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      Nuestra casa común

      Martes, Octubre 4, 2016
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      Laudato si, la encíclica. Nuestra casa común. Los grandes deterioros y males. Vale la pensa ser hone
      Maestra en Desarrollo de la Educación Básica y Licenciada en Educación por la Universidad Iberoamericana Puebla; Diplomado en Línea en Innovación para el Aprendizaje (Ibero Puebla); Diplomado en Formación de Tutores en Línea (Universidad Javeriana). Ha sido Coordinadora Interina en la Licenciatura en Educación y Procesos Educativos.
      Nuestra casa común

      Este escrito surge a partir del seminario Laudato si, impartido en nuestra institución, por el P. Teódulo Guzmán Anell, S.J., en Otoño de 2015. En este seminario reflexionamos acerca de la Carta Encíclica Laudato si´ del papa Francisco. El tema principal es sobre el cuidado de la casa común. Y algunos se preguntarán – ¿cuál es esa casa común? –. La Tierra, nuestro hermoso planeta Tierra, es nuestra Casa Común.

      Una Casa Común que no hemos aprendido a amar; un hogar que hemos descuidado, que hemos dañado de manera irresponsable; un espacio que se nos brindó para vivir plenamente y, sin embargo, hemos abusado de todo lo bueno que se puso en ella. La hemos contaminado, explotado, enfermado, no sólo a lo que de ella emana, sino a los mismos seres vivientes.

      Como consecuencia de estas acciones, los más afectados, sin duda, son los seres humanos de clases sociales desfavorecidas que han sido maltratados, abandonados y que poco pueden hacer con lo que tienen a su alcance de una Tierra tan lastimada; una Casa Común en donde prevalece la injusticia, la discriminación, la violencia, la delincuencia y la corrupción, entre otras malas conductas. Una Casa Común en donde no hay equidad y se han dañado los ecosistemas.

      Hemos convertido el mundo en un caos y cada uno de nosotros tiene algo de responsabilidad en ello. No hemos “labrado” y “cuidado” el “jardín del mundo” como se menciona en la Carta Encíclica (cultivado y cuidado la tierra como Dios nos lo dijo). Hemos roto esa armonía entre el ser humano y la naturaleza. Esto se refleja en la contaminación, las guerras, la pobreza, etc. Cada uno de nosotros podemos tomar de la tierra lo que nos ofrece y necesitamos, pero tenemos la responsabilidad de protegerla y garantizar su productividad para las siguientes generaciones.

      Hemos malinterpretado el mandamiento de “dominar la tierra y a toda creatura”, de ahí que han surgido “Dioses” que lo han pretendido hacer de una manera irrespetuosa, controladora, para su beneficio personal sin importar a costa de qué. Impulsan un “desarrollo” que no respeta ni promueve los derechos humanos, sociales, personales, políticos y económicos. Grandes potencias despojan a naciones pobres de aquello que necesitan para subsistir.

      Si bien es cierto que ha habido descubrimientos, avances que benefician a la humanidad, existe un progreso material que ha surgido a causa de nuestras equivocaciones, algo que nos hemos inventado por el dominio desmesurado de unos sobre otros y sobre la naturaleza, para obtener el poder y dominar, doblegar a las personas y acumular riqueza que se distribuye entre unos cuantos e imponen su autoridad. “Seguimos admitiendo en la práctica que unos se sientan más humanos que otros, como si hubieran nacido con mayores derechos” (Papa Francisco, 2015).

      En la Carta Encíclica encontramos que “la paz interior de las personas tiene mucho que ver con el cuidado de la ecología y con el bien común, porque, auténticamente vivida, se refleja en un estilo de vida equilibrado, unido a una capacidad de admiración que lleva a la profundidad de vida” (p. 135). Sin embargo, hemos dejado de lado el cuidado de los “otros”, sin establecer una relación adecuada con ellos, es algo que hemos perdido y que se deteriora cada vez más sin permitirnos convivir respetuosamente para cuidar de nuestra Casa Común. Este descuido repercute en nuestra propia relación interior, con los demás y con nuestro entorno.

      Hemos dañado nuestra Casa Común, degradado su medio ambiente y agotado sus reservas naturales. Pese a las iniciativas para salvar nuestro planeta, pocos son los avances respecto al cambio climático; los gases de efecto invernadero son progresivos y repercuten en la salud y calidad de vida de la naturaleza y de la población. Ante esta panorámica, ¿qué podemos hacer para cuidar nuestra Casa Común y evitar su derrumbe?

      Me parece que debemos tener una mirada distinta de una cultura ecológica que permita frenar los avances de la contaminación y la muerte lenta del planeta, de otra manera, hasta las mismas iniciativas ecológicas pueden quedar estancadas en la misma lógica burocrática y globalizada. “El cuidado de la naturaleza es parte de un estilo de vida que implica capacidad de convivencia y de comunión.” (Papa Francisco, 2015: 136). Es indispensable considerar la realidad actual y encontrar soluciones de una manera integral a este problema, tomando en cuenta la relación del ser humano con el medio ambiente.

      Debemos establecer espacios de diálogo sin importar la religión, color de piel, creencias y hacer de nuestra Casa común, un mundo menos rudo e intolerante de lo que es. “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos” (Papa Francisco, 2015:136).

      La solución a todas las desdichas que acaecen en este planeta, no se encuentra en una sola creencia, en una sola opinión, más bien nos implica a todos, a través de un diálogo crítico, abierto, aportando, esperando y pensando un mundo mejor en todos los sentidos. “Una Ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo” (Papa Francisco, 2015:137). Y ahí es en donde debemos concebirnos como seres integrales, no sólo para nosotros mismos, sino para los demás, lo que implica darnos cuenta de todos los cuidados que debemos tener con nuestro planeta, con nuestra Tierra. Es preciso hacer un alto y reflexionar acerca de cómo queremos que sea nuestra Casa Común.

      [La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

      Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

      Sus comentarios son bienvenidos].

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