Es evidente que Donald Trump no genera confianza. Sus cambios de posición en infinidad de temas, su escasa ética empresarial, sus ataques contra las minorías o su personalidad misógina provocan miedo en muchos. No se sabe qué esperar de él. Frente a la incertidumbre que transmite, especialmente a México, nuestra moneda se desploma, en tanto que las inversiones se mantienen a la expectativa ante un futuro incierto.
Soy uno de los convencidos de que no pasará mucho. Para cumplir lo que promete, Trump debe enfrentar a un Congreso que no le hará la vida fácil. Aunque los republicanos dominan, muchos de ellos no concuerdan con los postulados del presidente electo. Difícil será que, por ejemplo, imponga el impuesto del 35% que ha anunciado a las manufacturas procedentes de México. No sólo la clase política reaccionará contra sus acciones, sino también las empresas que hacen negocios en nuestro país.
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Pese a lo anterior, definitivamente la relación con Trump no será sencilla. Acostumbrados a Obama, los mexicanos sufriremos por cuatro años. Trump le hará la vida difícil a México, pero el daño que pueda provocar no será catastrófico. Estados Unidos cuenta con muchos obstáculos institucionales y socioeconómicos que impedirán que el presidente electo se salga con la suya en todos los temas. Insisto, nada grave pasará, aunque definitivamente sufriremos malos momentos.
Anticipando una tormenta apocalíptica, los medios mexicanos no se cansan de cacarear la amenaza que Trump representa para el país. Todos los días, en las grandes televisoras se habla de los riesgos que México enfrentará. Me molesta que se insista en la amenaza Trump. ¿Por qué? Porque se desvía la atención del verdadero problema que ha enfrentado este país por muchos años y que se recrudece día con día. México está lleno de Trumps que le hacen más daño al país de lo que podría afectarlo el próximo mandatario estadounidense.
Esos Trump de México actúan con desfachatez. Besan niños, se dan baños de pueblo y son aclamados por las masas. Todos los días destruyen México de una manera metódica y hasta cierto punto silenciosa. No se les denuncia penalmente hasta que es demasiado tarde. Incluso entonces, ninguno paga las consecuencias. Todos terminan viviendo felices para siempre.
¿Quiénes son esos Trump de México? Por supuesto que me refiero a los gobernadores. Cada uno es un virrey que hace lo que le place con el presupuesto. Los gobernadores aprovechan las rivalidades partidistas para amparar sus latrocinios. Si se les acusa de malas prácticas, responden que son ataques basados en diferencias políticas. Los hay de todo tipo: desde los que roban un poco hasta los que se llevan sumas faraónicas.
Los medios, en especial la televisión, critican a los gobernadores una vez que caen en desgracia. Antes no los tocan ni con el pétalo de una rosa. Por supuesto, los mandatarios estatales pagan bien por mantener su imagen televisiva. Mientras Duarte y Padrés gobernaban, todos sabían cómo se servían con la cuchara grande. Sólo la televisión lo ignoraba. Cuando el linchamiento ya es generalizado, los grandes medios no tienen otra opción más que unirse a las críticas de una sociedad que una vez más ha sido violada.
La próxima ocasión que vea y escuche en la televisión ataques contra Trump, preocúpese, pero no tanto. No deje que lo distraigan de lo realmente importante. Los verdaderos enemigos del país, los que no lo quieren y le hacen daño están adentro. Son los Trump de México.
[El autor es Profesor-Investigador, Universidad de las Américas-Puebla]