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OPINIÓN

2018: el modo de ser felices…

Independencia y nacionalidad. Grito y renuncia de EPN. Ruptura entre élite gobernante y ciudadanos

Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Jueves, Septiembre 15, 2016

Los antiguos libros de historia mexicana, sin importar su orientación ideológica, hablaban del surgimiento de la nacionalidad mexicana como antecedente de la independencia. Pero en cierto modo es un mito. Lo que fincó la gesta iniciada en 1810 fue más bien el nacionalismo criollo en pugna con los peninsulares, sobre todo los llamados ‘afrancesados’. El paso del tiempo y la distorsión provocada por la historia oficial, equiparó ‘gachupín’ con ‘español’. Nada más lejos de la verdad porque designaba a los que asumieron el estilo y moda de Francia. Criollos y peninsulares se disputaban el control de los cabildos y las capellanías, lo que derivó en que los primeros comenzasen a reunirse en las llamadas ‘sociedades de pensamiento’, organizando tertulias donde se hablaba de todo, especialmente de lo que catalogaban como injusticias de la Metrópoli dominada por el espíritu francés y, más tarde, por el propio Napoleón Bonaparte…

 

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Fue paradójico: repudiaban lo francés cuando las sociedades de pensamiento tenían ese origen. Desde principios del siglo XIX se volvieron el centro de los proyectos independentistas, sobre todo a partir de 1808. Familias emparentadas y con fuertes vínculos políticos, militares y comerciales, lideraron las reuniones. Veracruz, Xalapa, Córdoba, Orizaba, Puebla, Querétaro, Michoacán y la Ciudad de México, entre otras, testimoniaron la efervescencia de la élite criolla y lo mismo ocurría en el resto de la América española. Algunas de estas sociedades de pensamiento derivaron en verdaderas sociedades secretas cuyo único fin fue lograr la independencia. Pero ninguna formó parte de la Masonería, que llegó tarde al movimiento revolucionario…

 

Luego de sinsabores e intentos fallidos, con premura arrancó el primer proceso con Miguel Hidalgo a la cabeza. Pero pronto la anarquía se apoderó del movimiento, al llevarse el populacho hasta las pesadas puertas de las familias acomodadas. ¿Para qué las querían? Encender alguna hoguera y darse calor en las noches, no lo sé. Hidalgo pudo tomar con facilidad la Ciudad de México pero no lo hizo, encaminándose hacia su fracaso. Curiosamente dentro de la Capital tenía muchos simpatizantes…

 

“El precio de no participar…”

 

¿Qué fue lo que pasó? En lugar de organizar la toma de la ciudad desde el interior, los criollos se encerraron en sus casas. La falta de apoyo interno impidió la consumación inmediata, enseñanza de que no participar favorece el establecimiento de dictaduras o las prolonga. Reflexionando sobre el fracaso, los criollos capitalinos decidieron fundar una sociedad secreta que apoyase al grupo insurgente. Así nació la organización que incidiría en la liberación: Los Guadalupes. Sus integrantes aparecerán alrededor de Ignacio López Rayón, Morelos e Iturbide. Hoy podemos constatar sus firmas en el Plan de Iguala y financiando la independencia. Porque las aventuras revolucionarias cuestan y a veces mucho…

 

La historia ‘seria’ echó al olvido a varios personajes que resultaron esenciales para el éxito. Sobre todo a ‘La Güera Rodríguez’: en torno a la independencia, estuvieron sus amigos, amantes y yernos. Ella fue la que convenció a los conjurados de La Profesa de darle el mando a Iturbide, su amante en turno, y logrado el objetivo, sostuvo a las viudas de la independencia con su dinero…

 

“El Grito: hoy como ayer…”

 

Me quedo con el discurso de Iturbide, cuando dijo que a ellos había tocado decidir el modo de ser libres pero que a todos nos tocaba determinar el modo de ser felices. De entonces a la fecha, han pasado muchas cosas: se desplomó el Imperio de Agustín, nos enfrascamos en las guerras entre federalistas y centralistas, entre liberales y conservadores, perdimos más de la mitad del territorio y nos invadieron, fracasó el Segundo Imperio, tuvimos una larga dictadura liberal y, luego de la Revolución de 1910, otra igualmente prolongada dictadura de partido. En el trayecto, se fracturó la élite criolla y aparecieron diferentes versiones de nuestra nacionalidad, entre ellas el indigenismo, que lo que menos le interesa es el indígena, y el llamado nacionalismo revolucionario…

 

¿Por qué nos ha costado tanto trabajo ser felices? Se suponía era la siguiente parte, al consumarse la independencia. No faltan los que afirman que no hay nada que festejar y creo que se equivocan. Es verdad que hemos padecido los efectos negativos de las ideologías y el flagelo de la corrupción, la delincuencia y la impunidad. Una élite de sinvergüenzas se ha apoderado de las riquezas, de las propiedades más rentables y ha dispuesto de las arcas nacionales a su antojo. De paso se adueñaron del poder con una visión patrimonialista del mismo…

 

Digo que los pesimistas se equivocan porque, pese a todo, también contamos con gente buena, honesta, decente y responsable. Mexicanos que han sacado al país adelante ante los que diariamente salen de sus casas para vivir de la corrupción. Gracias a los primeros, el país se sostiene en pie y puede ver hacia el futuro con esperanza. Porque la esperanza es una promesa, un compromiso que se basa en la convicción de que lo prometido es posible y que las partes están dispuestas a llevarlo a cabo. No es una expectativa ingenua y ñoña de aquellos que no tienen idea de dónde están parados…

 

Ese es el México que se siente decepcionado del gobierno actual y de su Presidente. Peña Nieto es presa de la maldición del demiurgo. Los antiguos griegos creían que todo había surgido por emanación y, en el caso de los dioses, los que emanaban eran menos perfectos que los antecesores. El demiurgo era una divinidad que intentando hacer el bien o corregir, generaba el mal o lo empeoraba. Las negociaciones para las reformas, le hicieron creer al Presidente que pasaría a la historia como un gran reformador y salvador de México. Olvidaron que el principal problema de Peña Nieto es la superficialidad y que un proyecto de tal envergadura requiere de credibilidad y confianza. Iguala, Tlatlaya, Tanhuato, la ‘Casa Blanca’, la ‘Casa de Malinalco’, el plagio de la tesis y otros escándalos, nos mostraron la verdadera situación…

 

“El bipartidismo mexicano…”

 

México vive un bipartidismo pero no entre partidos políticos. Se perfiló conforme nos adentramos en nuestra vida independiente. Es el bipartidismo entre los que aman a México y los que se han corrompido, empezando por las élites gobernantes. Sin embargo, los ciudadanos hemos sido en buena parte responsables. Ha habido etapas de casi nula participación, dejando en manos de unos cuantos las decisiones. No se trata de condenar a unos y alabar a otros. Debemos tender puentes entre fragmentos, entre ellos los que deseen dar marcha atrás y sumarse a la tarea de reconfigurar lo que deseamos para el futuro. De lo contrario, pronto van a prevalecer las rupturas. Hay que darnos motivos para permanecer juntos en la ardua tarea de tener un país mejor…

 

Nos dividen nuestras diferentes forma de pensar, los partidos, las convicciones y creencias religiosas distintas, nuestra forma de vivir y otras cosas. Rumbo a 2018, el voto se enfila fragmentado. En 2012 tuvimos un anticipo pero no lo entendimos cabalmente, sobre todo el Presidente y su Grupo Compacto, al ganar con menos del 40%. No hay consenso y tenemos que lograrlo. Los expertos anticipan que el ganador deberá rondar el 33% y nuevamente el consenso brillará por su ausencia. La corrupción, la violencia delictiva y la impunidad nos están asfixiando. Pero también la propia apatía y la desesperanza…

 

Los hombres del poder no lo quieren entender pero lo anterior es síntoma de que se acerca el momento de sopesar los gobiernos de coalición. Mal haríamos los mexicanos al apostar a una sola propuesta precisamente por la carencia de consenso. Ha llegado la hora de poner límites al poder con vigilancia ciudadana. ¿Cómo hacerlo si nosotros estamos divididos? No se trata de proclamar nuevos conflictos que abonen a la dicotomía político-ciudadano. De origen, ambas palabras son sinónimas. Un gobierno honesto y responsable, unido a la participación de la gente, podría resolver tantas fisuras. Porque en ética política las características del mal son la división, la fragmentación y la ruptura. Mientras en la base subyace la voluntad de poder autorreferencial…

 

“¡Que se vaya Peña Nieto! ¡Que renuncie!”, gritan unos. “¡Mejor que nos quedemos todos!”, digo yo. Pero con integridad, señor Presidente…

 

Hasta entonces…

 

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

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