Con sus características propias, en muchas latitudes se registran fenómenos que indican el tipo de problemática que aqueja a los hombres del poder y a los que aspiran a gobernar. De un lado, hay síntomas de dispersión y ruptura. Del otro, aparecen nuevos ejes de cohesión o cobran importancia algunos ya existentes. Pero no se trata de un simple intercambio, sino de la realidad política inaugurada por la era global. En México, el trato tan absurdo que se dio al caso de los 43 normalistas confirma lo que hemos abordado en diversas entregas: hicieron que la verdad se tornase irrelevante. La polémica en torno a la PGR y Tomás Zerón, aunado a los desmentidos del GIEI, la EAAF y la ONU, parecen dar la puntilla a la vapuleada credibilidad de las autoridades. Los señalamientos de The Economist sobre a quién se estaría encubriendo, siembran la duda en todo lector. Lo grave es que, con tantos dimes y diretes, restaron importancia a lo que digan las instancias federales. De todos modos, nadie les cree. Se ha roto el consenso frente a la veracidad gubernamental…
En Venezuela, la recolección de firmas para el revocatorio de Nicolás Maduro culminó en una ola de repudio al régimen chavista. Con facilidad y pese a la resistencia de las autoridades incondicionales, la oposición rebasó el millón de firmas. Muy por encima de la cantidad requerida por la ley. También se fracturó el acuerdo alrededor de la élite chavista. Tanto en México como en Venezuela y otros países, a veces la cohesión se da contra alguien o a favor de otro proyecto. El mensaje de los venezolanos fue claro y contundente: quieren que Maduro se vaya y explorar nuevas posibilidades desde la hoy oposición. La situación es tan grave que, en el estado de Lara, detuvieron a seis funcionarios militares acusados de robar chivos. Los motivos no pudieron ser más penosos: ya no tienen comida en el Fuerte Madaure. De un tiempo a la fecha, Maduro abandonó a su suerte a las instituciones castrenses y de seguridad pública. Cada semana la delincuencia realiza ejecuciones con toda impunidad. No es casualidad que la oposición juntase tantas firmas. Nicolás no es Hugo Chávez y no queda ni sombra de la fortaleza chavista de ayer…
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En Colombia no han superado el disenso por el perfil de las negociaciones de paz y continúan las acusaciones contra grupos guerrilleros por presunta comisión de delitos. El gobierno y los grupos políticos y civiles no se han puesto de acuerdo en el equilibrio que debe guardar la paz y la justicia. O si se prefiere: la paz sólo se alcanza mediante la justicia. En Ecuador, el terremoto metió al gobierno populista de Correa en un escenario complicado. La presión social va en aumento y el chavismo no está en condiciones de prestarle ayuda como antes. Perú y Bolivia completan el cuadro de debilitamiento extremo del consenso y la cohesión social…
En su momento, Brasil y Chile vieron en la ruta femenina un principio de solución, pero lo que le ocurre a Dilma y Bachelet nos alerta de que no basta ser mujer para lograr un futuro mejor para cada país. Las encuestas muestran el empantanamiento de las dos. No remontan en aprobación y las alcanza la sombra de la corrupción…
En España, las nuevas elecciones prueban que hay un claro desacuerdo ciudadano de cara al futuro. Pero sobre todo en las izquierdas que suman mayoría en los resultados de diciembre, pero aglutinadas en distintos cauces. El principal error de Pedro Sánchez consistió en no tener claro cómo resolverlo. Ni era una sumatoria, ni un juego estratégico sobre el ‘dilema del prisionero’. ¿Habrá alguien capaz de alcanzar el consenso, primero entre electores y, de no ser así, entre los partidos? La cita quedó para el 26 de junio…
“La democracia desbordada…”
En muchas partes, empezando por los países mencionados, está muriendo la democracia emanada de la Modernidad. Las expectativas y reclamos ciudadanos la han desbordado. Cada vez resulta más difícil mantenerse en el poder a la ‘antigüita’ y Maduro lo está viviendo en carne propia. Ciudadanos con acceso a comunicación e información como nunca antes, sistemas de control de los gobiernos que han dejado de ser efectivos, volatilidad de la opinión pública y crítica ciudadana a la alza, pluralismo que con facilidad conduce a la fragmentación y márgenes para la manipulación, imperio de los plazos cortos en el ejercicio de gobierno y en la lucha por el poder, tendencia a la participación positiva o como voto de castigo, al igual que una despolitización…
Hay una crisis moral de dimensión global y no me refiero a ‘moralismo’, sino a que el bien común se ha desdibujado del horizonte cultural. Élites políticas corruptas que sólo actúan en provecho propio y ciudadanos hartos de lo que hacen. En el forcejeo, el bien común queda de lado. La ruptura del consenso implica todo lo anterior. No es un conteo de votos luego de una elección. La decisión ciudadana se unifica contra el que gobierna, a favor de otra propuesta o se fragmentan. México y Venezuela reflejan de una manera especial lo que ocurre cuando se rasga el tejido social: se desata el caos y la violencia delictiva. No faltaron los que creyeron en controlar la situación por vías distintas a la ley y en ambos casos las consecuencias son graves…
En Venezuela, por un camino u otro, la sociedad no percibe lo bueno en los hechos. Al contrario, ve en el chavismo la causa de sus desgracias. ¿Qué lleva a un gobernante a confrontarse con su propia ciudadanía? En apariencia, el revocatorio es una ruptura con el chavismo, porque realmente la cosa fue al revés. Fueron los chavistas, sobre todo los más radicales, quienes rompieron primero con la sociedad…
México lleva décadas de desencuentro entre gobiernos y ciudadanía. Antes se pensaba que cuando el Presidente decía algo, había que entenderlo en sentido contrario. Con el asunto de los 43 normalistas, el país parece brincar al pasado pero en una paradoja: nadie ha probado que el gobierno de Peña Nieto haya tenido relación alguna con los sucesos de Iguala. Ha sido la conducción errática de cara a la opinión pública lo que ha dado margen para quebrar la confianza. El resto lo ha hecho la acción de los profesionales de la desestabilización…
El mundo necesita un sistema democrático más acorde con las nuevas realidades de la globalización. De distinto modo, México, Venezuela, España, Brasil y muchos más, nos encaminamos a los relevos en el poder. No es sólo ganar o perder: tenemos que hacer viable a la sociedad en la conectividad. Al margen de sus perfiles específicos, la democracia global debe fincarse en el ser humano y en el respeto a su dignidad…
“El flagelo del nihilismo…”
Detrás de la violencia delictiva y terrorista, están el odio y el rencor. Pero no de cualquier tipo. Presenciamos el despliegue del nihilismo, del deseo de la destrucción a gran escala. La crueldad con que se actúa es una guerra declarada al amor humano. De paso, se da un golpe severo a la esperanza. Los expertos afirman que el futuro se puede afrontar mejor conociendo el propio pasado. Vean al terrorismo islamista destruyendo vestigios y edificaciones antiguas. Observen a las autoridades de Madrid ‘borrando’ parte de la historia. Por ruta violenta o pacífica, guardan relación al intentar mutilar la Historia. Quizá algunas cosas te desagraden, pero el pasado debe ser asumido y sopesado como fue. Lo otro es una imagen sin soporte ni veracidad. Para Hobbes, un hombre sin esperanza es fácil de controlar. El panorama fuera de control potencia las posibilidades de una salida autoritaria…
Estamos muy lejos del optimismo de los inicios del globalismo, pero no significa que todo esté perdido. Es absurdo pretender detener los avances tecno-científicos. Lo que hay que hacer es configurar la realidad global, de tal forma que podamos vivir plenamente como seres humanos…
Hasta entonces…
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