Con la complicidad deshonesta de trabajadores de PEMEX y sin la voluntad política de funcionarios del gobierno federal, difícilmente se podrá resolver el grave problema que implica la sustracción ilegal de combustible a través de los ductos, los cual sangra de manera importante las arcas públicas nacionales. Sin embargo, el problema no está dentro de las prioridades de las autoridades del gobierno de la república, para exterminar desde su raíz a los llamados huachicoleros, que hoy por hoy, se han convertido en delincuencia organizada, que reta y se enfrenta a policías municipales, estatales, federales y al mismo Ejército Mexicano.
El robo a Petróleos Mexicanos, hasta hace algunos años, se limitaba a pequeñas porciones de gasolina o diesel, pero ahora se ha convertido en una gran industria, que involucra a trabajadores de Pemex, concesionarios de gasolineras y vecinos de poblaciones, que conforman el llamado “triángulo rojo”. Los lugareños obedecen órdenes de los jefes de las mafias y son ellos quienes hacen el trabajo sucio, por ello se han ganado el mote de “huachicoleros”.
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De viva voz nos hicieron una crónica de un caso concreto: Palmarito Tochapan. Allí una buena cantidad de habitantes saben y participan en esta deshonesta labor. Ellos dicen que los funcionarios del gobierno federal, siempre han dicho que el petróleo es de los mexicanos, pues bien: “nosotros simplemente estamos tomando lo que nos corresponde”. Esta cantaleta la replican a cada momento, cuando se les reprocha sobre la práctica ilegal que realizan los huachicoleros.
Palmarito Tochapan, es parte importante del llamado triangulo rojo. La mayoría de sus habitantes se dedican a la agricultura y ganadería, pero otros, los más jóvenes, al robo de combustible cuya actividad la realizan a plena luz del día y ante la mirada cómplice de los habitantes.
Hasta hace algunos años, en esa población había aparente paz y simulada tranquilidad. El abigeato era el principal flagelo. Pero llegó a perturbarlos el robo y comercialización a gran escala de los hidrocarburos. El dinero mal habido empezó a derramarse entre los pobladores, lo que permitió que su economía se fortaleciera, pero la violencia, lo mismo que los huachicoleros, crecieran de manera exponencial.
Pues bien, en Palmarito hasta hace algunos años, los jóvenes se dedicaban a robar y comercializar de manera soterrada la gasolina, pero los pleitos entre delincuentes se generalizó, lo mismo que los enfrentamientos entre familias completas. Los saldos mortales, eran comunes en la población. Palmarito Tochapan y otras comunidades cercanas estaban en una vorágine violenta. Hasta que se alzó un adalid, llámese cabecilla, que tomó bajo su control a la industria huachicolera y no precisamente por las buenas, llevó tranquilidad a las poblaciones, pero antes hubo baños de sangre para hacer valer su “autoridad”.
El líder, amo y señor de los huachicoleros, hoy máximo jefe de la industria del robo de combustible, es un joven de alrededor de 34 o 35 años, que pocos conocen pero todos reciben los beneficios, producto del robo de combustible. Nos confiaron que el “jefe de jefes” envía periódicamente camiones cargados con despensas, reparte electrodomésticos, el día de reyes lleva juguetes a los pequeños y en Navidad distribuye los respectivos aguinaldos. De allí la protección y silencio de los habitantes.
Ahora habitantes de Palmarito Tochapan viven con aparente tranquilidad y disfrutando de algunos regalos del “jefe de jefes”, quien no por las buenas, llegó a poner orden al desorden en el robo de hidrocarburos. No pudo ser de otra manera, sólo mediante el uso de la fuerza, logró someter primero y después a organizar a los huachicoleros a quienes obliga a trabajar bajo sus órdenes.
El “jefe de jefes” es invisible para la mayoría y visible para unas cuantas personas, quienes participan en las grandes comilonas que organiza el cabecilla y en las cuales, se dice, participan algunos jefes policiacos…. ¡Ni hablar, una verdadera red de complicidades, en la cual se permite en gran escala la corrupción y se aplaude la impunidad…! SALUCITA DE LA BUENA.
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