Terminan las campañas, el próximo fin de semana son las elecciones y creo que estamos peor que cómo empezamos. Vamos como en un túnel pero al final no hay ni sorpresa, ni luz, ni un paisaje distinto.
No se trata de regodearnos en una narrativa pesimista. Explicar lo que nos rodea no es ser aguafiestas ni predicador del infortunio.
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Es la realidad, describimos un estado y un país que da tumbos y no ofrece esperanzas de cambio. Los partidos y actores azuzan a públicos cautivos. Estos cada vez son menos espontáneos, si alguna vez lo fueron. Aquellos cada vez se empeñan en gastar más y más para mover a la gente.
Gran parte de la clientela partidaria se mueve con recursos. Las dádivas se multiplican y así operan casi todos los partidos y los gobernantes, sin importar color. El dinero para votantes y regalos proviene de los impuestos que la gente paga. Estamos entonces en un círculo vicioso de actores que son los mismos.
Con esos mismos recursos se induce o compra el voto. El pago incluye los servicios de los órganos electorales, sea para salvar a un partido, para proteger de sanciones o encubrir a otro, o para amañar elecciones. Cada esfera de poder tiene los medios para doblar a los que organizan y certifican las elecciones.
De la misma bolsa salen jugosos recursos, también, para callar medios o volverlos cómplices. Éstos, ordeñan a los poderes a quienes realmente sirven, jamás a los lectores, radioescuchas o televidentes. No operan todos así, pero sí la mayoría. Ello no impide que al amanecer presuman de libertad, independencia y artífices de la verdad.
Y en este teatro, quienes mueven los hilos allá arriba son los mismos. Son los partidos y gobernantes cada vez peor calificados, carentes de confianza, credibilidad y respaldo. Pero tienen el poder, llegaron con votos y legitimados por la autoridad electoral.
¿Y qué producen? , ¿cuál es el resultado de todo esto que se recicla? Nos lo acaba de decir el INEGI: el 90 por ciento de la población está harta de la corrupción. Inseguridad y delincuencia; corrupción, desempleo y pobreza, son los cuatro jinetes del apocalipsis mexicano.
Este calvario se arrastra sexenio tras sexenio. Federación y estados son la misma cosa.
Este producto, con distintos matices, nos lo dan todos los partidos, en toda la geografía del país y en todos los niveles.
Hoy vienen las elecciones. Hemos dicho que los actores y sus métodos son idénticos al paso del tiempo. Lo cubren con páginas de periódico e imágenes de televisión y entrevistas o spots grabados, en los que repiten al infinito lo mismo: “me calumnian, mienten, esa no es mi voz, esas propiedades ya las tenía, deforman y malinforman sobre mi trabajo..” _Esas y más zarandajas parecidas son el lenguaje del cinismo. Que lo lanzan al viento tan campantes una y otra vez.
Y así opera el diario acontecer mexicano.
Debajo de la pirámide del poder, o se reproducen los vicios de arriba en distintas escalas, o se dan brotes de desesperación y acción directa.
En cuanto a lo primero, gozan de cabal salud estructuras sindicales viciadas, alcaldes tan corruptos o más que sus padrinos; poderes fácticos, servicios o gremios aceitados por el mismo lubricante “corrompetodo”.
En relación con lo segundo, las fuerzas de autodefensa, las policías de auto protección en las comunidades, la multiplicación de cuerpos de seguridad privados, y la justicia por propia mano con linchamientos urbanos o rurales son cada vez más comunes por todos lados.
Todo esto, no se corrige con las elecciones. El cambio de gobernantes no ha traído cambios de formas, métodos y resultados. Viendo esta realidad, la gente las considera cada vez con mayor desinterés. Y desde las cúpulas, nadie mueve una pieza para desarticular este aparato, que tiene rechonchos y orondos a sus padres y beneficiarios.
…Y sin embargo se elige. Y otra vez, por inercia, tradición, dinero “ o por no dejar”, se vota, para desencantarse al poco tiempo con los que llegan. Y meterse nuevamente al sueño trianual o sexenal, al laberinto del auto engaño y simulación.
Pero tanto tensar la cuerda hará que esta se rompa. No sabemos cuándo, puede ser cualquier día. Es la ley natural de las sociedades…
(EL LIBRO “DICHOS Y REFRANES DISFRAZADOS”, ESTÁ EN EL PUESTO DE PERIÓDICOS DEL PORTAL, FRENTE AL SALÓN DE PROTOCOLO)