Después que el encargado de la secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, Rafael Pacchiano, evitó que por culpa de Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno de la Ciudad de México, la capital del país se hundiera entre miles y miles de toneladas de basura, que el gobierno del estado de México, Eruviel Ávila, se negó a recibir en sus centros receptores, durante la reciente contingencia ambiental, en respuesta al reparto de culpas que hizo Mancera entre sus homólogos que integran la Comisión Ambiental de la Megalópolis, anunció que, por instrucciones presidenciales, se procederá a actualizar el programa de Verificación Vehicular Obligatoria, con la finalidad de establecer una norma emergente que implique la utilización de tecnologías de punta.
Un par de semanas después, , es decir, el 30 de marzo, un representante de esa comisión, de la que forman parte los gobiernos de la ciudad de México, Puebla, Morelos, Hidalgo, Tlaxcala y estado de México, dio a conocer el endurecimiento “temporal” del programa Hoy no Circula.
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Temporalidad que, de repetirse una vez más, podría convertirse en definitiva como sucedió desde 1968 con el impuesto federal de la tenencia vehicular y en 1989 con la aplicación del Hoy no Circula.
Sentenció, el referido representante, que la totalidad de los automóviles de uso particular, sin distinción alguna de hologramas, tendrán que dejar de circular obligatoriamente un día a la semana y un día cada mes, entre el 5 de abril y un sábado mensualmente, en las 16 delegaciones que integran la Ciudad de México y en 18 municipios conurbados del estado de México, que es la región donde se producen los mayores índices de contaminación.
Lo que significa que todos los automóviles de uso particular dejarán de circular una semana laboral (de 6 días) cada mes.
Rafael Moreno Valle, gobernador de Puebla, advirtió que en la entidad federativa que representa no se aplicará el programa de restricción vehicular, Hoy no Circula porque sus índices de contaminación son bastante inferiores a los de la zona megalopolitana.
No obstante, los parámetros de la verificación de vehículos serán homologados.
Morelos, Tlaxcala e Hidalgo tampoco se sumarán a la aplicación del programa Hoy no Circula porque sus condiciones ambientales son semejantes a las de Puebla.
A diferencia de esas 4 entidades federativas, en la región de la megalópolis circulan diariamente alrededor de 5.5 millones de vehículos automotores, correspondiendo la mitad al parque vehicular capitalino y el resto a la zona mexiquense conurbada, según declaración del jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera.
Por regla general, quien utiliza diariamente, en forma particular, un automóvil, para trasladarse de su domicilio al lugar donde trabaja y viceversa, realiza este recorrido completo, en caso extremo, en un término de 2 a 3 horas diariamente y en un lapso de 10 a 15 horas a la semana. Las emisiones contaminantes que emiten los automóviles de uso particular se encuentran dentro de los parámetros establecidos en las normas vigentes. De no ser así, no contarían con el holograma que les permite circular.
El caso de los microbuses es diametralmente opuesto al de autos particulares. Aun considerando los automóviles más contaminantes.
Se trata de camiones que llegaron al final de su vida útil hace 28 años. Por lo que su estado físico y mecánico, por razón natural, es evidentemente desastroso. A lo largo de su etapa más crítica, han circulado al amparo de la corrupción, tolerancia y complicidad que les han otorgado los gobiernos perredistas, encabezados, en su respectivo momento, por Cuauhtémoc Cárdenas; Rosario Robles ─arrancada a la izquierda perredista por Enrique Peña Nieto para convertirla en priista y titular de la Sedesol y después de la Sedatu─; Andrés López Obrador; Alejandro Encinas; Marcelo Ebrard ─el gran defraudador de la Línea Dorada del Metro─ y el más nefasto de ellos, Miguel Ángel Mancera Espinosa.
Esos microbuses, convertidos ahora en botes rodantes por exceso de uso y falta de mantenimiento mecánico, contaminan intensivamente entre 16 y 18 horas diarias, durante los 7 días de la semana y entre 112 y 126 horas semanales.
Situación por la que envenenan el medio ambiente entre 8.4 y 11.2 veces más los automóviles mayormente contaminantes. Sin embargo, la Comisión Ambiental de la Megalópolis determinó exentarlos del programa Hoy no Circula.
Obviamente esta irracional decisión, propia de gobiernos alcahuetes e irresponsables, como los que existen en México, al dañar el entorno ambiental, también dañan la salud de millones de sus habitantes.
Una muestra insólita de la ineptitud y torpeza gubernamental, ocurrió ayer cuando la secretaría del Medio Ambiente del gobierno de la Ciudad de México, Tanya Müller, flexibilizó, de su muto propio, la restricción de “emergencia” del programa Hoy no Circula al disponer que los taxis que no contaminen “ostensiblemente” podrán circular sin restricción.
Además, en vez de implementar ─como es obligación suya─ políticas públicas direccionadas a erradicar las causas que originan las contingencias ambientales, anunció que, en lo sucesivo, éstas se “decretarán” cuando el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (IMECA) alcance 150 puntos de contaminación por ozono, en vez de 180 como sucedía anteriormente.
Esta señora, cuya primera decisión para “preservar” el medio ambiente, fue al tomar posesión, hace 3 años, del cargo público que mal ocupa todavía, consistió en ordenar que los hologramas de la verificación vehicular se adhieran a los parabrisas de los automóviles, en vez de los cristales de las ventanillas como se acostumbraba anteriormente, a partir de ayer, otorgó facultades ─que técnicamente corresponden a los aparatos de medición instalados en los verificentros─ a policías corruptos para que, a criterio de ellos, decidan cuáles son, o no, los taxis “que contaminan ostensiblemente”.
Vehículos oficiales, como camiones de carga y recolectores de basura del gobierno de la ciudad de México, además de sus viejas camionetas de “servicio”, también podrán circular libremente, sin restricción de ninguna índole, aunque contaminen.
El problema de la contaminación ambiental es multifactorial. No es originada únicamente por el uso de vehículos automotores. Las autoridades gubernamentales también la ocasionan, en gran medida, por actos de omisión o comisión.
Producen gasolinas, aditivos y aceites automotrices de mala calidad.
Los impuestos y pagos de derechos por adquisición y emplacamiento de vehículos, así como de expedición de licencias de manejo y tarjetas de circulación e infracciones de tránsito, en vez de destinarlos al mejoramiento de vialidades y adquisición de equipo para limpiar el medio ambiente, los utilizan para incrementar los montos de sus sueldos y sus prebendas burocráticas.
La contaminación ambiental también es ocasionada por los plantones que se llevan a cabo constantemente en diversas dependencias gubernamentales. Desde hace 5 días ─por ejemplo─, la secretaría de Gobernación mantiene cerrada al tránsito vehicular la avenida Bucareli, en el tramo avenida Morelos y calle de Atenas, ocasionando un enorme congestionamiento vehicular expansivo en una área de 2 kilómetros cuadrados.
Otras causas que generan la contaminación ambiental que padece la megalópolis, también atribuible a las autoridades gubernamentales, obedece a la falta de coordinación en el sistema de semáforos, así como los topes y baches que existen en casi todas las calles, avenidas y calzadas de la ciudad de México.
Gobiernos ─federales y locales─ van y vienen, elecciones tras elecciones, y todos, sin excepción, dentro de sus respectivos ámbitos de competencia ─o mejor dicho de incompetencia─ se empeñan en dañar a millones de automovilistas de la megalópolis.
A eso equivale que las autoridades gubernamentales, a través de ese instrumento burocrático llamado Comisión Ambiental de la Megalópolis, repriman el uso particular de automóviles, bajo el pretexto de combatir la contaminación del ambiente, en vez de implementar políticas públicas eficaces que contribuyan a hacerlo amigable, en la parte que le corresponde. Habida cuenta, que existen elementos exógenos ─al uso de automóviles particulares─ que contaminan ante la indiferencia y tolerancia gubernamental.
El nuevo Hoy no Circula, igual que el que lo antecedió a partir de 1989, puede obligar a la compra de un segundo automóvil, que vendría a incrementar el parque vehicular de la zona megalopolitana y los congestionamientos viales.
En vez restricciones, las distintas instancias gubernamentales deben aplicar medidas coordinadas e integrales para combatir efectivamente el problema de la contaminación ambiental y no emitir disposiciones populistas, aisladas y cortoplacistas, que nada solucionan.
También tienen obligación de ofrecer verdaderas y eficientes opciones de transporte público de pasajeros. Esto, sin duda, desalentaría el uso del automóvil como medio de traslado personal y erradicaría las medidas autoritarias y restrictivas que la experiencia ha demostrado, hasta la saciedad, que son inútiles e ineficaces.
Restringir el uso del automóvil desde hace 27 años, ha sido una torpeza que han cometido las autoridades gubernamentales, sobre todo, ahora, cuando el principal sostén de la economía nacional que es la industria automotriz, debido al abatimiento que aqueja a Pemex, por motivos de baja productividad, corrupción, ineficiencia de quienes la han dirigido en los 20 años recientes y por el desplome de los precios del petróleo.
Hoy en día México, es el octavo país productor y exportador de automóviles en el mundo, después de China, Estados Unidos, Japón, Alemania, Corea del Sur, India y Brasil y el tercero, en América, después de Estados Unidos y Brasil.
Por esa sencilla razón, resulta una descomunal e insólita estupidez inhibir, o casi prohibir, el uso particular del automóvil en México y con ello su compra.
De aplicar ese obtuso criterio gubernamental en la industria eléctrica, tendría que dejarse de consumir ese imprescindible energético, porque muchas de las plantas generadoras que lo producen, son contaminantes. Algo semejante sucedería con la industria petrolera. Dejaríamos de utilizar todos los productos derivados del petróleo.
La solución es aprovechar el avance de la tecnología para establecer mecanismo que contribuyan a la limpieza del medio ambiente, no a restringir autoritariamente el uso del automóvil.