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EPN o el sexenio cuatrienal… | Juan de Dios Andrade
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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

EPN o el sexenio cuatrienal…

Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Martes, Agosto 30, 2016

Los tiempos del IV Informe se han cumplido. El gobierno de Enrique Peña Nieto ha sido de variables en ruta de colisión. El retorno del PRI a la Presidencia, generó muchas expectativas. Desde las relativas al futuro de la consolidación democrática y una posible restauración autoritaria, hasta las colindantes con al ocultismo, que hablaban del cumplimiento de un vaticinio sobre la llegada de un miembro del grupo Atlacomulco a Los Pinos. Hoy, el panorama es desolador. Desde la noche del 2 al 3 de julio de 2012, las cosas quedaron cantadas al ganar Peña Nieto con menos del 40% de la votación. La mayoría de los electores no lo quería en la Presidencia, lo que pasó fue que el voto opositor se dividió. Con un resultado de tal naturaleza, la estrategia era lógica: debía asumir decisiones y ordenar acciones que produjesen el consenso faltante…

Parecía que lo alcanzaba en los dos primeros años de gobierno. El Pacto por México se convirtió en el símbolo de la concordia entre Presidente, Congreso y partidos. La exitosa negociación de las reformas confirmó lo acertado de las decisiones. El matrimonio presidencial era de ensueño. Él, un político en la cima del poder. Ella, salida del mundo artístico que siempre resulta glamoroso, aunque Peña Nieto haya cometido el error de decir que la escogió de catálogo. Hasta se habló de la recomposición del poder presidencial, debilitado durante Fox y Calderón. Avalado por las encuestas y aplaudido en los foros nacionales e internacionales, fue su momento de gloria. La permanencia del PRI más allá de un sexenio, estaba al alcance de la mano y el pleno dominio del mexiquense en la sucesión presidencial, se avizoraba garantizado… 

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“La noche del derrumbe…”

Pero el sueño se convirtió en una pesadilla. La tragedia de los normalistas fue algo más que ‘la noche triste’ de Peña Nieto. Aunque se diga lo contrario, nadie ha podido demostrar que haya sido el Estado. Pero el Presidente y su Grupo Compacto cometieron tantos desatinos, que terminaron pagando las consecuencias. Es verdad que había un alcalde y un gobernador a cargo de la seguridad pública, pero en Los Pinos nadie previó los alcances de no intervenir a tiempo y en lo más álgido de la escalada golpista, el Presidente se fue de viaje. El camino que parte de Iguala, con escala en Tlatlaya y Tanhuato, hasta llegar a Nochixtlán, ha sido la ruta de la desestabilización. En el trayecto, tenemos la interminable lista de desaparecidos y fosas clandestinas, así como la permanente tanda de violencia delictiva y ajuste de cuentas entre cárteles. Las imágenes de los narcos enfrentando a las fuerzas federales en Jalisco, mostrando su poderío bélico, resultaron lógicas. Le habían perdido todo respeto y temor al Presidente. La fuga del ‘Chapo’ se convirtió en la viva imagen de un gobierno rebasado, cuya recaptura no pudo subsanar…

Si lo anterior quebró la percepción de eficacia, seguridad y estabilidad, la ‘Casa Blanca’ fracturó la credibilidad y confianza en el gobernante. La absurda idea de ‘lanzar a la Primera Dama a los leones’, arruinó el maquillaje de la señora para siempre. Los dos departamentos en Miami sellaron toda posibilidad de recuperación. Los escándalos de otras casas pegaron de lleno en el Grupo Compacto, especialmente en Videgaray y Osorio Chong. Para entonces, Peña Nieto caía en picada en la opinión pública. Hasta la fecha, no se ha podido recuperar y cada encuesta confirma su debacle, anticipando la pérdida del poder. El hartazgo ciudadano parece incontenible y para completar, la reforma energética, bloqueada por el PRI en los dos sexenios anteriores, coincidió con la caída brutal de los precios del petróleo…  

“El control de la sucesión presidencial…”

Antes, el PRI era identificado con la corrupción y de alguna manera sigue siendo así. Pero al preguntarle al elector por quién iba a votar, contestaba que por el PRI. Esa ‘esquizofrenia ciudadana’ quedó atrás. Presidente y Partido se hunden uno al otro camino a la sucesión presidencial. Está claro que la mayoría de los electores ha dejado de creerle, al margen de lo que haga. Su caso se asemeja a un restaurante al máximo de su capacidad: todavía no termina de comer y ya tiene al lado al siguiente comensal. Sobre la marcha, el sexenio devino en cuatrienio. Así llega a su IV Informe de gobierno: con una sucesión adelantada que, de facto, liquida al gobierno en turno. ¿Cómo será de aquí a 2018? Esa es la gran incógnita. Se suponía que debía llegar al máximo de su poder para conducir la sucesión presidencial y, por el contrario, arriba muy debilitado, hecho girones…

La disputa en el escenario de una sucesión adelantada es por la conducción. Eso es lo que sus adversarios quieren arrebatarle y la confrontación es dentro y fuera del PRI. Las rupturas son verticales y horizontales. Al forcejeo con Manlio Fabio Beltrones, le han acompañado otros con los gobernadores, envueltos a su vez en escándalos por presunta corrupción. Lo peor es que la mayoría de los casos apuntan al interior del Partido. Las elecciones de 2015 fueron un respiro, pero las de 2016 han sido un estrepitoso fracaso para ellos. Hay que sopesar las posibilidades de José Antonio Meade y Aurelio Nuño, pero nadie del Grupo Compacto parece estar en condiciones de ganar la Presidencia. Peña Nieto tendrá que valorar abrirse a una opción femenina o dejar todo en manos de Manlio Fabio, que a su vez tiene su propia carta femenina en caso que él no pueda. Pese a la derrota del 5 de junio pasado, nadie culpa al sonorense sino al desplome de la imagen presidencial…

El Presidente arribó al IV Informe con una serie de encuestas que anuncian la pérdida del poder en 2018 y la consolidación del PAN como alternativa, aunque López Obrador se mantiene en la pelea y no debemos descartar la vía ciudadana. La oleada de los electores imposibilita el control de 2018…

“Un asunto de seguridad nacional…”

El contexto de la sucesión presidencial revela un problema de seguridad nacional, empezando por la ingobernabilidad. Peña Nieto afirmó que sus dos reformas clave eran la energética y la educativa, ambas en jaque el día de hoy. La CNTE y CETEG, junto con facciones libertarias, los especialistas en demoliciones y generadores del caos, así como grupos de ‘línea dura’, nos han mostrado a un Presidente y Secretario de Gobernación aprisionados. Mantienen bajo estado de sitio Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, así como a la CDMX con tantas marchas, bloqueos y plantones. Incluyen golpes de precisión a centros turísticos, lo que impacta en las finanzas y en la imagen internacional, mientras el Presidente no da señales de poder resolver los desafíos…

El operativo que culminó en el secuestro de los hijos del ‘Chapo’ tiene una doble lectura: refleja la lucha de poder entre los junior de las cabezas delictivas, pero que ocurra a días del Informe es una falta de respeto al poder presidencial. El epicentro es Sinaloa, que conecta con la disputa por Nayarit y Jalisco, así como con Durango y Chihuahua. Se avecinan tiempos difíciles…

La estrategia de los desestabilizadores y de la delincuencia organizada, se encima con otra confrontación de poderes fácticos. El de Sonora apuesta a su alianza con los gobernadores a disgusto y a controlar la cara occidental del país, organizando la marcha sobre el poder central. El Grupo Compacto hace lo propio en la parte oriental con la intención de liquidar a Beltrones. Toda una combinación nada recomendable ni para el Informe de Gobierno ni para una sucesión presidencial adelantada. Sin embargo, el principal problema de seguridad nacional es la propia debilidad presidencial. Nunca antes había sido tan grave y un gobernante débil podría fincar el escenario para un hombre fuerte que ejerza el poder. Tan riesgosos son los adversarios mencionados como un Peña Nieto desmadejado…

“El juego desestabilizador…”

Desde lo ocurrido en Iguala, existe un proceso desestabilizador que el Presidente y su Grupo Compacto no logran resolver ni neutralizar. Las posiciones se radicalizaron con el objetivo de doblarlo en el contexto del IV Informe y en Los Pinos prevalece la desorientación. La estabilidad es toral para la persistencia y permanencia en el poder. A los agentes del caos no les interesa la reforma educativa. Su agenda se inserta en la lucha por el poder rumbo a la sucesión presidencial y el mexiquense se encuentra atrapado en un círculo vicioso. Es evidente que ha perdido la confianza ciudadana y carece de una estrategia viable que le lleve a recuperarla. Tuvo otra oportunidad con la ‘Ley 3de3’ pero pretender que abarcase a los particulares arrojó de nuevo la sombra de la duda y la sospecha en torno a él y sus allegados. La ‘arregladita’ a la situación de pobreza, orquestada mediante el INEGI y rechazada por el CONEVAL, dejó en vilo la credibilidad de los datos oficiales. Los señalamientos de Carmen Aristegui en torno al presunto plagio de la tesis de licenciatura de Peña Nieto, termina de erosionarlo…

En su cuarto año, el sexenio de Peña Nieto se encuentra técnicamente acabado. Los aspectos económicos, agravados por los desmanes de los desestabilizadores, abonan al hartazgo ciudadano. Ser permisivos en el cumplimiento de la ley, potencia la ruptura del marco legal y abre espacios a la acción delictiva. La tan anunciada estrategia contra la delincuencia organizada fracasó y no fue tan nueva como dijeron. El último año de cada gobierno era de soledad para el presidente saliente. Peña Nieto lo comienza a vivir desde el cuarto. Contrario a los que festinan, pienso que esto jamás debió ocurrir. No fue buena idea mezclar política y glamour porque México es algo más que una élite gobernante con propiedades de novela, trajes costosos, viajes y recepciones de lujo, o que profesionales del caos sembrando conflictos. Detrás de tantos problemas también hay mucha gente buena, sencilla y honesta que espera de sus gobernantes al menos un poco de honradez y de decencia…

Sigo creyendo que el poder no cambia a la gente. Te la muestra tal cual es. En algunos, brotan sus deseos más torvos y siniestros, pletóricos de resentimientos y bajezas. En otros, la vocación y sentido de la política afloran a plena luz del sol, como un hermoso jardín que se nutre con agua cristalina…

Hasta entonces…


[Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios del poder. Autor de la columna Confines Políticos.]

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