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OPINIÓN

Vladimir y el sueño de Eurasia…

Geopolítica imaginaria de Putin. Post-Eurasianismo. Alexander Duguin

Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Jueves, Diciembre 22, 2016

Conforme se acercaba el final del primer milenio de la Era Cristiana, se fortalecieron las llamadas corrientes milenaristas que suponían ocurriría el fin del Mundo. Pronto el lenguaje se radicalizó y se anunció un ataque inminente contra la Cristiandad, cosa que nuca ocurrió pero el temor prevaleció mucho tiempo.

En el siglo XII se creyó en la existencia de un reino cristiano, gobernado por el preste Juan, que vendría en auxilio de los cristianos. Aparecieron unas cartas de él, en las que se mencionaba al Anticristo. En el siglo XIII, el relato de Marco Polo reavivó la leyenda y se quiso localizar el reino. Nadie reparaba en la imposibilidad de que alguien viviese tanto tiempo. Se le imaginó como rey y sacerdote de las Indias, que también los ayudaría a combatir a los sarracenos en Tierra Santa. La imaginación popular le fue agregando datos variopintos, mezclándolos con lo que decían los Polo sobre el Gran Khan. Se organizaron expediciones para dar con el preste Juan y pedirle ayuda…

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“Un reino imaginario que sí existió…”

Mucho tiempo después, se supo que la leyenda tenía una base real: se trataba del reino cristiano de Etiopía, con el que los europeos habían perdido comunicación y no tenían idea de su existencia. Esto explica las diferentes ubicaciones, que el imaginario multiplicó hasta la saciedad: Asia, Oriente y África. Era lógico: lo anterior se empalmó con la idea de encontrar el Paraíso terrenal. Llegaron a pensar que el reino del preste Juan era lo que quedaba del Edén…

¿Por qué les cuento todo esto? Porque es la base estratégica de la geopolítica de Putin. Obviamente Vladimir sabe que es inventada, pero la reinterpreta geoestratégicamente: Europa asediada por el terrorismo islamista y un gobernante que viene de Rusia para salvar a Occidente, manteniendo bajo control a China y Corea del Norte…

Lenin y Stalin desataron una confrontación entre Oriente y Occidente. El primero, ateo y anticristiano. El segundo, creyente y baluarte de la Cristiandad. Vladimir Putin lo ha modificado. No puede andar por ahí diciendo que es la reencarnación del preste Juan, sin que lo tilden de loco. Necesitaba algo más creíble dentro y fuera de Rusia…

“Geopolítica de San Vladimir…”

Para romper la visión bipolar de una Rusia anticristiana y un Occidente cristiano, Putin selló un pacto con la Iglesia Ortodoxa Rusa. De paso, le garantizan una cantidad de votos suficiente para mantenerse en el poder. Es una reformulación de ‘La Tercera Roma’, lejos del esquema marxista. A cambio, la Iglesia Ortodoxa le ha pedido mantener la legislación tradicional en materia de familia y matrimonio. El área de influencia de los ortodoxos se extiende a las repúblicas de la otrora URSS, Europa del Este, la UE y Oriente, en el que fuera Imperio Bizantino…

Un punto delicado es cómo extraer de ello una geopolítica que sirva a los propósitos de Putin. No puede recurrir al mítico preste Juan, sino a una figura referencial para los rusos. La solución no pudo ser más idónea, porque comparten el nombre: el preste Juan fue sustituido por San Vladimir (Vladimir el Grande o El Gran Príncipe), que vivió entre los siglos X y XI, se convirtió al Cristianismo Ortodoxo y unificó a Rusia, empezando por cristianizar a la Rus de Kiev, a la que Rusia, Ucrania y Bielorrusia reconocen como cuna cultural. La historia de Rusia unificada arrancó con un Vladimir y, con otro, vencerá a Occidente que ha perdido el monopolio de la Cristiandad, entrando en decadencia. Del preste Juan, sólo quedan vagas referencias…

Tan es así que, hacia finales de octubre, una nueva catedral de la Iglesia Ortodoxa y el Centro Cultural Ruso se abrieron en París. La Catedral se consagró a la Santísima Trinidad, pero popularmente se le conoce como: ‘La Catedral de San Vladimir’. Quince días más tarde, Putin inauguró una estatua de San Vladimir, de 11 metros de altura, frente al Kremlin. Son mensajes puntuales a Ucrania y a Crimea, donde construye un puente para afianzar su anexión…

¿Quién es el estratega que le susurra al oído a Vladimir Putin que sigue sus consejos en materia geopolítica? Vamos a conocerlo…

“En las alas del post-eurasianismo…”

Se llama Alexander Duguin, un estratega a medio camino entre historiador, politólogo, analista y geopolítico. Con intereses intelectuales muy amplios, se refiere a su propuesta como ‘neo-eurasianismo’, pero yo prefiero el prefijo: ‘post’. Intenta armonizar las tesis nazis sobre el espacio vital, por lo que prefiere a Haushofer y no a Mackinder, y el ocultismo y esoterismo de Guénon y Evola. Originalmente era totalmente adverso a la globalización, pero luego concluyó que el enemigo a vencer es cierto tipo de sistema global. Busca reinterpretar el eurasianismo en el contexto globalizador, de tal manera que, cuando usa el concepto, no se refiere a lo que geográficamente es el ámbito euroasiático. Por eso es más correcto anteponerle ‘post’ que ‘neo’…

Duguin y Putin hablan de Eurasia como una estrategia a escala global, no reducida a lo geográfico. Agregar las ideas de Haushofer, Guénon y Evola tiene su lógica. Stalin calcó la geopolítica de Hauhofer, vista desde la perspectiva rusa. La aportación original de Rusia a la geoestrategia, ha sido menor. Asimismo, los tres tuvieron vínculos estrechos con el ocultismo y las sociedades secretas. En otro plano, el mensaje de Duguin trata de resolver un problema que viene de las dos guerras mundiales: el choque entre Oriente y Occidente fue acompañado por una lucha sorda entre organizaciones secretas. De tal modo que las que se colocaron en uno y otro bando, se sumen al post-eurasianismo que va más allá de Eurasia. Es la convergencia de post-marxismo y post-nazifascismo…

En ese contexto, se entiende que Zbigniew Brzezinski piense que Donald Trump podría ser arrollado, en un juego geoestratégico desconocido y complejo. Impulsar opciones ultranacionalistas europeas, podría convertir a Putin en el dueño de Eurasia y el mundo…

 

“Eurasianismo versus atlantismo…”

Duguin le declara la guerra al globalismo atlantista. Su propensión a la teoría de la conspiración le hace creer que es monopolar y que terminará por establecer un gobierno mundial. El eurasianismo, en cambio, se basa en varias zonas globales. Siguiendo a Marcuse, califica al atlantismo como un sistema unidimensional, que universaliza lo occidental. La confrontación global sería entre atlantismo y eurasianismo. Lo dice el geoestratega que más influye en Vladimir…

Donald Trump, por su parte, quiere desplazar a la élite trilateral ganadora de la Guerra Fría, que es señalada por Duguin y Vladimir como paladines del atlantismo. Por eso estuvieron interesados en descarrilar a Hillary Clinton. Trump, a su vez, considera que el enemigo global es China…

Duguin está convencido de la confrontación entre dos sistemas globales: Eurasia, con Rusia ocupando Asia y Europa central, con aliados en otras latitudes, al que llama “Telurocracia conservadora y autocrática” (‘telurocracia’ se refiere a los imperios continentales que se basan en el dominio territorial). El otro, es el atlantismo, con Estados Unidos, el Reino Unido, la UE y sus aliados, al que llama “Talasocracia plutocrática y tecnocrática” (‘Talasocracia’ designa a los imperios marítimos)…

Luego del triunfo de Trump, todo marchaba bien para Vladimir. Parecía que terminaría controlando el escenario sirio y apareció en los balances como el hombre más poderoso del mundo. Pero le mataron a su embajador en Ankara, justo en la víspera de la reunión entre Rusia, Irán y Turquía, del Día Nacional del Agente de Seguridad del Estado y de la inauguración del túnel más profundo que une a Turquía con Europa (por debajo del Estrecho del Bósforo). ¿Saben cómo se llama el túnel? ‘Eurasia’. El mismo día, ocurrió el ataque terrorista en Berlín…

Al día siguiente del asesinato del embajador, Fabien Baussart, director del Centro de Asuntos Políticos y Extranjeros, postuló a Vladimir al Premio Nobel de la Paz, por ser “el único que realmente está luchando contra el terrorismo”. Es ‘San Vladimir’ que viene en auxilio de Occidente. ¿Y si lo del embajador combinado con lo de Berlín, que pegó a Merkel, fuese también un mensaje para Putin, en el sentido de que no podrá salvar a Europa? Miren nada más…

Hasta entonces…

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

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