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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Con la boca abierta

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Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Mayo 13, 2016

Él sabe. Yo sé. Él no sabe que yo sé. Yo sé que él no sabe que yo sé. Y así jugamos, él a tapar lo que le sucede, y yo a que me engaña con sus historias.

Tiene buen carácter. Siempre alegre, vivaz, bromista. Excelente profesionista. Hasta los ©viene-viene© de ahí de por su rumbo, reconocen que es muy bueno y, además no abusa en cobro con sus pacientes.

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Su prima me lo recomendó y me confió lo que ahora sé. Se descontroló absolutamente con la noticia de su padecer. Lo conozco poco y pensé que podría caer en depresión. Supe que dijo: “Ya para qué” y se desapareció del mapa por más de un mes. Desde Semana Santa.

Tiene un gusto: el alcohol. Bebe desde joven pero estaba jurado. Se había compuesto, dicen los que lo conocen. Llegaba a su consultorio recién salido del baño de vapor que le encanta, y acicalado. Pero el juramento le duró hasta que tuvo una pena que ahogar. Antes lo hacía por placer, ahora por dolor. Cuando se tiene un gusto, un gusto es y el dolor y el padecer caben en él. Ni pedo.

Cuando me siento a esperarlo ©a ver si llega© platico con los ©viene-viene.© Lo conocen de antaño, “desde que puso su consultorio, --cuentan--. Sabe—me dicen—es muy ©requetebueno.© Así, los clientes como ©usté,© lo esperan y lo esperan, no importa que no llegue, al otro día regresan. Luego lo ven pasar como duende, de aquí para allá y de allá para acá, va tomado y así medio ©mariado.© Y sólo les dice que después los consulta. Ahora quién sabe qué le pasó, por qué anda así.”

Ellos no saben. Yo finjo que no sé. Ellos no saben que yo sé y finjo demencia. Les respondo que no sé, y lo conozco poco, que su prima me recomendó y que sí sé que es muy ©requetebueno.© Por eso lo espero. Y sé que no me va a quedar mal. Por eso, si tengo suerte, llega y me atiende o me da cita para después, cuando él considere que estará bien.

Tenía curiosidad de saber cuánto y cómo le había cambia el ánimo. Lo vi cimbrado y feliz. De alguna manera salió la plática sobre un muchacho que se suicidó por alguna razón. Nunca se supo por qué. Dijo; “¡Qué pendejo es!,  si la vida es lo más hermoso que nos puede pasar.” Yo, haciéndome pendeja, que no me cuesta y ya me sale cada vez mejor, respondí: “Ajá”, y seguimos el juego de que platicamos de lo que no platicamos que él ni imagina que ya sé lo que él sabe, pero fingimos que ninguno sabe nada y los dos felices de vernos porque mientras me arregla mis dientitos, sólo puedo tener la boca abierta.

alefonse@hotmail.com

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