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OPINIÓN

Políticas para comerse una cemita

Postura de Jorge Preciado en el senado. Reaccionan PRI y PRD. En Puebla brinca un diputado.

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Martes, Noviembre 22, 2016

El tema de la inseguridad parece una cemita gigante de esas que no sabes por dónde comenzar a morder, está lleno de puntas, zonas blandas y duras,  recovecos,  oportunistas,  facinerosos y mustios. Pasa que el senador panista Jorge Preciado pensando en cómo asestar una mordidota a la cemita por la primera lengüeta saliente de la milanesa, despliega la iniciativa de armar a la ciudadanía, es decir, proponer que se legalice el uso y la portación de armas de fuego  por parte de los ciudadanos, tanto en sus casas, como en sus autos y negocios.

Bajo la extrañísima condición de que llegando a 120,000 firmas, se puede iniciar el proceso legislativo. Como siempre puede suceder, a la primera mordida se le comienza asomando el aguacate: Enrique Ochoa, el priísta y más grande promotor de López Obrador, se pone en contra; Zambrano del PRD discrepa diciendo que no estamos en el viejo oeste. La cara complacida de Preciado con su palillito en la boca lo dice todo, a pesar de que el aguacate se despanzurra, él ha logrado provocar la alharaca de las cacatúas y no deja de celebrar que es hoy una de las fotos de las primeras planas.

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Lo que resulta provocativo, ignominioso, protervo e inicuo, es el comportamiento lascivo y de muchas maneras libidinoso de intentar promover una iniciativa  que dará como resultado el ser visto, es decir, -a palabras de Maslow-, satisfacer a como dé lugar la necesidad del reconocimiento, y en este caso, la del reconocimiento político. Cómo hay gente que hace lo que sea para aparecer en escena, en la cercanía de los tiempos electorales, condición sine qua non de los políticos en sus maneras de comerse la “cemita política”. En lugar de enarbolar una propuesta concreta como la libertad del Dr. Mireles que es un ciudadano que decide armarse para defender concretamente a la gente y que ahora tienen preso,  la vorágine consiste en ver por sí mismo y desconocer a los demás.

Parece bochornoso responder a semejante disparate como uno más de la larga lista de disparates alineados en la vida nacional. Ditirambo Farfulla, el famoso publicista y vendedor de los cuentos de Crí Crí, comenzó a gritar ¡esto es mío!, iba a otro lugar y decía ¡esto es mío!, frente al asombro de los animales que pastaban tranquilamente. Cualquiera grita lo que se le da la gana y lo convierte en territorio propio, y, sobre todo si eres político que quién sabe de dónde sacan masas y masas de personas que firman y votan por ellos sin razonamiento alguno. Frente a la cemita, el panista comienza a farfullar gritando que el tema de la inseguridad nacional le pertenece, comienza a vociferar juntando firmas hasta provocar todo lo que está provocando, mientras los ciudadanos compramos candados, cerrojos, rejas, vallas y gastamos nuestro dinero en sistemas de seguridad esperando que la policía llegue pronto en nuestro auxilio.

El artículo 10 constitucional habla de la portación de armas de fuego: Los habitantes de los Estados Unidos Mexicanos tienen derecho a poseer armas en su domicilio, para su seguridad y legítima defensa, con excepción de las prohibidas por la Ley Federal y de las reservadas para el uso exclusivo del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional. La ley federal determinará los casos, condiciones, requisitos y lugares en que se podrá autorizar a los habitantes la portación de armas.” Desde este primer argumento, ¿qué descubre el señor Preciado? Si las personas pueden pedir un permiso para tener armas en su casa. En el artículo 24 de la ley general de armas de fuego y explosivos, dice claramente que para portar armas de fuego se requiere la licencia respectiva, existen dos tipos de licencias, las particulares, que se refrendan cada dos años y las oficiales, que duran mientras las personas están en el cargo que les es asignado. El primer requisito para otorgar estas licencias es tener un modo honesto de vivir, de manera que casi ningún político podrá obtener esta licencia.

Por si fuera poco, a Rosalio Zanatta Vidaurri,  otro ingeniosísimo diputado del PRI en Puebla, que también se la antoja una mordida más de la cemita, propone que además de armar a la ciudadanía, algo más, que quienes hieran o maten a un asaltante, no se les inicie ningún procedimiento penal. En esa mordida me parece que lo que se encontró dos hojitas de pápalo y el chipotle sobre las madejas del quesillo. O sea, que pase el camión de la basura por el asaltante muerto el jueves por la noche y que se lo lleve: habrá que darle su buena propina al de la basura por lo pesado del bulto. Es de preguntarse ¿qué pasará si el asaltante está coludido con el policía y también lo matamos los ciudadanos armados legalmente y exentos de cualquier proceso de investigación penal? Es sumamente compleja la disertación jurídica de la muerte en defensa propia, tiene implicaciones respecto al arma que se porta, la situación en que se encuentra, el móvil, la intencionalidad, etcétera.

Vivimos la época más crítica en cuanto al tema de la inseguridad. Asaltos a casas, a transeúntes, robos de autopartes, de instalaciones de gas, secuestros, crímenes, homicidios, etcétera, etcétera. Comienzan los intentos de organización vecinal y ciudadana, las ideas de comenzar a financiar la vigilancia o cerrar con rejas las calles, nada parece detener esta hecatombe. Resulta estúpido pretender desconocer nuestras instituciones sociales proponiendo que nosotros seamos la justicia misma. Desesperados, queremos, necesitamos y exigimos que las instituciones sociales funcionen, no queremos ni podemos hacer el trabajo que les corresponde, nos están costando bastantes impuestos.

Los ciudadanos, algunos armados ya con o sin permiso, estamos esperando aún que la policía funcione, que haga lo que tiene que hacer, la herida más profunda en la ciudadanía es la desesperante impunidad. (¿Por qué hay impunidad con los políticos que desconocen las instituciones sociales, la legalidad, utilizando las necesidades sociales para su popularidad a ultranza?) Pedimos que funcionen los ministerios públicos como deben de funcionar, que se detenga y castigue a los delincuentes, que los policías actúen como deben de actuar, que desaparezca la tremenda corrupción de los cuerpos policiales y de las instancias de procuración de justicia, que se trabaje en concreto para resolver el problema de la seguridad y la tranquilidad de la gente, que los millonarios políticos no comiencen a politizar a la ciudadanía para llevar agua para su molino, que la policía entre en contacto con los ciudadanos para organizar y acordar medios y formas de seguridad viables, concretos, útiles, que no nos dejen sospechando que los procuradores de justicia en turno tienen que ver con el inicio de la criminalidad y la inseguridad en las ciudades, que comiencen los hechos, las verdaderas acciones y que dejen de proponer babosadas y más babosadas desde sus curules y trabajen realmente. Que en todos los sentidos, la cemita terminemos de comerla todos y que todos terminemos con ella de una vez por todas para tener seguridad, felicidad de vivir en una ciudad hermosa como la poblana, la ciudad de las cemitas.

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