En los últimos días nos ha tocado ver, sentir y sobre todo asumir diversas disposiciones, acciones y aumentos que ha sufrido nuestra economía nacional, desde el aumento por sexto mes consecutivo de la energía en cuestión de luz, el azúcar productos que lo llevan como el pan, hasta la propia renuncia de Agustín Carstens ahora exgobernador del Banco de México, que con ello se agitó a los mercados y provocó una caída histórica del peso frente al dólar; situación que invariablemente se dejaron venir sin ton y son y que han sido golpes muy fuertes a la economía del país y por supuesto de cada uno de nosotros.
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Parece que hay dos discursos respecto de la economía mexicana. De manera consistente hay dos visiones respecto de la propia economía. La dinámica que se ha dado recientemente no ha sido buena. El lado de los que ven algunos riesgos en el desempeño de nuestra economía está creciendo. Con respecto al desempeño de la economía de México y con el crecimiento de la economía, el PIB ha tenido un desempeño malo de acuerdo a los economistas si se le compara con el trimestre anterior, y promedio si se compara con el del año anterior, es decir, medido con respecto al trimestre anterior, la caída fue de -0.2%, si bien el valor absoluto de la caída no parece tan importante, sí es un comportamiento fuera de tendencia, por ejemplo la última caída a nivel trimestral fue en 2013 y antes en 2009. Con respecto al mismo periodo del año anterior, el crecimiento fue de 2.5%. Este crecimiento es muy parecido al que se ha venido observando en la economía de 2014 a la fecha, es decir, el comportamiento de la economía con esta métrica no ha despegado de lo normal. Aunado a este resultado de desempeño de la economía se tuvo acompañado del anuncio de la Secretaría de Hacienda en el que modifican su rango de crecimiento, que ya es una práctica común que tiende a sobreestimar el desempeño de México.
Sobre otro punto importante de nuestra economía es que de acuerdo a los analistas de la economía y que han venido comentando desde hace un par de años, su preocupación por el comportamiento de la deuda pública, ya que desde 2009 ésta comenzó a crecer de manera importante incluso a partir de 2013, se aceleró el ritmo de crecimiento de la deuda. Hace algunos años, el consenso era que el manejo económico del país era ortodoxo con finanzas públicas sanas. Hoy, el consenso es que el gasto público tiene que reducirse para limitar el endeudamiento.
Sobre esta política pública de mayor gasto, hoy se empiezan a ver los costos que puede tener para la economía el mantener esta trayectoria. La pregunta, que es muy importante hacerse, es si esta política de mayor gasto ha sido efectiva.
Si la efectividad se mide como un mayor crecimiento económico, los datos no muestran que este mayor gasto público haya detonado un mayor crecimiento económico. En conclusión, la política no ha resultado.
La economía mexicana enfrenta un ambiente externo complejo en donde la persistencia de precios bajos para el petróleo, la normalización de la política monetaria en Estados Unidos, una desaceleración en el comercio internacional y en el crecimiento económico global y una diversidad de eventos geopolíticos podrían elevar la aversión al riesgo y la volatilidad financiera, planteando retos a la estabilidad económica y financiera del país, así como a sus perspectivas de crecimiento. Las prioridades en términos de políticas seguirán centradas en la implementación de políticas monetarias, financieras y fiscales prudentes para generar las condiciones de un crecimiento más fuerte en el mediano plazo.
En conclusión, el panorama económico se ve complejo, la rectificación de rumbo muy compleja y el contexto político, poniendo resistencia. Estamos en el momento de ver si realmente, como se nos dijo al inicio de la administración, la responsabilidad fiscal es o no una política de Estado.
[El autor es licenciado en administración de empresas y especialista en administración pública y planeación estratégica]