Para celebrar el Día Mundial del Teatro emisión 2016, los respectivos mensajes corresponden a los teatristas: Jenny Sealey, en lo tocante al Teatro para Niños y Jóvenes –marzo 20-; y a Anatoli Vassiliev, para los teatros del mundo –marzo 27-.
Es ya una tradición que cada 20 de marzo desde el 2001, la International Association of Theatre for Children and Young People –ASSITEJ-, celebre al teatro hecho para niños y jóvenes, empoderando su propósito con la campaña “Lleva a un niño al teatro hoy”. A lo que se suma la difusión de un par de mensajes enfocados en el derecho que tienen los niños para acceder libremente a la cultura.
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Este año, el mensaje para el teatro infantil y juvenil corre a cargo de la directora artística de la Compañía Teatral Graeae, Jenny Sealey, quien fungió como co-directora de los juegos paralímpicos Londres (2012).
Simplemente no puedo imaginar un mundo sin teatro o sin las artes. Para la niña sorda que yo era, las clases de ballet se convirtieron en un refugio seguro donde podía ser yo misma como yo misma era. En el mundo predominantemente visual del ballet podía participar mirando, sin tener que estar atenta a leer los labios de nadie. Allí no se hablaba, Toda una liberación para mí. Me olvidaba de todo y me volcaba en los ejercicios. Amé inmensamente el ballet, crear historias y bailarlas. Ahí, por primera vez conté historias. Más tarde, me involucré en el teatro y, muy importante, en el teatro para gente joven; un extraordinario campo de entrenamiento para cualquier actor, una gran oportunidad de compartir un espacio creativo con niños y jóvenes, de escuchar las historias de sus vidas y convertirlas en obras de teatro que trasladen sus experiencias, retos y tribulaciones, a una plataforma donde pueden ser escuchadas.
En estos mismos días en que escribo estas palabras, estoy dirigiendo la obra Stepping Stones, de Mike Kenny, la cual codirigí con Jon Palmer para Interplay hace 18 años. Aquella producción fue para jóvenes con profundas y múltiples discapacidades, jóvenes sordos y ciegos, y también para un público general con y sin discapacidades (igual que mi nueva producción con su reparto de actores sordos y discapacitados de Graeae, todos entre los 20 y 22 años).
El placer de trabajar y pensar en cómo lograr un montaje creativo con lenguaje de señas, descripciones auditivas, atmósferas sonoras, está cimentado en la creencia que todos los jóvenes deben tener acceso pleno y equitativo al teatro.
Cada vez me frustra más que la importancia de la creación de obras hechas para, con y por jóvenes, no obtenga aún un pleno reconocimiento y la necesaria financiación. Me rompe el corazón saber que en demasiados países, muchos niños con discapacidades no son considerados dignos de recibir una educación; sin embargo, mis viajes alrededor del mundo me recuerdan que la pasión de aquellos de ustedes que llevan adelante este trabajo, significa que el nuestro no será un mundo sin teatro y que el teatro es una educación para la vida.
Ya que el 2016 marca el décimo aniversario de la adopción por las Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, llega una gran oportunidad de tomarnos de las manos en todo el mundo, y de mantener encendida sin tregua esa pasión, y de trabajar unidos para asegurar que seamos capaces de hacer, crear y compartir un teatro que importe, por y para aquellos que importan. (La traducción es de Marissa Garay y Otto Minera.)
A su vez, la presidenta de ASSITEJ, Yvette Hardie, enfatiza la campaña que propone llevar a los niños al teatro, la cual cumple 5 años; y que, les brinda a sus partícipes un espacio propicio para cumplir sus propósitos Tal discursividad, acentúa las razones para acercar el teatro a niños y jóvenes.
Estas razones incluyen: el derecho a la cultura de los niños como ciudadanos; el hecho de que el teatro educa integralmente fomentando múltiples inteligencias; la importancia de cultivar la curiosidad, la imaginación, la alegría y el deleite en los niños; la necesidad de sembrar, en un mundo confuso y, a veces, presa de la desesperación, la esperanza en los niños; la importancia de la conciencia estética y de la capacidad de abrirse a los diversos lenguajes artísticos; la necesidad de desarrollar la empatía, de establecer conexiones, de formar una comunidad y de pertenecer a ella; la cualidad del teatro de situarse en el presente y su capacidad de permitirnos confrontar y cuestionar el mundo que nos toca vivir; la urgencia de aceptar diferentes visiones y puntos de vista…
Pero me pregunto si no hay una razón más, fundamental, más allá de las ya mencionadas, por la cual, los artistas trabajan para públicos jóvenes. Dicha razón puede que sea profundamente personal. Al trabajar para niños y jóvenes, nos damos la posibilidad de nutrir, curar y fortalecer al niño interior en nosotros.
Cuando un grupo de jóvenes de una barriada en Sudáfrica empezó a trabajar en una obra para niños muy pequeños, descubrieron que poder hacer ese trabajo, requería de que, ellos alimentaran, redescubrieran –o, en algunos casos, descubrieran por primera vez– la inocencia, la ternura, la vulnerabilidad, y el potencial de plenitud dentro de sí mismos. Esto dio pie a un profundo proceso curativo, que afectó intensamente a estos jóvenes artistas y los ha motivado a seguir explorando este campo.
De esta necesidad personal, podemos entonces pasar a ser capaces de influir en otros. Al nutrir en nosotros mismos una mayor plenitud de nuestro ser, podemos entrar en una relación más completa con nuestros públicos. Y también podemos ofrecer a padres e hijos, familias, maestros y demás involucrados en el teatro para públicos jóvenes, oportunidades de mirar el mundo a través de los ojos de los más pequeños entre nosotros.
Al salir de los teatros, he escuchado con mucha frecuencia a un papá o a otro decir de distintas maneras: “No me podía imaginar que mi niño pudiera estar sentado quieto durante un periodo de tiempo tan largo”, o “Que mi hijo apreciara y disfrutara tanto el humor en la obra”…
En esos momentos, en que se descubre quién realmente es ese niño, los artistas teatrales pueden a su vez estar contribuyendo a enriquecer esas relaciones tan importantes.
Quizá el mayor regalo que el teatro para niños y jóvenes puede darnos –ya seamos artistas, espectadores, padres, maestros o niños– es el de encontrar integridad en lo desarticulado, y redescubrir quiénes somos, la identidad que siempre, profunda y verdaderamente, ha estado ahí para cada uno de nosotros. (Traducción de Otto Minera)
En tanto para festejar mundialmente al teatro, el sobresaliente maestro y director ruso Anatoli Vassiliev, comienza cuestionándose sobre los menesteres que gesta el teatro, a decir, según la traducción de Jorge Crespi:
¿Necesitamos al teatro? Esa es la pregunta que miles de profesionales decepcionados del teatro y millones de personas que están cansados de él se preguntan.
¿Qué necesitamos del teatro? En estos años en que la escena es tan insignificante, en comparación con las plazas de las ciudades y los tierras de los países, donde se están jugando las tragedias auténticas de la vida real.
¿Qué pasa con el teatro? Galerías y palcos chapadas en oro en las salas de teatro, sillones de terciopelo, alas sucias en escenarios, bien pulidas voces de los actores, -o viceversa, algo que puede tener un aspecto aparentemente diferentes: cajas negras, manchadas de barro y sangre, con un montón de cuerpos desnudos rabiosos en el interior-.
¿Qué es capaz de decirnos? ¡Todo! El teatro nos lo puede decir todo.
Como los dioses habitan en el cielo, o cómo los presos languidecen en cuevas olvidadas bajo tierra, o cómo la pasión nos puede elevar, o cómo el amor nos puede arruinar, o cómo nadie necesita una buena persona en este mundo, o cómo reina el engaño, o cómo la gente vive en apartamentos, mientras los niños se marchitan en campos de refugiados, o las formas en que todos tienen que volver de nuevo al desierto, o cómo día tras día nos vemos obligados a desprendernos de nuestras personas queridas, - el teatro puede decirlo todo.
El teatro siempre ha sido y seguirá siendo siempre. Y ahora, en estos últimos cincuenta o setenta años, es particularmente necesario. Porque si usted lanza un vistazo a todas las artes públicas, se puede ver de inmediato lo que sólo el teatro nos da, una palabra de boca en boca, una mirada de ojo a ojo, un gesto de mano en mano, o de cuerpo a cuerpo.
No se necesita ningún intermediario para trabajar entre los seres humanos, que constituya el lado más transparente de la luz, que no pertenezca a ningún sur o norte o este u oeste; oh no, es la esencia de la propia luz, que brilla en todos los rincones del mundo, inmediatamente reconocible por cualquier persona, ya sea hostil o amigable hacia ella.
Y necesitamos al teatro que permanece siempre diferente, necesitamos teatro de muchos tipos diferentes. Aun así, creo que entre todas las formas y formas de teatro posibles, sus formas arcaicas ahora resultan ser la mayoría en la demanda. Teatro de las formas rituales, no hay que oponerse artificialmente a las de las naciones "civilizadas".
La Cultura secular está siendo cada vez más castrada, la llamada "información cultural" sustituye gradualmente y empuja a entidades simples, casi como nuestra esperanza de que con el tiempo se acabe el día. Pero puedo verlo claramente ahora: el teatro está abriendo sus puertas ampliamente. Entrada gratuita para todos y para todo el mundo.
Al diablo con aparatos y equipos -sólo tienen que ir al teatro, ocupar filas enteras en el patio de butacas y en las galerías, escuchar la palabra y mirar las imágenes, ¡vivir!- Es el teatro que está delante de usted, no se descuide y no se pierda la oportunidad de participar en él, tal vez la oportunidad más preciosa que tenemos en nuestras vidas vanas y apresuradas.
Necesitamos cada tipo de teatro.
Sólo hay un teatro que seguramente no es necesitado por nadie, me refiero a un escenario de juegos políticos, un teatro de políticas "ratoneras", un teatro de políticos, un teatro inútil de la política.
Lo que sin duda no necesitamos es un teatro de terror cotidiano -ya sea individual o colectivo-, lo que no necesitamos es el teatro de cadáveres y sangre en las calles y plazas, en las capitales o en las provincias, un teatro falso de los enfrentamientos entre religiones o grupos étnicos...
El mensaje es claro, se apela a un teatro inclusivo, en pos de la equidad, con participaciones comunitarias auténticas –no los parapetos que nos circundan-. Un teatro que no emule la falacia pública. Apostemos por un teatro que coadyuve sensible y concienciadamente, a un posicionamiento crítico. Hacer pues de la teatralidad, la poética que nos sublime. Darle veta a la tragicomedia. Producir catarsis para no sangrar más a los pueblos. Anagnóris y recogimiento, para que los “muertos” se incorporen, agradezcan a la audiencia y que luego, regresen tranquilamente a sus casas.