A partir de la convención de los empresarios con Peña Nieto en Acapulco, las mexicanas y los mexicanos hemos comenzado a vivir una marejada de adjetivos puestos en varios medios intentando hacer de esto un tsunami acapulqueño que bañe a todo el país. Frente el mar picado elevaron su fantástica declaración en contra del populismo propagándolo por doquier para tratar de hacer ver esto como una verdadera postura nacional. Esta lucha facinerosa y literaria entre adjetivos calificativos que todos sabemos por supuesto para dónde va dirigida, (no nos hace falta cursar con el nuevo modelo educativo para comprender, los que hemos aprendido también a memorizar puesto que nuestra memoria –que no la USB- está llena de trágicos ejemplos), es la evidencia de que el gran pastel, el sorprendente enorme mega pastel, se ha venido repartiendo entre muchas más personas a las que por el momento se les exige atacar y luchar aguerridamente en contra del populismo maldito que amenaza a México – o por lo menos al México de ellos, no el de todos los demás-. Amenazadas por la tecnología celular que permite a todo el mundo decir lo que piensa y reclamar lo que le incomoda en el mismo momento que sucede, las actuales “corruptocracias” tratan de sobrevivir creando rumores. El presidente del PAN aparece diciendo que la situación de nuestro país no puede ser peor, que estamos llenos de corrupción y de populismo, mientras él se tiene que ir cada semana a Estados Unidos a visitar a su familia y sus hijos que estudian allá, para que vean que él se preocupa por su familia, ¿qué hogareño verdad? También tiene que cuidar y administrar las plazas comerciales que ha comprado para poder tener a su linda familia estudiando en el extranjero. El presidente del PRI ni se diga, sigue luchando a brazo partido contra el populismo mientras ahorra el millón y medio que se auto otorgó por haber trabajado unos meses en PEMEX, “era por ley lo que le correspondía” aclaró sin empacho alguno intentando poner una cara de honestidad que ni su propia madre le habría creído. El PRD, convertido en un partido corporativista y clientelar sin propuestas de país, sin posturas, sin nada, atestado de corrupción al que por si fuera poco su dirigente le encontraron una pequeña casa en Miami que nadie sabe y nadie supo cómo es que con el sueldo que tiene le alcanzara para semejante inversión. Su grotesca alternancia política supuestamente democrática ha sido el principio de Sodoma y Gomorra en nuestro país. Todos ellos junto con los empresarios, los gobernantes y los gobernadores actuales con sus casas blancas y sus aviones privados y sus campos de golf destrozando la naturaleza nacional, son los que tienen que pararse frente al micrófono para atacar a este fantasma que recorre México que es el populismo. Jamás nos habíamos enterado de tanto derroche y despilfarro, jamás pensamos que fueran tantos los que pudieran robar tanto y volverse millonarios de tal manera, todos ellos, ahora, enclavados en su lucha fratricida contra el infame populismo.
Quizá a lo que verdaderamente le tienen un tremendo miedo no es a lo populista, sino a lo popular, a lo verdaderamente popular, eso también es una cuestión de cifras y de estadísticas, de cantidades y no de dinero y de riquezas, sino de seres humanos. Tanto el adjetivo popular como el adjetivo populista vienen del sustantivo pueblo y ya es hora de que los sustantivos se vayan haciendo cargo de los adjetivos. Nadie aquí mete la mano al fuego por nadie, ese es el clima que vivimos, pareciera saberse que si sacas la cabeza te la cortan en cualquier momento, el asunto es que si de algo hemos estado hartos los mexicanos y las mexicanas es del más marrano de los populismos, ese que se usa para comprar votos y acallar conciencias, ese que se usa para robar a cualquier precio la voluntad de elección del pueblo, el populismo de crear y crear programas sociales para la miseria a cambio de votos, de repartir despensas, billetes de a 500 pesos para ordenar saqueos a tiendas y crear la violencia y la muerte. Y dicen: los populistas regalan dinero, nosotros creamos empleos para los mexicanos, lo que no dicen es que son empleos de dos salarios mínimos que solo alcanzan para seguir pidiendo regalos a otros populistas. En fin, me quedo con la reflexión de los populistas en contra de los populares, no pongo mi mano al fuego por nadie como ellos tampoco lo hacen, nadie lo hace, la simulación literario ideológica así lo marca, como dicen las mamás, no hables de política ni de religión, sabes que siempre terminarás metiéndote en problemas. Esta semana yo quería hablar de un tema que llamaría “La contención”, quizá me anime para la próxima, pero tanta alharaca chachalaquera con lo del populismo terminó por provocarme. Que todos y todas, el pueblo, tengan una linda semana.