Vienen ya las elecciones de Estados Unidos, en donde el tema de los migrantes ha cobrado especial relevancia. Estadísticas realizadas en este lustro sobre migrantes (SRE, 2013) mencionan que los principales factores por los que migran las personas son: laboral, reunificación familiar, estudios, visita, vagancia, turismo, tráfico de personas, tráfico de drogas etc.
Los migrantes mexicanos ilegales se ubican en una condición de vulnerabilidad natural, especialmente en la frontera norte, por la continua exposición a zonas de cruce que pone en peligro su vida, debido a la localización, al ambiente, a las características propias del lugar y a las restricciones migratorias de Estados Unidos.
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Uno de los principales problemas que se siguen presentando a lo largo del país, es el relacionado con el número de niños y adolescentes migrantes que viajan sin compañía de un adulto. Un reciente informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia en México (UNICEF) menciona que la afluencia de estos niños y adolescentes creció entre 2013 y 2015. De cinco mil quinientos noventa y seis creció a dieciocho mil, de los cuales el 97 por ciento provenían de Honduras, Guatemala y el Salvador.
Además en el 2015, hubo más de 11 mil eventos de repatriación de niñas, niños y adolescentes migrantes mexicanos desde Estados Unidos. 9 mil 841 viajaban sin la compañía de un adulto, según UNICEF.
Invisibles durante décadas, según Méndez, (2000) de la Rosa elaboró uno de los primeros estudios con este grupo de personas en los años noventa, a partir de los datos de la Casa del Migrante de Tijuana. Encontró que las migraciones de esos niños, niñas y adolescentes, al igual que la de los adultos, siguen trayectos migratorios claramente establecidos, que unen el lugar de origen con las ciudades fronterizas en donde se intentará o se hará el cruce.
Hay ciertos grupos ya identificados de “menores no acompañados” que migran solos a la frontera: Los que tienen la intención de cruzar la frontera a Estados Unidos para reunificarse con su familia; los niño, niñas o adolescentes interceptados en territorio estadunidense y que fueron repatriados solos o con sus amigos; aquellos que provienen de países de Centroamérica cuyo interés principal es el cruce hacia los EU; los que se encuentran involucrados —por propia voluntad o en contra de ella— con redes de tráfico de personas para que guíen el paso de migrantes por la frontera; aquellos vinculados con grupos del crimen organizado para el trasiego de droga o aquellos que son engañados o enganchados para que presten servicios sexuales a adultos.
En buena parte de los estudios de los migrantes en diversas regiones de México, se menciona una especie de “rito de paso” que muchos niños, niñas y adolescentes llevan a cabo. Esto significa que al llegar a la edad de ir al norte, aprenden los elementos de la migración y acceden a un capital simbólico que les permite participar en experiencias migratorias, es decir, de los conocimientos, saberes y estilos de vida que les sirven como marco de referencia para actuar.
En estas poblaciones se sigue presentando cierta tradición con los menores: llegar acompañados por algún familiar o amigo a la frontera y ser entregados a un coyote para el cruce. Ellos especialmente, pueden enfermarse o perder la vida debido a los climas extremos, la falta de agua o comida y el largo tiempo que permanecen en esos lugares debido a las restricciones impuestas en las fronteras.
Este grupo de menores también es mencionado como “menores de circuito”, a diferencia de Europa, en donde se utiliza el término de “niñas, niños y adolescentes separados”. Todos tienen en común que se encuentran sin los cuidados y la protección de sus padres y o de un tutor legal, y que sufren, a nivel social y psicológico, los efectos de esa separación.
Es una constante que en cualquier parte del mundo, todos se enfrentan a riesgos con una mayor vulnerabilidad social. Según Perona, Crucella, Rochi y Robin (2000) esta vulnerabilidad social refiere una condición social de riesgo, de dificultad, que inhabilita e invalida, de manera inmediata o en el futuro en la satisfacción de su bienestar en contextos sociohistóricos y culturalmente determinados.
Las historias de vida de muchos de estos menores, muestra la aplicación de protocolos diferenciados y subjetivos que muchas veces depende de la persona de la Institución que los llega a atender; implica también discriminación, explotación, y a veces, tratados como criminales que los orilla a vivir en clandestinidad y los introduce en un círculo vicioso de violencia. Desafortunadamente, su situación se hace aún más compleja cuando la propia familia interviene, por necesidad económica y se convierte en parte del problema, al avalar las actividades ilícitas que impliquen un ingreso económico.
Como puede observarse, la migración no puede verse sólo como un problema de muro, de quién lo construye y quién lo paga, ni siquiera desde lo que implica el envío de las remesas. Es un fenómeno multifactorial que cruza con la cultura, la identidad y la memoria de muchos mexicanos en diversas poblaciones de Puebla y en muchas otras del país; y en el caso de los menores no acompañados, de toda una estrategia sistémica que tenga como propósito el de velar por el interés supremo de todos esos menores.
Gane quien gane en las próximas elecciones en Estados Unidos, existe la necesidad de volver la mirada sobre nuestros migrantes, en los hechos, no en el discurso. El lunes empiezan los debates, les invito a analizar especialmente este tema.