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OPINIÓN

México en la era Donald Trump

Tres lecturas. Fuerza migrante mexicana, 35 millones. Expulsados aquí, perseguidos allá.

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Martes, Noviembre 22, 2016

El desenlace de las elecciones en Estados Unidos permite visualizar, cuando menos, tres percepciones. Una proviene de la enorme masa  de mexicanos que constituye el potencial de fuerza migrante (el año pasado la población estimada era de 35 millones), banco significativo de mano de obra barata para la economía estadounidense.

Para este segmento, mayoritario en nuestro suelo y significativo en su condición ilegal, el presidente electo representa una abigarrada conjunción de voces antimexicanas que pululan en EEUU y que desde siempre (derivado de la apropiación territorial del siglo XIX y del racismo fundamentalista) han visto a la población mexicana como un peligro para su civilización (dice Huntington). Los indocumentados no tendrán tregua. El anti migrantismo es una línea continua entre republicanos y demócratas.

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El próximo gobierno es una continuación de exclusión social, discriminación,  vejación,  menosprecio,  criminalización laboral. Condición nada extraña para quien ha sido expulsado con sutileza –a veces no tanta- de suelo mexicano. Acostumbrados  a enfrentar el poder estatal, no significa, en su circunstancia de excluidos, peor situación. Acaso en suelo americano la marginalidad puede presentar al menos, una posibilidad de mejora. Si salieron del país no fue precisamente por un romanticismo aventurero,  sino porque Estados Unidos, incluso en esta era, significa alguna posibilidad de futuro.

Otra mirada proviene de las elites mexicanas. Asumen que perdieron con la elección. Tienen razón.  El valor que sus empresas alcanzaron en la bolsa de valores (aquellas que cotizan) por situarse en el suelo trampolín para ingresar al mercado con mayor capacidad adquisitiva, sin tantos costos fiscales, se fue por el desagüe. La renegociación del TLCAN es pérdida. El impuesto por venir para productos extranjeros, demerita el valor de las acciones de las empresas mexicanas. Las convierte en poco atractivas al capital internacional. Se acongojan no por el cierre de libre paso para sus productos o por los potenciales desocupados, en realidad no podrán seguir vendiendo sus empresas a precios de clase mundial.

La cercanía con el mercado estadounidense lanzó por las nubes determinada industria. Se cotizaron muy bien. Vendieron mejor. Pasó con el tequila, la cerveza, el sistema bancario, la metalurgia y minería. Fueron pro-libre comercio  -como antes empresarios nacionalistas-  no para invertir y competir, sino para vender o coaligarse con empresarios extranjeros, a quienes terminaron vendiendo sus activos. Ocurrió en el ramo de vivienda y en infraestructura.  Fueron utilizados para para invertir en el país y después se quedaron con empresas y con el mercado nacional. Las alianzas de empresarios mexicanos con su símiles de otros países, no creó firmas internacionales de origen mexicano. En el fondo no quisieron ni les interesó arriesgar para competir en el mercado global.

Salvando verdaderas excepciones, parasitaron del libre comercio. Abrieron el mercado nacional al capital extranjero pero ellos no fueron capaces de competir en el mundo. Me refiero, claro está, al “gran capital” mexicano. Su condición emprendedora para el desarrollo del país quedó, incluso, en entredicho. Solo dio para especulación inmobiliaria y rentismo administrativo de las macro plazas comerciales atestadas de firmas y franquicias internacionales.

Tampoco es la gran catástrofe para la elite económica. Las condiciones comerciales que se avizoran no modifican  en gran escala su inopia emprendedora. Vivieron de la era neo liberalizadora. Será su relevo generacional quien asuma con frescura y mejor impulso, incidencia para aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado interno. 

La otra perspectiva proviene de la clase política mexicana que ascendió al poder en México al amparo de su filias globalizadoras. Su mayor mérito fue enterrar el Estado nacionalista posrevolucionario sin cristalizar absolutamente nada para el país. Entraron en choque emocional justo por el derrumbe del mito fundante del actual Estado mexicano que a la postre no ha generado sino la distorsión de las posibilidades de futuro para el país.

La doctrina neoliberal llegó con dicha elite desde 1982. Ascendieron al poder y modelaron las leyes constitucionales para definir nuevas funciones estatales. Todo fue orientado hacia la  teoría de la apertura de mercado como doctrina de fe.

Se deshicieron del proyecto de Estado nacional, como si los países emergentes o las potencias (Alemania, Japón, Rusia, China, Francia, Inglaterra, Brasil, india) lo hubieran hecho. Abdicaron de sus responsabilidades en salud, vivienda, educación y trabajo para orientar recursos financieros y bienes públicos al libre mercado. Convirtieron a los mexicanos en datos duros.

Incentivos fiscales, bienes estatales a precio de ganga, recursos naturales, facilidades para invertir, derechos de espacio territorial fueron el pan de cada día. Todo, decían, para emparejarnos con Estados Unidos y Canadá en 30 años y dar el salto de libre paso de mercancías al libre paso de personas. Así lo entendieron.

En su ingenuidad y candor se engañaron y engañaron a la nación realmente existente. El libre comercio fue usado una y otra vez para justificar la depredación del territorio nacional y las finanzas públicas.

La corrupción,  impunidad e irresponsabilidad se enseñoreó en las instituciones gubernamentales. Fue la traducción histórica del nuevo Estado mexicano.

El futuro del país se encontraba resuelto, creyeron. Sería cuestión de tiempo, el mercado haría lo demás ¿Para qué preocuparse de “la nación” si el “nacionalismo” había quedado en el pasado?

Les queda decir y decir que el libre mercado es irreversible, que nuestra condición de país bananero –exportador de aguacates y frutas tropicales- es indispensable para la subsistencia de los estadounidenses, luego entonces darán marcha atrás y no habrá medidas proteccionistas. Mitomanía pura.

El tiempo actual es de exigencia de calidad sí. Para re-empezar con funciones gubernamentales que recuperen la prospectiva del mercado nacional. Solo posible si el complejo  contexto mexicano vuelve a ser prioridad.

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