Las cárceles mexicanas están colapsadas porque la corrupción ha permeado en las entrañas de la autoridad. Los verdaderos delincuentes han hecho del encierro su hogar y operan libremente bajo el amparo de los gobiernos estatales, principalmente.
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La peor pesadilla para un narcotraficante mexicano es su extradición a Estados Unidos donde es más complicado que los sobornos circulen impunemente. Don Joaquín era llamado en el penal del Altiplano antes de su espectacular huida, hoy de "El Chapo" recluido en una cárcel de Nueva York (más dura que Guantánamo) solo queda la leyenda.
Y el gobierno de Estados Unidos ha de reir a carcajadas del pobre nivel de seguridad de nuestras prisiones. Basta una mirada a la celda que disfrutaba el recién prófugo Juan José Esparragoza Monzón, hijo de Juan José Esparragoza Moreno "El Azul", uno de los líderes del Cártel de Sinaloa.
Es obvio que las pantallas de plasma, la televisión de paga, los equipos de sonido, las salas, las sexoservidoras y hasta el aire acondicionado no llegaron 24 horas antes de la fuga de "El Negro" del penal de Culiacán sino que esos beneficios fueron autorizados por altos mandos, violando cualquier norma de prohibición y obteniendo mucho dinero por esa complicidad descarada.
Nadie puede asumir con asombro lo sucedido en el penal de Ciudad Victoria, Tamaulipas; motín, fuga masiva, violencia y muertos. Mañana será otra vez Apodaca o Topo Chico en Nuevo León u otra más en el país. En Puebla, las cárceles son una papa caliente que el gobierno intenta desactivar mediante operativos de revisión y traslados de reos bajo cierta periodicidad pero sin garantías absolutas de mantener el control interno.
Cada año los reportes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos advierten que la sobrepoblación es uno de los mayores problemas en las cárceles del país, que desencadena brotes de violencia, carencias de salud y alimentos, debilitamiento de la seguridad y el surgimiento de "autogobierno".
El problema no es solo que los delitos vayan a la alza sino la falta de infraestructura para encerrar a todo tipo de maleantes. Los gobernantes destinan más tiempo en lamentaciones cada vez que hay un saldo rojo en los centros penitenciarios que en la elaboración de un plan a corto plazo (al menos en su sexenio) para ir arreglando un rezago brutal.
Los reos peligrosos se vuelven más violentos y los que no eran delincuentes aprenden a sobrevivir bajo un ambiente de amenaza, hostigamiento, violencia física, sexual y psicológica. Nadie que haya permanecido en la cárcel más de 12 meses vuelve a ser el mismo.
La vida es más cara adentro que afuera. Tan solo en el Cereso de San Miguel, los privilegios de dormir acostado en una celda de 4 por 4 metros, baño, agua caliente, uso de palapa y privacidad para las visitas íntimas tienen un precio que fijan custodios y presos de mayor tiempo o rango.
Por ejemplo, la tarifa mínima de ingreso al penal son 20 pesos y el uso de "Las cabañitas" donde lo mismo entran esposas que sexoservidoras tienen un costo de 70 a 100 pesos. Los custodios deciden quién entra y cómo entran. La queja recurrente es el manoseo a la comida que llevan las familias a sus internos por aquello de que la droga pueda circular a mayores cantidades.
Los presos más influyentes pagan por una celda VIP, cama propia, televisión y radio. El pase de lista cuesta tres pesos y los reclusos pagan 150 pesos mensuales por ocupar los talleres de carpintería -de acuerdo a una visita periodística de mi compañero Jesús Lemus a este centro penitenciario hace algunos meses- Conclusión, la cárcel es un sitio peligroso y caro que ha perdido todo sentido de readaptación social.
El colmo de toda esta podredumbre nacional es que la manutención de un reo federal cuesta hasta 140 pesos diarios mientras que un alumno de la UNAM representa 115 pesos para el presupuesto público (de acuerdo al estudio La Transformación del Sistema Penitenciario Federal del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente).
Hasta en eso México funciona en sentido inverso. La educación castigada y la delincuencia premiada... Francamente ilógico e insultante.
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