Pareciera que la explosión del mercado de San Pablito, Tultepec, era el Alepo mexicano. Bastaba ver la columna de humo y los proyectiles disparados hacia el cielo, como un insulto a ese Dios que se ha alejado de cada mexicano y nos ha dejado a la suerte como un Job colectivo, ante las desgarradoras manos de un cancerbero priista del capitalismo transnacional. Pareciera que hay guerras que avergonzarían a cualquier ser humano, como especie, por el padecimiento involuntario de un pueblo, de mujeres y hombres, de distintas edades y condiciones, ante el genocidio mezquino de las potencias mundiales, las hegemonías globales, gringas, rusas, alemanas o de cualquier gobierno bastardo. Esas guerras son la vuelta del escupitajo dirigido al Creador y su morada cósmica. Quizá nunca sabremos si es el esputo nuestro o un salivazo divino de desprecio por su inútil engendro.
Sin embargo, hay otras guerras, otras explosiones, igual de indignantes, pero ya cotidianas. Uno puede ir a comprar algo para celebrar la Navidad y regresar a mirar el televisor y darse cuenta que estalló un mercado donde se vendían cohetes y materiales pirotécnicos de forma legal, certificados por los obstinados milis de las verdades históricas, por un gobernante infame al que le explota el aumento a la gasolina y el gas sin recordarlo y, por ahí un gobernante estatal que, si no le detonaba un mercado lo harían las balas de su ley represora y criminalizadora de la protesta social. Quizá, mientras uno intenta sentarse, después de ver el sufrimiento de familiares en búsqueda de las nuevas víctimas de la corrupción de los de siempre en el Estado de México, tenemos que comenzar la digestión, de repente aparece la privatización del agua en Baja California, por el gobernador Francisco “Kiko” Vega y su hueste de panistas, principalmente, que, como ladrones, aprobaron una ley privatizadora del líquido sin opinión alguna. Un madruguete literal que abre la puerta a una nueva “reforma estructural”, eufemismo de venta de la patria o privatización salvaje.
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La indigestión comienza cuando, de repente una fonética hipócrita de la corona peñanietista, el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), anuncia que sólo cuatro de cada 10 primarias tienen una computadora para uso educativo, cifra que se eleva a 69% en el caso de las secundarias, pero se puede oír a los cinco furiosos evaluadores, quienes ganan más de 190 mil pesos mensuales y tienen todas las computadoras a su servicio (y si no las del Ceneval), así como de la “Reforma educativa”, la patraña del Nuevo Modelo Educativo, el despido de docentes disidentes, llamado “profesionalización”, acallando con bonos, por segundo año, de más de 13 mil pesos a los burócratas evaluadores (hasta 20 mil según el cargo ocupado), con el excedente de impuestos subejercidos. ¿Qué pasaría si con esas tarjetas repartidas a la burocracia se compraran unas cuantas computadoras para las escuelas? ¿Qué pasaría si en lugar de evaluar tanto se capacitara a los docentes?
Quizá salga al quite Aurelio Nuño Mayer, que no se cansa de “ler” las cifras que muestran que en su consulta sobre el Nuevo Modelo Educativo sólo participó el 8.2% de las escuelas. Con tan eminente legitimidad democrática de la conducción de la educación para qué cuestionar lo incuestionable.
Peña anuncia que el fraude comenzará por la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) al mencionar su blindaje. Lleva sus manos a sus orejas ante la enunciación del aumento de la temperatura en los apéndices auditivos. Y, entonces, ¿para qué Luis Enrique Miranda Nava en Sedesol? Su Santa Claus mexiquense ya trabaja en sus regalitos del futuro Año de Hidalgo. Sólo le falta un árbitro americanista que le regale votos como penalties para ganar finales electorales. Es tan grande el cinismo del gobierno mexicano que hasta anuncian las huidas de los gobernadores y los futuros fraudes electorales.
Guerras intestinas, explosivas como indigestas, escatología postnavideña anticipada. Abultamiento abdominal, estilo carsteniano, asqueado de las explosiones entrañables de un gobierno y sus instituciones piñatonas y mediocres para todos, benéficas y caninas para unos cuantos. No sólo hay explosiones y estallidos en Alepo o Tultepec, México está lleno de estallamientos viscerales, flatulentos, de tanta avaricia. Mesas navideñas llenas para unos, los de siempre, los que ya ven el 18. Mesas vacías para quienes ven el hoy, quizá el mañana (el de mañana, no el del futuro). A todos ellos y ellas que privatizan la dignidad y el país, los de izquierda o derecha, los serviles o críticos orgánicos: ¡Que tengan feliz Navidad, hipócritas! Que sus sagrados alimentos no se les indigesten, como lo hacen ustedes a todos nosotros.
Picaporte
El dólar en $21.05, la inflación del mes de diciembre en 0.42%, la contratación de deuda para 2017 de $487 mil 200 millones y el nuevo gasolinazo son señales del mercado, pero están tan feas esas señales que… me han recordado a mi madre.