Actualmente en todos los discursos políticos, comunicativos, sociales o jurídico, la palabra “ciudadano” aparece como referencia obligatoria, parece que todo tiene que ver con él. Los gobiernos justifican y legitiman su actuación y su vigencia mediante los ciudadanos pues toda obra, todo acto, se plantea a partir de ellos. Sin embargo, aunque los ciudadanos pueden actuar o participar en cualquiera de las modalidades, conformando una red cívica, un frente, un partido político, una entidad electoral, una organización gubernamental, etc., nadie explica bien a bien qué es un ciudadano.
Nociones constitucionales y referencias jurídicas precisan los requisitos formales que el ciudadano debe cumplir para constituirse como tal, pero en ningún lado se afirma si la ciudadanía es posible de construir y, si esto es factible, si puede diseñarse una estructura para hacerlo.
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En tiempos remotos, el ciudadano existía plenamente en los documentos y en el discurso político, pero su existencia en la realidad era escasa. Muchos analistas nacionales piensan que el ciudadano sólo surge de forma casi dramática y espontánea cuando acontece una calamidad o protesta, por ejemplo, porque la seguridad se sale del control gubernamental, aunque tampoco se explican la naturaleza y las causas de esas acciones ciudadanas.
Hoy estamos conscientes de que la real democratización del país exige el fortalecimiento y la construcción de una ciudadanía sólida, pero, volvemos a la pregunta, ¿cómo se construye un ciudadano? ¿Basta con cumplir algunos requisitos legales para serlo? ¿Se es ciudadano como puro asunto formal o serlo implica algo más?
Los rasgos que establecen cómo la sociedad se vincula con lo orgánico, cómo lo grupal nos integra y comprende junto con gran número de individuos iguales y diferentes a la vez. Debemos aprender que, por principio y calidad es importante, tanto lo individual como el conjunto, lo que se puede comprender en un proceso electoral o en una manifestación, pero también en una masacre, pues tenemos que admitir que sin su carácter individual lo social no podría serlo.
Esto es fundamental, como ciudadanos debemos cultivar la capacidad de construir y ser construidos por aquello que se llama sociedad, nación o Estado.
Pensemos entonces que lo social es motivo y fundamento de la convivencia cotidiana en que todos nos encontramos y que estamos obligados a acatar y obedecer una serie de normas y políticas. Sin embargo, a la ciudadanía aún no se le reconoce el derecho de participación de manera directa y sin mediar partidos políticos; dar pasos que superen la postura tradicional frente a la ley, pues aunque ella siempre ha estado presente, en el fondo por desconocimiento o ignorancia olvida decirnos qué debemos hacer para ser ciudadanos, para hacernos sujetos integrados a ella.
Creo fehacientemente que hace falta fortalecer la Cultura de la Legalidad, que nos enseñe a ser verdaderos CIUDADANOS; que nos enseñe a vivir tanto en lo cotidiano como en la excepción, dentro de esa forma de vida, porque de poco o nada nos servirá invocarla si no la concebimos así. Toda sociedad, grande o pequeña, nacional o internacional, no es nada sin obligaciones ni responsabilidades éticas y morales mutuas, entre los grupos e individuos que la componen. El respeto entre nosotros y los otros es, simplemente, fundamental, fundante y necesario.