El martes pasado, el Senado de Estados Unidos confirmó el nombramiento de Betsy DeVos para dirigir la educación. La candidata propuesta por Trump, millonaria y filántropa, no tiene ninguna experiencia académica y de acuerdo con los demócratas y los sindicatos educativos, es “la menos calificada de un gobierno: “históricamente poco calificado" (Schumer, 2016).
En un hecho sin precedentes, su Cámara Alta del Congreso estuvo totalmente polarizada ante esta nominación, en donde la votación quedó empatada con 50 votos a favor y 50 en contra y en donde el desempate fue posible gracias a la intervención del vicepresidente Mike Pence, lo que permitió que se quedara en el cargo.
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Como es su costumbre, el presidente Trump escribió en su twiter que: “Betsy DeVos es una reformista y será una gran secretaria de Educación para nuestros hijos", a pesar de que los senadores demócratas denunciaron su "incompetencia" nombrándola como "enemiga de la educación pública" y “sin
experiencia".
Lo anterior, marca nuevamente la intolerancia y la prepotencia del gobierno encabezado por Trump pero, ¿acaso esto no sucede de manera frecuente en nuestro país?
Por años, los académicos hemos cuestionado el por qué los nombramientos, especialmente en educación no son concursados; gobiernos van y gobiernos vienen y siempre las designaciones de los puestos en la Secretaria de Educación Pública, tanto federal como estatales han sido por asignación, tomando en cuenta los intereses políticos, de amistad, del círculo cercano al Presidente o a los Gobernadores de los Estados, pago de favores y hasta a veces, en alianza o complacencia con los sindicatos magisteriales.
No hace mucho leí en e-consulta que los próximos altos puestos en la Secretaría Estatal se realizarían tomando en cuenta a un grupo de “operadores políticos” para las próximas elecciones. Al tiempo, tiempo.
El proceso para la elección de los integrantes del Instituto Nacional de Evaluación Educativa INEE ha sido un ejemplo para constituir un equipo de trabajo de alto nivel con experiencia y perfil académico. Para muchos el desempeño que han tenido no ha sido el óptimo, pero nadie puede cuestionar el procedimiento que se llevó a cabo para elegirlos.
Así entonces, hace falta mucho por hacer dentro de los procesos en nuestro sistema educativo, de acuerdo como se van atendiendo intereses y justificando presupuestos no siempre acordes con nuestra realidad educativa, es como se toman decisiones en la educación pública en este país; nos alarmamos ante las decisiones unilaterales que ahora el presidente Trump realiza, pero ¿cuántas decisiones en México han sido así?
La diferencia es que aquí todo está a modo y pocos se atreven a levantar la voz ante tanta injusticia, prepotencia y malas decisiones, es mejor ser complacientes con los círculos de poder, que intentar cambiar las maneras de hacer en esta sociedad mexicana.
Tareas pendientes hay muchas, pero una de ellas, impostergable, es la de quitar el poder absoluto a nuestros políticos y funcionarios en turno, democratizando en serio la toma de decisiones, especialmente en lo que se refiere a la educación pública.