El momento actual, de auge del capitalismo neoliberal y de su correspondiente globalización (de capitales y mercancías principalmente) es al mismo tiempo un momento de crisis para las alternativas opuestas. Pareciera ser de consolidación de la democracia liberal después del episodio de la guerra fría y la llegada a la etapa que parecía querer Fukuyama, escondida detrás de su tesis del “fin de la historia” reinterpretado como el fín de las ideologías derivado del triunfo de una, que eventos como los sucedidos en Brasil con Dilma parecieran apoyar.
Sin embargo, no debemos perder de vista que detrás de este aparente triunfo de la vertiente derechista, se esconde, se agazapa o sobrevive, así sea de manera latente, el afán, el deseo o la posibilidad de ensayar alternativas opuestas o al menos de considerar adecuaciones a la misma pues nunca como ahora, en México y el mundo, los riesgos de rupturas son mayúsculos.
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En el caso de México, Puebla, junto a otros estados del país, durante el fin de semana del 10 y 11 de septiembre, fue escenario de dos marchas completamente opuestas en sus demandas, la del sábado 10 en contra del matrimonio igualitario y en defensa de la familia, otra, la del domingo11, a favor de los matrimonios igualitarios. En ambas hubo esbozos de enfrentamiento, no de conciliación, para encontrar una salida. No viene al caso hablar de asistentes a favor de una u otra porque ambas son minoritarias, por una u otra causa, el grueso de la población no se movilizó.
Lo que quiero destacar de los integrantes e impulsores de ambas marchas son los argumentos cerrados, ambiguos, intolerantes, a favor de sus propuestas y en contra de las propuestas del otro.
Esta postura no nos llevará nunca a ningún lado. La esencia de la política, y su marcha es política y para incidir sobre decisiones políticas, es el debate, la argumentación, la búsqueda de consensos, no de profundizar diferencias. La marcha es, como la de cualquier grupo de presión, para presionar a representantes, instituciones y funcionarios, a considerar su punto de vista, no para imponerlo. Se equivocan los representantes populares y jerarcas de instituciones al involucrarse en estas marchas, son ciudadanos es cierto, pero antes que todo son funcionarios, tienen una obligación que cumplir, si no es así o no la consideran importante, renuncien, sean congruentes. De igual manera, los funcionarios tienen un marco normativo que cumplir, no hacerlo los hace violar las leyes, los iguala a delincuentes.
Y aquí es donde entra el aporte de los movimientos sociales, de los movimientos democratizadores, de las luchas culturales y raciales. Siempre se ha dicho que el 68 fue un movimiento estudiantil, que se enfrentó a un estado represor y asesino, y existen varios documentos sobre el mismo. No quiero aquí analizar el movimiento en si mismo, quiero analizar sus aportes, de manera objetiva, racional, desideologizada, no de manera doctrinal. Para los interesados en el evento en sí, al final del texto pueden encontrar una serie de fuentes recomendadas para conocerlo.
Los eventos iniciales, dicen las fuentes, fueron organizados por estudiantes en demanda de mayor libertad de expresión, que no era permitida por el estado, recordemos que el contexto eran los juegos olímpicos de 1968 organizados por el gobierno de México al mando de Gustavo Díaz Ordaz y con Luís Echeverría como Secretario de Gobernación. Sin embargo, es fácil notar que hubo participación de maestros, de autoridades universitarias como rectores, de amas de casa, de obreros, profesionistas e intelectuales.
Y aunque la fecha conmemorativa es el 2 de Octubre, día de la masacre principal contra estudiantes, lo cierto es que había antecedentes previos que mostraban el carácter autoritario del estado, pues desde meses atrás había existido represión sistemática de estudiantes de UNAM, IPN, Escuela Nacional de Maestros, ENAH y Chapingo y protestas en estas escuelas y sus ciudades así como en varios estado del país.
Lo interesante es la manera en que algunos estudiosos del movimiento señalan que marcó el rumbo de otros, orillando a unos, a la minoría, a la guerrilla y a las mayorías al silencio. En tanto otros dicen que fomentaron la emergencia de una sociedad civil más crítica, más opositora, principalmente en universidades públicas, y la emergencia de guerrillas urbanas y rurales.
Realmente la primera postura dice muy poco, describe una conducta social genérica, distinguible en cualquier lugar y época, con altas y bajas. De la segunda, coincidiría con Braudel y Wallerstein, el movimiento se inserta en un contexto de conductas creadas y recreadas en las universidades, hechas posibles por un contexto de desarrollo económico y social permitido por el new deal rooselvetiano y keynesiano, que posibilita a las sociedades mayor nivel de exigencia y participación, aparejado con el desarrollo de la democracia como forma de gobierno, con todas sus limitantes, y de cultura política.
La expansión de este periodo hasta fines de la década de los setenta explica los desarrollos posteriores de la sociedad, de los estudiantes, de los movimientos sociales.
Sin embargo, a inicios de los ochenta, y más específicamente en 1982, se da una vuelta de tuerca al modelo económico y político. En oposición a la categorización de Braudel sobre el movimiento del 68 como Revolución Cultural, acontece una Involución cultural, que se va materializando en todas las directrices prácticas o aplicadas del modelo neoliberal, que pueden caracterizarse, como lo hicieran en su momento Guillén Romo, la CEPAL o René Villarreal, de “Sexenio de crecimiento cero”, “década pérdida” o “etapa de estancamiento”.
Ello porque desde su instauración en 1982, el modelo ha tenido graves consecuencias para la mayoría de la población, beneficiando sólo a unas minoría, aunque todo parece indicar que, al menos en el corto y mediano plazo, se seguirá implantando. Esto no equivale a decir que está en auge, porque tanto en el ámbito económico como en el político, por el escaso logro de las metas que se propuso, así como por los desequilibrios sociales, regionales y comerciales en que devino, se ha manifestado una creciente inconformidad social (EZLN, Atenco, EPR, Tlatlaya, Chalchihuapan, Ayotzinapa) así como los focos de conflicto en el Estado de México, Puebla, y Veracruz.
La polarización del ingreso, las miserables condiciones de vida para las grandes mayorías de la población, la insuficiencia de crecimiento económico, el aumento en el déficit en cuenta corriente y de balanza comercial, la escasa creación de empleos, los bajos salarios, pueden incrementar estos conflictos, sin embargo, la sociedad esta desmovilizada, los estudiantes no reflejan coraje, los trabajadores y amas de casa están enajenados.
En síntesis, no debemos magnificar los aportes del Movimiento estudiantil de 1968, sí debemos tenerlos presentes para que no se repita, pero deificarlos equivale a decir que ya hemos avanzado y no es así. Debemos rescatar el sentido de lucha, de indignación, de protesta. Debemos organizarnos para enfrentar los embates conservadores. No hacerlo nos puede dejar indefensos ante las nuevas luchas que se avecinan.
Bibliografía:
CEPAL, 1996. De la década perdida a la transformación económica, 1980-1995. México, FCE.
FUKUYAMA, Francis (1988) El fín de la historia. Disponible en: http://bioetica.org/cuadernos/bibliografia/fukuyama.pdf
GUILLEN, Héctor (1990) El sexenio de crecimiento cero. ERA México.
VILLARREAL, René (1988) Industrialización, deuda y desequilibrio externo en México. FCE, 1988.
2 DE OCTUBRE DE 1968: LA MATANZA DE TLATELOLCO disponible en: http://mexicodesgraciado.blogspot.com/2007/09/2-de-octubre-de-1968-la-matanza-de.html
El Libro Rojo del 68, La Noche de Tlatelolco (1971) de Elena Poniatowska, Palinuro de México (1976) de Fernando del Paso, Los días y los años, de Luis González de Alba, Nueva Utopía y los guerrilleros de René Avilés (1973), 68 de Paco Ignacio Taibo II, "Parte de guerra. Tlatelolco 1968" de Marcelino García Barragán, Los hechos y la historia (1999) de Julio Scherer García y Carlos Monsiváis, La estela de Tlatelolco de Raúl Álvarez Garín, Nada y así sea de Oriana Fallaci, Tlatelolco 68¨ de Juan Miguel De Mora, "Nuestra verdad" de Leopoldo Ayala (1988), "Lienzo Tlatelolco" de Leopoldo Ayala (1998) y películas como Rojo amanecer (1989), El documental Ni olvido, ni perdón (2004) o el video
Tlatelolco, las claves de la masacre, de Canal 6 de julio.