Todos somos testigos, cada día es más notable, más indigno, no hay quien lo detenga... ¿será porque hay más pobres?
No hay crisis para los partidos políticos, a ellos no les llegó el recorte, todos fingen cubrir sus costos de campaña que en el papel son ínfimas cantidades de pesos, pero la realidad ofende a quienes sabemos calcular.
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Antes fueron pantallas, hoy son tinacos azules, mochilas escolares o miles de utilitarios basura, repartidos a multitudes que esperan horas enteras al candidato, que invariablemente llega muy tarde.
Candidatos y candidatas que hacen cualquier desfiguro para llamar la atención, lo mismo cantan, que barren calles, o llegan montados a caballo. Y qué decir de su propaganda, todos mantienen una impecable imagen, fotografías artísticas, no hay arrugas en su cara, nunca envejecen, nos presentan su ángulo más favorable, y sus sonrisas que muestran dentaduras digna de la publicidad de anuncio dentífrico.
No hay propuestas, y las que ellos mencionan ser, en verdad no dicen nada, prometen lo mismo: cuidaremos de la niñez, haremos más obra pública, mejoraremos la educación, cambiaremos el futuro, seguiremos adelante, transformaremos la faz de la tierra... bla...bla.
Y qué decir de sus muy dudosos "seguidores", todos ellos procedentes de niveles muy pobres, atraídos por líderes "sociales" que han perdido su dignidad a cambio de unos cuantos pesos. Su asistencia será pagada con un raquítico lunch, un frutsi, una torta pobremente elaborada y si bien les va, una triste fruta. Habrá que levantarse temprano, subirse al camión de segunda que les espera, llegar al mitin que se realizará muchas horas después de haber llegado porque siempre el candidato viene retrasado, escuchar los discursos que no les dicen nada... ¡suena la matraca!... ¡una porra al candidato!... ¡griten el nombre de la candidata!... ¡PAN el PAN!... ¡El PRI, el PRI!... todos son iguales, todos prometen lo mismo, mientras esto siga así, nada cambiará.
Pobres de los pobres, que alimentan la maquinaria de este aparato electoral, sostén legaloide de un sistema político corrupto, menospreciador del valor que todo ser humano debiera representar.
Estas son las elecciones mexicanas, temporada donde la pobreza es más resaltante en beneficio directo de quienes prometen terminar con ella.