"Si tiene que pasar, pasará pero con la ayuda de Dios no sucederá", dijo Gabriel a su esposa preocupada por las deportaciones masivas que han comenzado en Estados Unidos.
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Desde Seattle habla con sus padres poblanos todos los días, quienes también están nerviosos porque Gabriel cumplirá 20 años de vivir sin papeles y el gobierno de Donald Trump trata por igual a indocumentados que criminales.
Su primer intento por ingresar a Estados Unidos fue en 1994, luego al año siguiente pero concretó su sueño en 1998. En esta ocasión no iba solo; junto a su esposa decidió asentar su propia familia en otra tierra. Hoy, su hijo de 17 años y su hija de 7 años tienen doble nacionalidad (mexicana y estadounidense).
Gabriel me comparte que trabaja como yesero y gana bien, 40 dólares la hora de lunes a viernes en un horario de 5 de la mañana a una de la tarde. Le pagan 60 dólares por hora extra en sábado y 80 dólares en domingo cuando el Sindicato de Pintores de la Unión acepta que sus afiliados laboren fines de semana.
En su expediente solo tiene un par de infracciones de tránsito; cada mañana que maneja de su casa hacia el trabajo encuentra a policías de Seattle patrullando caminos locales. Nadie lo molesta, es una de las ciudades donde aprecian la mano de obra hispana.
En sus círculos laboral y social interactúa con mucha gente originaria de Guadalajara y Michoacán; y afirma que nunca falta el mexicano que adquiere notoriedad por infringir las leyes de convivencia. Él ha procurado respetar a sus vecinos, su centro de trabajo y a la ciudad. No busca pleitos ni motivos para la deportación. Paga sus impuestos y trabaja duro por su familia.
Una de las razones que motivaron a Gabriel a dejar suelo mexicano fueron los bajos sueldos a consecuencia de la desigualdad social: "Allá el rico es rico y el pobre es pobre y la situación no va cambiar porque hay amplias diferencias salariales".
Y continúa: "La escucho en el noticiero hablar sobre los aumentos en gasolina y los precios de los alimentos y pienso que aquí estoy mucho mejor, aquí con 100 dólares como bien toda la semana y con 30 dólares lleno mi tanque de gasolina; estoy mejor aquí que allá".
La política migratoria de Trump tiene inquieto a su hermano, quien teme que un agente federal puedan encontrarlo en cualquier momento y regresarlo a México. Gabriel le explica que no pueden entrar a su casa y tiene derechos que debe y puede ejercer ante una eventual detención.
Para su esposa es imposible no pensar en un escenario de deportación pero él está convencido de que tienen suerte de seguir hasta hoy sin cambios en sus hábitos de vida. Le pide a su familia tener calma e informarse bien sobre las recomendaciones oficiales para no caer en la trampa de la migra.
Le pregunto a Gabriel qué haría si fuera una víctima de Trump y contesta firme que intentaría regresar a Estados Unidos por cuarta vez; desea ver crecer a sus hijos desarrollándose en un país que siente como suyo.
Mi cuenta en twitter @estradapaty