La tragedia en el colegio americano del noreste en Monterrey es una llamada de atención respecto a la manera en que los niños viven su entorno familiar, escolar y social. ¿Un padre aficionado a la cacería pudo o no haber influido en el comportamiento violento de su hijo? Tendrá que vivir con la duda y el remordimiento.
No hay precedente en México sobre una agresión similar. El video es escalofriante y en mi opinión tampoco existe argumento periodístico para haberlo compartido en redes sociales. Escuché a varios comunicadores intentando justificar su acción; el hecho por sí mismo es terrible pero las imágenes sobrepasan el razonamiento.
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Es imposible no especular sobre las motivaciones del adolescente para disparar en contra de sus compañeros, su maestra y luego suicidarse. En un análisis de las probables causas, la Dra. Maricarmen Lara, especialista en psicología infantil comentó en el noticiero que es importante revisar los patrones familiares para determinar las conductas que los adolescentes repiten con los demás.
Cada familia tiene sus métodos de educación pero es necesario que los niños crezcan conociendo límites. Uno de los problemas que advierte la Dr. Lara es la relajación de la disciplina. Los niños van encontrando la manera de evadir las normas bajo el consentimiento de sus padres.
La disciplina no es sinónimo de maltrato; ningún niño puede crecer sano con castigos que rayan en la tortura causándoles graves daños emocionales y psicológicos, sin embargo las reglas son esenciales en la formación inicial. Un niño que aprende a respetar a su prójimo tendrá mejores posibilidades de aceptación social.
Y creo que la doctora Lara no se equivoca; en vacaciones es muy común encontrar padres tolerantes a todo: Al desperdicio de comida, a los arrebatos en público, gritos en el hotel, en fin... Las reglas deben acompañar a los niños hasta en los momentos de esparcimiento. Y si bien la adolescencia es una etapa difícil, los cambios de conducta y hábitos pueden significar un "grito de ayuda" que los padres deben saber interpretar oportunamente.
Por otro lado, las redes sociales van acompañando el crecimiento de los menores y sin vigilancia se vuelven peligrosas. La doctora Lara sugiere regresar a los tiempos en que la comida o la cena se vuelve punto de encuentro y comunicación en las familias; dejar a un lado los dispositivos electrónicos y concentrarse en la platica cotidiana, sin regaños, sin juzgar, sin discutir.
Las horas que los niños pasan viendo televisión es otro punto que amerita atención. Quizá porque los padres trabajan la mayor parte del tiempo, los pequeños que son criados por sus abuelos ó terceras personas creerán que un programa de entretenimiento es más inofensivo que una red social, sin embargo esta semana una radioescucha me compartió un caso lamentable. Su hija comenzó a cortarse la piel de manera superficial tal como lo vio en un capítulo de la "Rosa de Guadalupe".
Los contenidos televisivos y los videojuegos pueden manipular una mente fresca, los niños reciben exceso de información y no siempre tienen al lado a un adulto que pueda ayudarles a diferenciar entre realidad y ficción. La organización civil "A favor de lo Mejor" también considera que los menores de edad están siendo blanco fácil de los programas que muestran a los narcotraficantes como personas exitosas y poderosas. No es cosa menor que los niños quieran emular ese estilo de vida, creerán que vale la pena morir como criminales.
Lo sucedido en Nuevo León tiene que abrirnos a la reflexión. No habrá operativo mochila que funcione si los padres de familia no se involucran en la formación de sus hijos. La casa es el primer filtro, ningún menor que se sienta amado y comprendido tendrá la necesidad de ocultar una navaja o un arma de fuego entre sus libretas. Ojalá nunca más otra desgracia escolar.
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