Sin duda, la ciudad de Puebla se ha seguido transformado a lo largo de los años, se han abierto espacios de comunicación, cultura y entretenimiento, se han creado parcialmente otras formas de transporte, se han modernizado algunas de sus vialidades y se han construido mega obras importantes, sin embargo, poco se ha hecho para que los ciudadanos participen en la vida pública como personas con derechos, pero también con obligaciones.
Es cierto, existen opciones para mejorar el ingreso, la salud, la diversión el sano esparcimiento; la educación obligatoria ha aumentado su cobertura, que no su calidad. Las políticas públicas en materia educativa en nuestro país, que son las que se implementan en las diversas modalidades y niveles educativos en la ciudad, no han permeado en la mejora de la calidad de vida de muchos de los habitantes de esta gran ciudad. Lo resultados de un solo instrumento de evaluación como lo es PLANEA, es una manera parcial de visualizar la calidad de aprendizajes de los alumnos en las escuelas poblanas.
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No hemos mejorado como ciudadanos y las desigualdades sociales se reflejan en las colonias en donde viven los diferentes estratos sociales y económicos, lo grave es que existen individuos y familias con riqueza mal habida, apatía agravada con la pobreza y marginación de los humildes y cada vez crecen más los grupos delincuenciales. Existe una gran desconfianza, resultado de la simulación en los diversos programas que se implementan, muchas veces, con tinte electoral.
Todo lo anterior, me permite proponer dos temas, a los que sugiero ponerles atención para mejorar la situación de nuestra ciudad, especialmente en lo educativo: la formación ciudadana y el actual currículo educativo
La formación ciudadana
En realidad, existe un distanciamiento entre los propósitos teóricos y prácticos de una ciudadanía. Tenemos una realidad social altamente polarizada, una población asentada en colonias antiguas y modernas con un nivel socioeconómico medio y alto, y una periferia en la que están establecidos los grupos sociales con graves carencias en donde siguen, a pesar de los discursos gubernamentales, en condiciones de pobreza y desigualdad. ¿Cómo promover su participación?
A pesar de que la actual administración educativa menciona grandes avances en este rubro, lo cierto es que se siguen privilegiando los intereses políticos por encima de los criterios educativos, especialmente los relacionados con la equidad educativa. “Dar más a los que menos tienen” sigue siendo el discurso presente, pero no en los hechos.
Por otro lado, es importante aceptar que a medida que la mancha urbana de la ciudad de Puebla va creciendo, se va deteriorando la participación ciudadana en los términos necesarios con su impacto social.
¿Cuáles podrían ser las estrategias que permitan cumplir ese ideal de la participación?
¿Por qué es tan difícil en lo cotidiano, que los ciudadanos y ciudadanas sean reconocidos y se reconozcan como sujetos, que generen en la población una nueva forma de pensar, actuar y sentir?
A nivel del globo, hasta el momento, aunque hay experiencias de patrones de comportamiento que vinculen a las ciudadanas y ciudadanos en la construcción de los asuntos públicos, el seguimiento arroja avances lentos, pero significativos especialmente en ciudades europeas. Barcelona es un ejemplo.
Lo cierto es que la realidad social generada desde esta perspectiva requiere de una nueva concepción de actor social, que implica transformar el pensamiento y la acción en todos los grupos y representantes sociales. Esta trasformación requiere desde mi punto de vista, de procesos educativos que preparen y formen a los sujetos, tanto en lo individual como en lo colectivo.
Esta formación de ciudadanas y ciudadanos, debe considerarse como un proceso permanente que tendrá que iniciar desde los primeros años de vida, bajo una responsabilidad compartida por las distintas instancias de socialización (familia, escuela, comunidad, medios de comunicación) dado que el ejercicio de la ciudadanía exige desarrollar comportamientos, actitudes, habilidades y destrezas que hagan posible el respeto por el otro; el llegar a acuerdos consensuados, en donde los propósitos de pensar y actuar colectivamente se concreten en acciones básicas de la vida cotidiana (Alvarado y Carreño, 2007).
Volviendo a lo local, para lograrlo, se requiere que los gobiernos reconozcan a las personas como sujetos de derechos, interlocutores válidos e importantes para la construcción de un proyecto conjunto ciudadano que represente la pluralidad y divergencia de la población desde el reconocimiento de la diferencia.
Así entonces, la reflexividad es la estrategia de formación que implica un proceso educativo que privilegia la autonomía de los sujetos a través de su participación y aportes al entorno social al que pertenecen.
El currículo educativo
Parto de la interrogante: ¿De qué sirve un currículo educativo sobrecargado de temas disciplinarios, cuando nos agobia la falta de formación ciudadana?
Muchos profesores y autoridades educativas argumentarán que forma parte de los temas transversales en todos los niveles y modalidades, pero entonces también ellos tendrán que aceptar que los temas transversales muchas veces, ni siquiera son mencionados en las aulas y en las escuelas, mucho menos enfocados en el desarrollo de estrategias vivenciales a partir de la reflexividad.
Para ello, hay que diferenciar los aprendizajes que son responsabilidad específica de la escuela, de aquellos que son compartida entre otros agentes educativos y otros escenarios sociales como son la calle, el barrio, las colonias, las comunidades, las ciudades, los municipios etc.
Son diferentes actualmente las necesidades de conocimiento que son relevantes e importantes, hay que identificar los simbólicos, los saberes y las prácticas sociales para valorar como se puede contribuir a desarrollarlas desde las disciplinas académicas, considerando la participación de diferentes sectores sociales (Coll, 2007)
Si queremos avanzar en el desarrollo de una ciudadana responsable, participativa y que asuma en su actuar sus derechos y obligaciones es tiempo de convocar la participación de la sociedad civil poblana, a los profesores, especialistas e investigadores educativos para revisar propuestas y criterios tanto de estrategias para la formación ciudadana como para la actualización y revisión del currículo educativo básico obligatorio, iniciando en la ciudad como grupo piloto, focalizando la formación de niños, jóvenes e inclusive adultos, en contextos y momentos educativos muy distintos, tanto en lo escolar como en lo cotidiano,
Empezar paso a paso trazándose metas alcanzables, objetivos bien definidos, diseñados por ciudadanos comprometidos con su ciudad y su gente e iniciar con pequeñas cosas como aprender a no tirar basura en las calles, a obedecer las leyes y reglas de tránsito, a ser responsables en su actuar en la vía pública, a respetar el derecho del prójimo, solidarizarse con los desprotegidos, marginados o violentados, exigir mejores servicios, obligar a los gobernantes a ser transparentes, a no enriquecerse con el puesto ni aprovecharse de él, a ser congruentes en sus hechos y sus discursos planteando un proyecto integral de educación por y para la ciudadanía, con una nueva forma de pensar, actuar y sentir.
Referencias:
Coll, C, y otros (2007): Currículum i ciutadania. El què i el per a què de l’educació escolar. Barcelona. Mediterrània
Alvarado, S; Carreño, B. (2007) “La formación ciudadana: una estrategia para la construcción de justicia” Rev. Latinoamericana. Ciencia, Sociedad. Niñez, Juventud 5(1).