Una de las demandas sostenibles de los maestros e investigadores educativos dentro de la llamada Reforma Educativa, es precisamente la necesidad de nuevos planes y programas de estudio en todos los niveles y modalidades.
El currículo escolar en nuestro país ha tenido cambios, pero actualmente los retos y desafíos dentro de la educación escolar se manifiestan especialmente y con mayor intensidad, en el tema curricular.
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El currículo escolar no es más que la concreción de un proyecto social y cultural formulado en términos de intenciones educativas y de medios para conseguirlas y es lógico que ante las nuevas prácticas socioculturales, deba revisarse de manera sistemática atendiendo a esos procesos particulares de una revisión curricular.
Los sistemas educativos actuales, se sustentan en un modelo de escolarización universal basado en un modelo de ecología de aprendizaje (Coll, 2013). Es la que se realiza principalmente en instituciones educativas y con profesionales de la educación. Se inicia desde tempranas edades y en México comprende la educación obligatoria, desde el preescolar hasta la educación media superior. En esta escolarización se “enseñan” saberes culturales estables y socialmente valorados, que son base para desarrollar posteriormente un proyecto de vida personal y profesional mediante la acción educativa intencional, sistemática y planificada con el predominio actual de la tecnología basada en la lengua escrita y las competencias exigidas para su uso (leer, escribir y leer y escribir para aprender).
Esta educación formal y escolar tiene actualmente el protagonismo absoluto de la escolarización escolar y es la base de los sistemas educativos actuales.
Así planteado, el cuestionamiento derivado es:
¿La educación escolar puede responder a las mismas finalidades y expectativas y cumplir las mismas funciones que se le han atribuido tradicionalmente?
No se pueden negar las limitaciones de la educación formal para evitar que las desigualdades económicas se conviertan en desigualdades educativas.
La realidad es que no se prepara para el mundo laboral, los indicadores muestran ineficiencia y baja calidad e incumplimiento de las expectativas sociales. El darle sentido a los contenidos escolares es cada vez un mayor reto para los profesores ante los desafíos que se les presentan, la dificultad para poder alinear algunas de las cosas que hacen y aprenden los alumnos en la escuela con sus intereses y motivaciones. Lo que se aprende en la escuela y en las aulas se acaba traduciendo, según los casos, en bajo rendimiento, ausentismo, fracaso, abandono, o simplemente en indiferencia y falta de implicación en las actividades escolares de enseñanza y aprendizaje.
Así las cosas, Cesar Coll (2013) plantea que es necesario hacer frente a este desdibujamiento del sentido del aprendizaje escolar que está menguando la capacidad para aprender de una parte importante del alumnado. Hacerle frente significa afectar todos los parámetros del aprendizaje: ¿dónde?¿cuándo? ¿con quién y de quién? ¿cómo? ¿qué? e incluso ¿para qué se aprende?
Esta nueva ecología del aprendizaje es proyectada como la acción educativa distribuida e interconectada que debe de realizarse en multiplicidad de escenarios y agentes educativos, atendiendo las necesidades de aprendizaje de los estudiantes en diferentes etapas de la vida, desarrollando competencias y habilidades básicas para el siglo XXI, con el propósito de formar aprendices capaces y competentes, que sigan aprendiendo a lo largo de la vida, participando en comunidades de interés, de práctica y aprendizaje, utilizando diferentes lenguajes y formatos de representación de información con predominio en el lenguaje visual y teniendo a las TIC digitales como vía de acceso a la información y al conocimiento.
Lo anterior, adquiere especial relevancia en el currículo escolar en cuando menos cuatro puntos:
1.- Cada vez es más evidente que los aprendizajes que adquirimos y las competencias que desarrollamos son ajenas a las instituciones de educación formal reglada, porque tenemos necesidades básicas de aprendizaje mucho más allá de los periodos de escolarización.
2.- Cobran especial importancia las trayectorias personales de aprendizaje como parte de las enseñanzas que todo ser humano requiere en la multiplicidad de escenarios y agentes educativos de la era actual. Tomar en cuenta como aprovechamos las oportunidades y los recursos para aprender que se nos ofrecen a lo largo de la vida.
3.- Está presente el hecho de que requerimos satisfacer nuestras necesidades de aprendizaje a lo largo de la vida, influidos sin duda por los cambios acelerados en el mercado de trabajo y la globalización. Hay que desarrollar la capacidad de adquirir nuevos conocimientos buscando y creando aquellas condiciones para aprender en contextos diversos y ante situaciones muchas veces adversas.
4.- Uno de los rasgos principales de esta ecología del aprendizaje, es la aspiración a una personalización del mismo, que remita a la diversidad y a la singularidad de las trayectorias personales de aprendizaje, los contextos en los que se transita, en los que se desarrolla y en los que participa. Recursos, oportunidades para aprender, relaciones, interrelaciones e intereses relacionados con nuestros aprendizajes.
Su fundamento se basa en la complejidad de plantear y abordar el aprendizaje de las personas en cualquiera de los contextos (el formal e informal) y es ahí donde los profesores pueden hacer mucho, aún sin cambiar el actual currículo escolar, redefiniendo el para qué (finalidades, funciones y objetivos).
a) Identificar contextos existentes ajenos a la escuela que ofrezcan oportunidades, recursos y herramientas para aprender a través de planes conjuntos de actuación, para garantizar que todos los alumnos alcancen los objetivos de aprendizaje necesarios para continuar aprendiendo a lo largo de la vida, es decir, potenciar trayectorias personales de aprendizaje poderosas y enriquecedoras para todos los alumnos.
b) En esta era de la globalización y su impacto, es necesario otorgar prioridad a la adquisición y desarrollo de competencias genéricas y transversales relacionadas con la capacidad de aprender.
c) Tomar en cuenta las trayectorias personales de aprendizaje, es decir, lo que aprenden los alumnos en contextos no escolares, así como la planificación y despliegue del currículo en las escuelas.
d) Descargar el currículo escolar prescriptivo a través de la reconsideración de los aprendizajes básicos, diferenciando esos aprendizajes básicos para el desarrollo y formación del alumnado y los que se pueden conseguir en otras fases o momentos de la vida con relativa facilidad (Coll y otros, 2007).
e) Planificación y puesta en marcha de estrategias de atención a la diversidad y la inclusión de estrategias de personalización de aprendizaje en torno a los básicos deseables.
f) Incorporar en el currículo escolar un trabajo sistemático que permita desarrollar en los estudiantes su identidad como aprendices, el reconocimiento de sus fortalezas y de sus habilidades, su capacidad para aprender así como buscar y crear situaciones que favorezcan el despliegue de esas habilidades en contextos diversos.
g) Aprender a través de la red, utilizando en las aulas los recursos, herramientas y contenidos que presentan, adecuándolos a los diversos contextos dentro del el marco de la sociedad de la información y de las prácticas sociales y culturales propias de su comunidad.
El impacto de las nuevas tecnologías en la educación es fuerte, pero no accesible a todos los contextos en nuestro país, si se cuenta con ellas hay que promover comunidades de interés, de práctica, de relaciones y de aprendizajes significativos.
Aún sin ellas, es necesario conocer las trayectorias personales de aprendizaje de cada uno de nuestros alumnos, así como la valoración de sus experiencias de aprendizaje en función de qué y hasta qué punto satisface y responden a sus necesidades.
Tomar en cuenta además, que no hay dos trayectorias personales de aprendizaje iguales, como consecuencia de la multiplicidad de escenarios y agentes educativos y el peso de los intereses y las opciones personales.
Lo realmente importante para nuestros estudiantes es saber lo que son y les gusta hacer, y aquello que proyectan y les gustaría ser y hacer en el futuro.
Referencias:
Coll, C. (2013, Febrero). El currículo escolar en el marco de la nueva ecología del aprendizaje.
Coll, C., y otros (2007): Currículum i ciutadania. El què i el per a què de l’educació escolar. Barcelona. Mediterrània