Sr. Miguel A. Osorio Chong:
Usted ocupa el cargo público más importante del país ─después del presidente de la república─ de uno de los gobiernos más nefastos que ha padecido México en los últimos 46 años. Encabezados, en sus respectivos sexenios, por Luis Echeverría, José López Portillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y ahora, de manera indiscutible, por Enrique Peña Nieto. El peor de ellos.
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Peña Nieto y usted han demostrado gran habilidad para obtener beneficios personales de empresas constructoras, a quienes discrecionalmente adjudicaron contratos millonarios de obra pública, siendo gobernadores de los estados de México e Hidalgo, respectivamente.
Desde la Presidencia de la República, Peña continúa beneficiando a su contratista predilecto, propietario del Grupo Higa.
Usted, por su parte, según lo ha documentado el semanario Proceso, usufructúa una mansión en las Lomas de Chapultepec, que le proporcionó un constructor hidalguense. Por si esta prebenda no fuera suficiente, su esposa, la señora Laura Vargas Carrillo, cobra en la nómina del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), un sueldo que ronda los 200 mil pesos mensuales.
Para hacer negocios y obtener prebendas personales, o asignárselas, usted y el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, son buenísimos. Pero pésimos para gobernar.
El país se les está desmoronando en las manos ustedes gozando de tranquilidad.
Cuando el nivel de la inquietud social producida por los sangrientos acontecimientos ocurridos la semana anterior, en Nochixtlán, Oaxaca ─donde fallecieron 8 personas─, aún no disminuía, a Peña Nieto se le ocurrió viajar a la ciudad de La Habana para ser testigo de honor en la firma del Pacto de Paz, suscrito por el gobierno de Colombia y la milenaria guerrilla de ese país.
¡Vaya desvergüenza y desfachatez del presidente de la república. Mientras una parte del sur del país que gobierna ─o mejor dicho, desgobierna─ se incendia, él huye de México para desempeñar, en Cuba, el triste papel de candil de la calle y oscuridad de su casa!
La irresponsabilidad del “presidente” Peña, no terminó ahí. Más tardó en retornar a la ciudad de México, que montarse nuevamente en el lujoso avión presidencial ─“que ni Obama tiene”─ para acudir a refugiarse, aunque sea unos cuantos días, en Canadá.
Ahí, con la tranquilidad y valor que le otorga la distancia y en alusión al conflicto que tiene su gobierno con la CNTE por el asunto de la reforma educativa, declaró que su gobierno “no caerá en ninguna provocación”. Añadiendo que “se mantiene en la actitud de tender puentes de diálogo, de entendimiento y de busca de soluciones”
Pero una cosa es lo que Peña dice y otra la que hace o deja de hacer.
El colmo del cinismo y de la falta de sensibilidad del presidente Peña. Se dejó retratar por las cámaras de los medios informativos ─nacionales y extranjeros─, trotando en un puente del río Ottawa, al lado del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Enfundados en ropa y zapatos deportivos, mientras la CNTE destroza al país impunemente.
Promoviendo bloqueos simultáneos y permanentes en las principales carreteras de Oaxaca. Ocasionando escasez de gasolina, desabasto y encarecimiento (hasta de 70%) de los alimentos básicos. Particularmente, en poblados de mayor marginación social, donde radican las personas más pobres.
En tanto el Consejo Coordinador Empresarial convoca a la disidencia magisterial a reanudar las clases, quejándose que los comerciantes, hoteleros y restauranteros de la ciudad de Oaxaca, han sufrido pérdidas por más de mil 700 millones del 15 de mayo a la fecha, militantes o simpatizantes de la CNTE, retienen, vejan y amenazan con prender fuego a policías federales, los regidores del municipio de Nochixtlán demandan la presencia del ejército mexicano en ese lugar.
Hasta el secretario de Desarrollo Social, José A. Meade, reconoce que los bloqueos de carreteras impiden que el sistema de transporte de Diconsa surta oportunamente los productos básicos que requieren sus tiendas rurales. Y Pemex, por su parte, admite que la refinería de Salina Cruz está riesgo de paralizar sus actividades.
Chiapas, padece de escasez de alimentos básicos y de gasolina semejantes a los de Oaxaca. En Michoacán y Guerrero la situación es menos grave.
Todo esto sucede en la zona más vulnerable del país y el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, viajando por mundo, como si en México nada malo ocurriera. Usted, por su parte, señor Miguel Ángel Osorio Chong, se le va vida haciendo alarde de su ineptitud.
Se supone que debe saber que, por ocupar ─aunque sea inmerecidamente─ el cargo de secretario de Gobernación, está bajo su responsabilidad ─o mejor dicho, bajo su irresponsabilidad─ la ineludible obligación de mantener la gobernabilidad del país.
Sin embargo, en los 3 años y medio que tiene en ese importante puesto público, no ha hecho nada a favor de la gobernabilidad.
Ni siquiera se ha enterado que la CNTE pregona, con plena libertad, entre los padres de los alumnos de Educación Básica, el rumor que con la Reforma Educativa del gobierno peñanietista van a tener que pagar colegiaturas y comprar los libros de texto que son gratuitos.
También ignora, secretario Chong, esos pillos, además, engañan a la gente asegurando que el servicio de energía eléctrica se va a encarecer.
Con estos falaces rumores, la CNTE se hace de adeptos, sin que ninguna autoridad haga nada por aclarar esos infundios. En ese terreno, el gobierno ha perdido otra batalla.
Debería saber, señor Chong, que por razones de SEGURIDAD NACIONAL, todos los países del mundo, sean democráticos o antidemocráticos; socialistas o capitalistas; dictatoriales o anti dictatoriales y liberales o anti liberales, cuentan con un aparato de fuerza pública ─compuesto por ejército, marina y policía─ para preservar el Estado de Derecho y gobernabilidad en sus territorios.
Imponer el orden y aplicar la ley, haciendo el uso adecuado y racional de esa fuerza pública, no equivale a reprimir la protesta social, fundada o infundada.
Aquí, en México, el Estado de Derecho y la gobernabilidad son inexistentes por la cobardía e ineptitud del gobierno de ENRIQUE PEÑA NIETO.
Muchos mexicanos estamos hasta el copete ─y no me refiero al copete del presidente Peña─ que todos los días, a todas horas y en todas partes se cometa el delito de ataques a la vías de comunicación (en su modalidad de bloqueo de calles y carreteras) y no se detenga ni se procese a los delincuentes de la CNTE.
Estamos hasta el copete que los profesores de la disidencia magisterial roben autobuses de pasajeros y los incendien. Estamos hasta el copete que cuantas veces se les ocurre, esos delincuentes que desprestigian a los verdaderos maestros, roben mercancías en almacenes y tiendas de auto servicio y destrocen cuanto edificio público y privado se cruza en su delincuencial camino.
También estamos hasta el copete que asalten e incendien camiones distribuidores de alimentos.
Todo esto ocurre, por la permisividad gubernamental mientras México se desmorona, día tras día, por culpa de pésimos gobernantes, como el presidente Peña Nieto y usted, señor Miguel Ángel Osorio Chong.
Además, en su carácter de secretario de Gobernación, también es culpable del desastre que existe la zona donde se encuentra ubicada la Segob.
Zona delimitada, por el polígono que forman, al norte, el eje vial compuesto por las avenidas Paseo de la Reforma y Juárez, al sur avenida Chapultepec, al poniente calle de Versalles y al oriente avenida Balderas.
Se trata de una importante área de la ciudad de México, que desde el 1 de diciembre del año 2000 hasta el día de hoy, quienes han ocupado el cargo de secretario de Gobernación, han convertido en zona de desastre económico, comercial, vial, peatonal y por si esos perjuicios no fueran suficientes para dañar a la capital del país, hay que añadir que los congestionamientos viales, ocasionados expansivamente, por el cierre de calles que ordena la Segob, contribuyen innecesariamente a elevar los índices de contaminación ambiental.
Desde la administración de Santiago Creel ─que al iniciar el mandato de Vicente Fox inauguró el cierre, arbitrario e ilegal, de las calles que forman ese polígono, hasta la administración suya, ciudadano Chong, esta zona es un caos. Con usted, el problema llegó a su más alto nivel de gravedad.
Tal vez, por tener poco tiempo de vivir en la capital del país, no ha tenido oportunidad de enterarse que la avenida Bucareli, después de la avenida Insurgentes, es una de las vialidades de mayor longitud e importantes de la ciudad de México.
Seguramente, porque esta avenida que pasa exactamente frente el balcón de su oficina oficial ─no de la oficina alterna que para comodidad suya tiene en Virreyes─ siempre ha estado cerrada al tránsito de vehículos, no se ha enterado que en ella circulan tráileres y camiones de carga que vienen del norte y centro del país, con destino al sur. Desviar estos vehículos a calles estrechas, aledañas a la Segob, crea, diario y a todas horas, descomunales congestionamientos viales.
Debido a que el libre tránsito de peatones que garantiza la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos ─a todos los mexicanos─ se parece más a una ficción que a una realidad (el 90% o 95%) de los establecimientos comerciales de esa zona, se han visto obligados a cerrado sus puertas, por falta de clientes.
Una distribuidora automotriz de una de las plantas ensambladoras de autos y camiones más importantes de Estados Unidos ─que durante varios lustros estuvo situada en la contra esquina de su oficina (Abraham González y General Prim) tronó económicamente por el mismo motivo y con la misma efectividad que tienen las bombas molotov que las huestes de la CNTE lanzan a inmóviles policías en las ciudades de Oaxaca, Tuxtla Gutiérrez, Chilpancingo y Morelia.
Si esa empresa no sobrevivió al cierre de las calles aledañas la secretaría de Gobernación, entenderá, señor Chong, el motivo que ha obligado a los propietarios de los pequeños negocios de esa zona a cerrar las puertas de sus negocios.
Qué más puedo decirle, ilustre secretario de Gobernación del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, si no es capaz de desempeñar eficazmente las funciones que le mandata la ley ─como ha quedado demostrado, ampliamente, durante los casi mil 300 días que tiene de cobrar un elevado sueldo sin devengarlo─ sino que para no causar más daño, cuanto antes,
¡RENUNCIE!
Como es una petición que le hago, pacífica y respetuosamente, en los términos que establece el artículo octavo constitucional, usted, en su carácter de servidor público, está obligado a darme la respuesta, en breve tiempo.
Raúl Espejel Pérez
Correo electrónico: resp35@yahoo.com.mx