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OPINIÓN

Santa Anna nunca vendió la mitad del territorio mexicano

Santa Anna no firmó el tratado Guadalupe-Hidalgo. Juárez fue quien lo entregó a los EUA.

Raúl Bringas Nostti

Es licenciado en antropología por la Universidad de las Américas Puebla. Es también maestro en Estudios sobre Estados Unidos de Norteamérica por la misma universidad. Y es doctor en Historia por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

Miércoles, Marzo 15, 2017

En días recientes ha renacido el interés de los mexicanos por la pérdida de la mitad del territorio nacional, en 1848, a manos de Estados Unidos. La razón de este renacimiento es la propuesta del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de que México obtenga algo en compensación por la injusticia que se cometió en su contra hace más de siglo y medio. No es mi propósito comentar en estas líneas si la idea de Cárdenas es adecuada o disparatada. Ya se generó un buen debate al respecto. Lo que capta mi interés es que en los medios ha resucitado una de las mayores estupideces que se han apoderado de la mente de los mexicanos: la idea falsa de que el dictador Antonio López de Santa Anna vendió la mitad del territorio del país.

Nunca Santa Anna vendió la mitad del territorio mexicano. Es una calumnia de sus detractores que puede desmentirse fácilmente si se revisa la historia. No hay la menor controversia al respecto y los datos son muy claros. Basta tomar cualquier libro o incluso remitirse a algo tan popular como Wikipedia para constatarlo.

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Cuando Estados Unidos invadió México en 1846 Santa Anna se encontraba en el exilio. A la mitad de la guerra retornó al país y organizó la defensa, que hasta ese momento había sido caótica y débil. Santa Anna fue un rival formidable para los estadounidenses. En la batalla de La Angostura dirigió con habilidad al ejército mexicano y estuvo a punto de escribir una página gloriosa. Por falta de provisiones se vio forzado a retirarse. Con sus múltiples carencias como estratega, Santa Anna continuó con sus intentos de detener el avance estadounidense.

Finalmente, Estados Unidos propinó una derrota rotunda al ejército mexicano y conquistó la capital. Santa Anna huyó. En su intento por escapar hacia Oaxaca fue capturado por el ejército invasor. Se le depuso como presidente y partió al exilio. No fue Santa Anna quien firmó en 1848 el terrible Tratado de Guadalupe-Hidalgo, mediante el que México perdió su territorio. Para entonces ya no desempeñaba papel alguno en la política nacional. Correspondió al gobierno provisional mexicano, establecido en Querétaro, firmar el tratado y realizar la transferencia del territorio. Para entonces, Santa Anna ni siquiera estaba en el país.

¿Por qué, entonces, se responsabilizó a Santa Anna de lo ocurrido? Santa Anna fue un individuo despreciable: corrupto, autoritario, carente de principios. Era el chivo expiatorio idóneo para los males nacionales. Además, tiempo después, otra vez como presidente, vendió a Estados Unidos un pequeño pedazo de territorio llamado La Mesilla. Con el correr de los años, esta venta se confundió con la gran venta de 1848, que no fue obra de Santa Anna.

¿Por qué se permitió que permaneciera la confusión? Como usted bien sabe, la historia la escriben los vencedores. Santa Anna era enemigo jurado de los liberales que terminaron por derrocarlo. Con la llegada de los liberales al poder, todos los males del país se achacaron a Santa Anna. Su mayor enemigo fue Benito Juárez, el líder liberal. Por supuesto que Juárez no hizo nada por aclarar las cosas. Por cierto, estimado lector, sabe usted quién entregó a Santa Anna a los estadounidenses en 1847. Nada menos que Juárez, quien no le permitió el ingreso a Oaxaca. Así que, si de traidores se trata, ambos caben en el mismo costal.

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