Con el paso del tiempo entiendes que la disciplina es parte fundamental en la vida. En la casa, tus padres; en la escuela, tus maestros y los más exigentes casi siempre marcan tus recuerdos estudiantiles.
Si en cuarto de primaria la maestra reprobaba a la mitad del grupo es que ponía a prueba las capacidades de sus alumnos para aprender y comprender las materias. El esfuerzo no era aislado porque involucraba a los padres de familia a formar parte de ese proceso cognitivo. Es por eso que con gran cariño recuerdo a la maestra Lourdes Salomón.
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Y en secundaria al Director y Profesor Jorge Ismael Pérez Garrido, quien impedía a los estudiantes caminar a la mitad del pasillo, ni cabello crecido a los hombres ni maquillaje a las mujeres. En más de una ocasión mandó a lavar la cara a varias compañeras, deshizo "parejitas" y regresó a su casa a varios por llegar 3 minutos tarde, después de las 7:50 de la mañana.
Imposible olvidar cuando el salón completo tuvo que asolearse más de medio día en el patio de la escuela como castigo a una guerra de gises que desató la ausencia de un maestro. El profesor Garrido era implacable con el reglamento, apasionado en sus clases de Historia, escrupuloso con la ortografía y formador de muchas generaciones.
En la prepa, la maestra Beti parecía disfrutar vernos en examen extraordinario, sobre todo en 14 de febrero. No permitía risas ni murmuros en su clase y bastaba una operación de trigonometría ó cálculo para ponernos en aprietos durante sus exámenes sorpresa.
De kínder a preparatoria en el Instituto Carlos Pereyra viví grandes momentos de mi vida, la gran mayoría eran maestros comprometidos con la enseñanza, preocupados y ocupados de sus alumnos. Cada quien a su estilo pero procuraban sembrar en nosotros algo más que una buena calificación.
Este 15 de mayo pensé en mis buenos maestros y lamenté que la figura del profesor sea devaluada por quienes en la 'defensa de sus derechos' ponen de rodillas a la educación en sus estados, sin importarles que esos niños con legítimo derecho a estudiar encuentran reiteradamente sus aulas cerradas y la imposibilidad de progresar en la vida.
La educación es conocimiento y el conocimiento es una herramienta valiosa para alcanzar metas profesionales y bienestar. Los maestros paristas saben el daño que generan a esos niños - la mayoría en condiciones de pobreza- porque no tendrán las mismas oportunidades que otros y vivirán las consecuencias del atraso en todos sentidos.
Si la reforma educativa daña o no sus intereses tienen derecho a buscar vías de solución pero no a costa de los estudiantes. Sin educación, el futuro es incierto. Las competencias laborales son cada vez más exigentes y el sistema educativo en México no puede perder más tiempo. El gran problema fue contaminar la educación con la política y quitar esos privilegios no terminará en este sexenio.
Aún así vale la pena recordar a los docentes comprometidos con su labor humana y profesional. El maestro debe mantenerse como máxima autoridad en un salón de clases, hacerse respetar con argumentos y no con amenazas. Los niños y jóvenes necesitan modelos a seguir, no los defrauden.
El crecimiento nacional se forja con la educación de calidad y aunque falta camino por recorrer, los maestros eficientes y responsables que no se prestan a prebendas electorales ni ceden a presiones sindicales deberían ser los premiados; en vez de los oportunistas y barberos.
Mi reconocimiento a quienes en la adversidad han logrado cumplir el objetivo de formar mejores ciudadanos. En gran medida por esos buenos maestros que no saltan a la fama en redes sociales ni se codean con el poder pero asumen su vocación con responsabilidad y cariño, es que el país no se hunde.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty