Demasiado bello para ser cierto. Cuando la globalización trilateral parecía haber llegado para quedarse, se presentaron los síntomas del principio del fin. Al fundarse la Comisión Trilateral en Tokio, corría el año de 1973. Convocaron a lo más granado de los políticos, empresarios, líderes de opinión, intelectuales de América del Norte, Europa y Asia. Se propusieron iniciar la convergencia sistémica de esas tres partes del mundo, para meter a la URSS y a sus aliados en una dinámica de competitividad que la llevaría a la derrota de manera inevitable. La élite trilateral calculaba un lapso de 20 años para lograr su cometido. El orador más esperado era un profesor universitario que había ido a Japón para explicarles cómo podrían lograr lo que entonces parecía imposible: derrotar a la Unión Soviética y ganar la Guerra Fría…
Pero la historia no empezó en Tokio. Vamos a irnos más atrás en el tiempo, para rastrear algunas huellas y entender nuestro presente. Pero tenemos que acompasarnos: “seguir las huellas” requiere ritmo. Mente y corazón actuando con precisión…
Más artículos del autor
“El Guardián de la Cortina de Hierro…”
Corría el año de 1952, cuando el Partido Comunista Soviético necesitaba un líder. La salud de Stalin estaba muy mermada y en la reunión del Comité Central, sacó una lista para integrar el Presidium. Malenkov, Beria, Bulganin y Jruchov forcejeaban por el poder, mientras Stalin quería deshacerse de ellos y colocar alguien de su confianza, incluido en esa lista. ¿Quién era el hombre de Stalin? Se llamaba Mijail Suslov, una de las mentes más brillantes de la era soviética, que gustaba de moverse a la sombra. De hecho, era quien realmente mandaba en la URSS…
Suslov no pudo hacerse con la jefatura del Partido, pero fue el ‘agente secreto’ de Stalin y creador de la estrategia soviética durante la Guerra Fría. En 1953, Stalin sufrió un ataque de apoplejía y Suslov salvó la vida con habilidad, en la vorágine del ascenso de Jruchov que ganó la partida…
“El centinela de la globalidad…”
En ese mismo año, se doctoraba en Harvard un joven profesor que, en 1973, estaría en la reunión de Tokio: Zbigniew Brzezinski. Su padre era diplomático polaco y estaban en Canadá cuando Stalin invadió Polonia y la familia ya no pudo regresar. Pocos prestan atención a su tesis: versó sobre la URSS, Lenin y Stalin. Quería resolver el enigma por antonomasia: ¿Cómo ganar la Guerra Fría? Suslov no pasó inadvertido para una mente como la de Brzezinski, reconociendo en él al adversario intelectual a vencer…
Zbigniew no estaba de acuerdo con la idea de Eisenhower, de pretender regresar a la URSS a sus ‘verdaderas fronteras’. Sería ir directo a la Tercera Guerra Mundial. Creía que Europa del Este podía resistir y aliarse con Estados Unidos. Los hechos posteriores, demostraron que tenía razón. Años después, Anatoly Dobrynin, que fuera embajador de la URSS en Estados Unidos, confirmó que el hombre más temido por ellos no era el Presidente, sino Brzezinski. Del otro lado, Suslov lo había calibrado también…
“El sueño de Camelot…”
Ingresar al poderoso Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), le abrió muchas puertas a Brzezinski. Así entró en la campaña de un joven senador que quería ser presidente: John F. Kennedy, como asesor en política exterior. El encuentro con el ‘ala dura de los halcones’ no fue en buenos términos, sobre todo con Kissinger, partidario de la vía armada frente a los soviéticos. Schlesinger, asesor de confianza de Kennedy, coincidía con Zbigniew y la disputa terminó con el despido de Kissinger…
Pero el llamado ‘sueño de Camelot’ acabó en Dallas. Gracias al CFR, Brzezinski llegó a la campaña de Johnson y, luego, se integró al Departamento de Estado. Hasta que llamó la atención de David Rockefeller por un artículo donde decía que el mundo vivía un cambio de época…
“Ligachev, el otro guardián…”
Mientras tanto, Suslov había apoyado la desestalinización hecha por Jruchov, gracias a lo cual se recuperó. Luego se alió con Brezhnev para deshacerse de Jruchov, llegando a ser de facto el ‘verdadero secretario general’ del Partido. Ahí, Suslov tenía a Yuri Andropov como protegido, que sería el sucesor de Brezhnev. Fue la época dorada de Mijail Suslov…
Durante el gobierno de Brezhnev, Suslov comenzó a interactuar con la ‘Generación de Komsomol’, donde descollaban Mijail Gorbachov y Yegor Ligachev, profesor de formación castrense. Organizaban debates en la Liga de los Jóvenes Comunistas, donde Ligachev exponía un plan de reforma para la URSS, formándose una corriente de políticos tecnócratas. De ahí salió la élite que hoy controla las finanzas y la economía rusa. El proyecto reformista de Ligachev fue llamado Perestroika, en parte económica, y glasnost, en lo político. El corredor del poder que iba de Suslov a Ligachev, se apoderó del KGB y comenzaron a desplazar a sus adversarios para la reforma del poder. Ambos apuntaban a ganar la Guerra Fría, sabiendo que del otro lado enfrentaban a otra mente brillante…
Pero a Suslov no le dio tiempo: murió en la recta final de la etapa de Brezhnev (1982). Tocará a Ligachev acompañar a Gobachov en las ansiadas reformas, que terminaron por naufragar. La desaparición de Suslov trajo consigo el desequilibrio de fuerzas en la nomenklatura soviética, al grado de partirse en dos: los que pensaban que las reformas debían ser más lentas, liderados por Ligachev, y los que deseaban acelerarlas, encabezados por Aleksandr Yakovlev, que sería desplazado por Boris Yeltsin…
Esto fue lo que Mijail Gorbachov no pudo resolver y lo que terminó descarrilando a la Generación de la Perestroika. La muerte de Ligachev, en 1990, marcó la debacle final de la otrora poderosa Unión Soviética. Ya como presidente de la Federación Rusa, Yeltsin tuvo a Vladimir Putin como su hombre de confianza en los aparatos de seguridad…
De un lado, fueron arrollados por la estrategia de la Comisión Trilateral, ideada por Zbigniew Brzezinski, y del otro, por la aparición de un polo global que no habían contemplado: Juan Pablo II. Siendo ambos polacos, sellaron un pacto para liquidar a la geopolítica soviética. Lo veremos en la próxima entrega, para entender mejor qué es lo que Donald Trump desea desmontar en una alianza, que por momentos se tambalea, con Vladimir Putin…
Hasta entonces…
Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com