Su vida es la cerveza; le gusta, lo que le sigue. Pero tiene un grave problema: hace algunos años por andar subiéndose a los árboles, en patineta y carritos de valeros con los sobrinos, se lastimó la columna y ya no hubo remedio y tiene que tomar medicamento para el dolor. “La peor decisión que tomé fue operarme ¡y ahí se jodió la Francia! Ahora quieren que me vuelva a operar, pero ese error sólo se comete una vez.” Es decir, para su padecimiento tiene que elegir o cerveza o medicamento y se la pusieron fácil: ¡cerveza!
“Mira, --me dice--, con la cerveza se me olvida. Me compro mi six pack y ando ‘pisteando’ por la tarde y domingos. Es sólo cerveza: no tequila, no brandy, no whisky, no nada más. Pero no me juzgues, no huelo a cerveza ni ando cruda. Para mí el trabajo es sagrado, soy muy cumplida y puntual: llego antes de la hora de entrada y por las tardes salgo hasta que se va el último cliente. Atiendo a la gente con amabilidad y singular alegría.
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“Total que no puedo estar sentada ni parada en un solo lugar: tengo que caminar de un lado a otro por el dolor, para que no me dé o porque no lo soporto. Cuando se me hace intolerable voy al doctor y me receta mis analgésicos fuertes, pero eso sí, me prohíbe tomar cerveza. Y ahí estoy, tomando mis analgésicos muy ordenadita… y cuando se me quita el dolor me digo: ‘¡Ya chingue!’ Y ahí me ves hablándole al doctor para que me autorice una cervecita y ya me dice qué medicamento tengo que dejar de tomar mientras ‘pisteo’.
“Así me la llevo cuando ‘ya chingué’: con mis six packs que disfruto tanto, me hacen feliz, me siento bien. No me emborracho y me hacen olvidar. Pero pasan días, quizá semanas, y de repente regresa el dolor, se hace insoportable y ya no se me olvida y llega el ‘¡No me chingues!’, y va de nuevo el analgésico.
Esa es mi vida: pasar del ‘¡Ya chingué!’ al ‘¡No me chingues!’ y de revire. Hoy estoy en el ‘¡ya chingue!’ así es que ¡salud! mi Ale.
alefonse@hotmail.com