempos violentos, con la firme esperanza de ayudar a construir los cimientos de una sociedad fundada en la libertad el amor y la justicia.

Nuestra herencia está compuesta de gratos y amargos recuerdos, pero ser heredero no significa que se tiene que cargar con todo el peso del ayer, el recuerdo es también la gota de eternidad que dejamos a nuestros amigos, que hoy miran los enfrentamientos ideológicos con desconfianzas y reticencias, olvidando que de esas luchas ideológicas surgieron las condiciones para crear la UPAEP. Este desafío que parecía un imposible este año cumple 44 años de exitosa existencia. Durante todos estos años aprendí a valorar: “Esta época inquieta que nos tocó en suerte vivir, confuso tiempo, de sospechas lleno..., diría José Antonio. Y aceptar que fuimos los aguafiestas de aquellos tiempos, conscientes de que nuestras acciones, no siempre acertadas, fueron siempre bienintencionadas.

Descubrí que: "En las derechas e izquierdas juveniles arde oculto, el afán por encontrar en los espacios eternos los trozos ausentes de sus almas partidas, por hallar la visión armoniosa y entera de una Patria que no se ve del todo si se mira con un ojo, que sólo se puede entender mirándola cara a cara, con el alma y los ojos bien abiertos...".

Tratamos de ser fieles al consejo de la madre Teresa de Calcuta a los Formadores: “Enseñarás a volar, pero ellos no volaran tu vuelo; enseñarás a soñar, pero ellos no soñarán tu sueño; enseñarás a vivir, pero ellos no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño, en cada vida, perdurará para siempre la huella del ideal enseñado”.

He descubierto también que el mal, como los ojos, no se ve a sí mismo. Sigo convencido de que no tenemos derecho a encadenarnos al pasado y que el futuro de México no puede estar en repetir una y otra vez los mismos errores cometidos.

Nuestra disyuntiva está en rechazar el ser los últimos de ayer y aceptar ser los primeros de mañana. Lo demás es historia. La verdadera tradición no consiste en venerar las cenizas sino en saber transmitir el fuego del ideal.