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OPINIÓN

Trump, México y el patrioterismo peñanietista

El gobierno de EPN busca aprovechar la ocasión. Detener desaprobación y levantar nivel de aceptación

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Miércoles, Febrero 8, 2017

Con la toma de posesión del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y el comienzo de sus primeras medidas políticas, económicas y migratorias, se ha evidenciado en México un discurso igualmente nacionalista, que podría tener dos efectos. Por una parte, elevar los niveles de popularidad de Enrique Peña Nieto, quien se encontraba, a finales de 2016, con un nivel de aprobación de 19%, a través de discursos que exaltan la defensa del territorio y la soberanía nacional. Por otro lado, se hace incuestionable la falta de un posicionamiento político del gobierno federal mexicano ante la discriminación y vulneración de los derechos de los migrantes y de la amenaza constante de acciones políticas y militares del gobierno de los Estados Unidos contra México.

La falta de consistencia en una respuesta firme y radical del gobierno de Enrique Peña Nieto a su homólogo norteamericano, ha puesto, nuevamente, en tela de juicio el liderazgo y la capacidad de gobierno del mandatario mexicano, quien, en lo oscurito, es amenazado por Donald Trump con medidas militares sobre territorio mexicano o con medidas de “cooperación” en materia antinarcóticos que implican, de manera flagrante, la operación de cuerpos militares en el país. Si bien, es sabido de la maniobra de agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en el país, ahora el gobierno estadounidense, pretende hacerlo de manera pública, mientras que el posicionamiento del gobierno mexicano sólo ha sido de un comunicado por parte del Senado.

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¿Dónde están las medidas de buena vecindad que debe hacer valer Peña Nieto? ¿por qué no recurrir a la Corte internacional ante la amenaza del fascista Donald Trump? ¿por qué no llamar a la unidad nacional y latinoamericana para hacer un frente común ante las claras medidas intervencionistas del gobierno estadounidense a la región? ¿cuál es el miedo de Peña Nieto a Donald Trump?

La respuesta del gobierno federal ha sido bastante laxa y populista. Lejos de hacer frente a la situación de violación a la soberanía nacional y de los derechos humanos de los migrantes, Peña Nieto emplea medidas populistas como recibir a 135 connacionales repatriados ofreciéndoles un apoyo que, cuando ellos residían en México, nunca tuvieron. El gobierno federal ofrece un discurso de solidaridad a los compatriotas que habitan en los Estados Unidos, olvidándose del alto nivel de desempleo, condiciones de pobreza extrema creciente y falta de oportunidades para ellos y sus familias, como las que se padecen por toda la población del país.

Doble discurso del gobierno federal mexicano. Por un lado ofrece apoyo para los connacionales en Estados Unidos, mientras que no actúa de manera legal y con firmeza política contra quien con una actitud fascista evidencia la falta de valor y de principios democráticos y éticos de los gobernantes mexicanos ante el acoso de la nación y de los mexicanos y latinoamericanos que residen de manera legal e ilegal en Estados Unidos. Asimismo, el “patriótico” gobierno mexicano recibe a 135 hermanos mexicanos deportados, mientras que con su política económica neoliberal, lacerante y salvaje, expulsa miles de mexicanos, de todas las edades, a los Estados Unidos. Oscuridad de la calle y oscuridad de su casa.

El pueblo de México no debe permitir la amenaza de los Estados Unidos, aunque sus gobernantes muestren una actitud servil ante ellos. Por esa razón, la mejor manera de proteger a los mexicanos, es no enviándolos ante las precarias condiciones de vida en las que viven en su país de origen. Al ser incapaces de distribuir el ingreso de manera más justa entre la población, lo mínimo que puede hacer el gobierno mexicano es velar de manera real y formal por los derechos de los compatriotas en Estados unidos y no usarlos para elevar la popularidad de un presidente que, lejos de ser un líder, muestra la ilegitimidad y la incapacidad de representar la soberanía popular.

Picaporte

Las calles de la Delegación Iztapalapa en la Ciudad de México las han privatizado los propios pobladores. A unas calles de la sede delegacional, en la calle Mariano Escobedo, del Barrio de la Asunción, una casa pintada de color amarillo, coloca piedras y botes rellenos de cemento en la acera de enfrente, para que ningún auto se estacione y les impida salir cómodamente su hogar. Las personas de ese lugar amenazan con rallar, ponchar las llantas o romper los cristales a los vehículos que se estacionen frente a su hogar. Sin embargo, hasta el momento no se tiene conocimiento de alguna posibilidad legal de apropiarse del espacio público. Esperemos que la delegada, Dione Anguiano haga valer la ley en una demarcación que presenta altos niveles de inseguridad y violaciones a la ley.

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