Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El trigo, la paja (y la gasolina)

La ola de saqueos y pánico ciudadano volvió a poner en discusión pública el tema de redes sociales

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Enero 16, 2017

“Podríamos decir que en esa masa cada pizca de información fluye con el mismo peso específico. Y la gente, a la que se le niega el derecho a opinar por sí misma por falta de pericia pero que es constantemente abofeteada por las corrientes cruzadas de las contradictorias declaraciones de los expertos, no tiene manera de separar la paja del trigo“.

Zygmunt Bauman (1925-2017).

Más artículos del autor

Los retos de la Educación en la modernidad líquida, p. 45.

(http://www.pedagogica.edu.co/admin/docs/1314331732losretosdelaeducacionenlamodernidadliquida.pdf)

La ola de saqueos y de pánico ciudadano generalizado que se desató –de manera evidentemente orquestada desde los grupos de interés político- en torno a los días de la celebración de la fiesta de Reyes en muchas ciudades de nuestro país, volvió a poner en la mesa de la discusión pública el tema del poder de las redes sociales como fuentes de diseminación de información y la necesidad de educarnos para una adecuada y positiva recepción y difusión de los mensajes que circulan en ellas.

Porque como se pudo comprobar una vez pasados los momentos de mayor intensidad de esta difusión viral de mensajes dirigidos a causar miedo en la población, si bien hubo unos cuantos grupos pequeños que provocaron deliberadamente un cierto número de saqueos a los que se sumaron un buen número de ciudadanos comunes, la mayoría de los mensajes que desataron el cierre de comercios, el encierro de muchas familias en sus hogares y la organización de grupos de vecinos en algunas colonias y fraccionamientos en los que se decía “iban a llegar los vándalos” fueron falsas alarmas que provocaron una onda expansiva de temor.

¿Por qué se retuitearon, compartieron o reenviaron estos falsos mensajes a través de las distintas redes sociales? ¿Qué lleva a la gente a reaccionar automáticamente a la información que recibe y dar por bueno todo lo que aparece en estos nuevos medios aunque provenga de fuentes evidentemente sospechosas o amarillistas y no tenga ningún sustento en la realidad?

Como afirma el sociólogo Zygmunt Bauman recientemente fallecido, en la modernidad líquida en que vivimos, la avalancha de información fluye sin distinción y cada dato, noticia, imagen o texto aparecen con el mismo peso específico de manera que la gente queda imposibilitada de separar la paja del trigo y en las redes sociales y en la internet en general parece haber cada vez más paja y menos trigo.

En nuestro mundo digital, cada persona con un pequeño conocimiento puede “postear” historias no verificadas, imágenes trucadas y datos sin sustento presentándolos como hechos probados dice Matt Weber, la conductora del Podcast de la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard en su episodio más reciente titulado El mito de los nativos digitales.

En este episodio entrevista al profesor Sam Wineburg, académico titular de la Universidad de Stanford, fundador del grupo de investigación sobre Historia de la Educación y coordinador de un reciente estudio que mide la manera en que los estudiantes evaluan el contenido digital.

El profesor Wineburg responde que el problema no es solamente de información verdadera o falsa sino un asunto mucho más amplio que tiene que ver con la forma en que cada uno de nosotros evaluamos la información que nos llega a través de pantallas. La elección que se nos presenta es más complicada que una simple cuestión binaria de verdad o falsedad. Se trata de hacer preguntas acerca de la procedencia de la información dentro del mundo político y social.

La forma en que se volvieron virales los mensajes de pánico difundidos la semana antepasada nos habla de la enorme carencia que tenemos como sociedad en términos de evaluación de la información que nos llega a través de nuestros dispositivos electrónicos y de la ausencia total de esta habilidad para plantearnos las preguntas mínimas acerca de la procedencia de la información que recibimos y la calidad y seriedad de la fuente de la que proviene.

Se trata desde mi punto de vista del mayor desafío educativo de nuestros tiempos en lo relativo al conocimiento y la forma en que se difunde, recibe, asimila, cuestiona, procesa, reflexiona y aplica en la vida cotidiana. Resulta urgente que en todas nuestras escuelas y en todos los hogares trabajemos para desarrollar las habilidades cognitivas necesarias para que las futuras generaciones aprendan a distinguir el trigo de la paja, el conocimiento sustentado y la información errónea o deliberadamente falsa y manipuladora.

Porque cuando se reacciona sin distinguir el trigo de la paja, un poco de gasolina puede prender la mecha de la violencia social y causar tragedias que podríamos estar lamentando hoy. Aquí hay también desafíos éticos que tienen que ser enfrentados en la formación moral o valoral de los niños y los jóvenes. De esto me ocuparé la próxima semana.  

Vistas: 1770
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs