Durante mi visita al Reino de Holanda, patrocinado por la Embajada de Países Bajos en México y el Banco Mundial, pude observar que este territorio europeo cuenta con grandes avances en cuestión de prevención de desastres naturales, integración de la infraestructura de la ciudad con el ciudadano al centro de su estrategia, generación de las condiciones adecuadas para una movilidad funcional, además de una filosofía de absoluta libertad de ejercer el derecho a la ciudad.
Este desarrollo urbano con el que cuentan ciudades como Ámsterdam y Rotterdam, por mencionar dos ejemplos, me dejó lecciones importantes y me amplió el panorama para concebir políticas públicas que se reflejen en el bienestar de la sociedad.
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Por supuesto, para lograr los avances que se han alcanzado en Países Bajos es necesario completar todo un proceso científico, técnico, político y financiero de experimentación y apertura de ideas, ampliación de la visión desde una perspectiva incluyente, y concreción de planes que puedan seguir la tendencia mundial en movilidad segura, siempre con un enfoque local y adaptado a lo que vivimos diariamente.
Dos son los aspectos que me parecieron más importantes a considerar por su factibilidad y alcance tanto para la seguridad como para la recreación de la población:
El primero es la transformación de la visión del agua, de un elemento que provoca emergencias y calamidades, a una herramienta de desarrollo con la que se puede convivir y sacarle el mayor provecho.
El segundo se refiere a la mayor utilización de la bicicleta y la transformación de los espacios públicos para hacerlos más amigables para la totalidad de quienes los ocupan: automovilistas, peatones, transporte público y ciclistas.
En cuanto al primero, quiero explicar de lo que se trata dejar de atender las contingencias ocasionadas por fenómenos naturales relacionados con el agua, para construir los cimientos de una estrategia de prevención y de disfrute del entorno.
Es común ver diques y canales en las ciudades y en los campos de cultivo que también son usados para fines recreativos. Embellecen el paisaje, además de darle fertilidad y humedad a la tierra. No desafían el agua, logran convivir con ella.
Este tipo de estructuras pueden aprovecharse y adecuarse a las necesidades de nuestro entorno, en diversas zonas donde se requiere este tipo de desfogues durante la época de lluvias, mientras el resto del año pueden utilizarse para disfrute de la gente.
El segundo punto refiere a la adaptación de espacios para la integración del transporte particular y colectivo, con la finalidad de proveer de mayor movilidad, con seguridad y comodidad a los ciudadanos.
Por lo anterior, es necesario considerar la creación de una red vial práctica y bien diseñada, en la que las ciclovías funcionen para trasladar a la gente de sus hogares a sus centros de trabajo y viceversa.
Con la finalidad de llevar a cabo un trabajo conjunto con las autoridades y la sociedad, se iniciará una serie de trabajos y encuentros para plantear estos esquemas de prevención y movilidad, además de continuar incidiendo desde el Congreso del Estado para lograr que se aprueben las iniciativas que se presenten en materia de desarrollo urbano, movilidad y resiliencia.