¿Tiene fundamento el enojo contra los políticos y los partidos tradicionales? preguntó al presidente de la república, Enrique Peña Nieto, el director editorial del periódico Excélsior, Pascal Beltrán del Río, durante una entrevista de prensa efectuada en la residencia de Los Pinos. La respuesta presidencial fue lacónica y contundente: los “enojos de la sociedad no necesariamente tienen sustento.” Esta respuesta revela que el jefe del poder Ejecutivo Federal tiene una percepción errónea acerca de las causas que originan la inconformidad o enojo que existe en la sociedad contra el gobierno peñanietista.
Desde luego que la inconformidad de los mexicanos tiene sustento. Más allá de la subestimación que hace Enrique Peña Nieto, por así convenir a su deteriorada imagen presidencial.
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Utilizando una forma de expresión farragosa, por lo enredado y confuso de su idea, el presidente Peña trató de reforzar su respuesta, argumentando “que hoy como la información va corriendo de manera muy rápida, a veces es información distorsionante, que parte de falsedades o de mentiras, y que llegan a generar, a veces, o a generar una percepción de verdad, cuando no es así entre la sociedad.”
La contestación de Peña Nieto a la pregunta de Beltrán del Río, fue reveladora. Trató de lavar las culpas ─propias y ajenas─ que han marcado indeleblemente su administración gubernamental. El presidente de la república exhibió su talante autócrata. No admite el sinfín de críticas que, justificadamente, se han desatado en contra suya desde hace alrededor de año y medio.
Peña Nieto, trató de utilizar la entrevista periodística de Excélsior, para no aparecer, ante la opinión pública, como uno de los causantes de la inconformidad social que existe en el país y transitar en el imaginario camino de la pureza política.
Objetivo que no logró por los actos de corrupción en que se ha visto involucrado junto con los secretarios de Hacienda, Luis Videgaray Caso y de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza.
La inconformidad de millares de ciudadanos contra el gobierno federal, no es ocasionada porque la información se distorsione, como erróneamente asegura Peña Nieto, con “falsedades o mentiras” al correr “de manera muy rápida”, sino por la forma abusiva como hace uso de la función pública la casta política que se ha adueñado del país.
Somos muchas las personas a los que nos encabritó ─por decirlo en términos tersos─ saber que la más reciente esposa del presidente de la república, obtuvo, en condiciones y circunstancias sospechosas, una mansión de lujo (conocida popularmente como la Casa Blanca de las Lomas de Chapultepec), valuada en más de 80 millones de pesos, a través de uno de los contratistas consentidos de Peña Nieto. El señor Juan Armando Hinojosa Cantú, propietario del Grupo Higa, a quien desde su época de gobernador del estado México, le ha otorgado numerosos y millonarios contratos de obra pública.
También nos causó enojo saber que Roberto San Román Widerkehr, compadre y contratista predilecto de Peña Nieto, además propietario de la Constructora Urbanizadora Ixtapan y del Club de Golf Ixtapan de la Sal, vendió al presidente de la república una residencia de lujo en ese fraccionamiento campestre, pasando por alto el evidente conflicto de interés que existe entre ambos personajes.
Cosa que, haber procedido con honradez, debió hacer inviable esa operación inmobiliaria, porque Roberto San Román también ha resultado beneficiado con los millonarios contratos de obra pública que Peña Nieto suele otorgar a sus contratistas predilectos.
Otra operación inmobiliaria sospechosa. Donde volvió a aparecer la célebre figura del contratista Juan Armando Hinojosa Cantú, fue la venta que hizo, en condiciones financieras inusualmente generosas, de una mansión, también de lujo, en el exclusivo fraccionamiento campestre Malinalco, que cuenta con helipuerto, al colaborador más cercano y de mayor confianza del presidente Enrique Peña, el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso.
El obvio conflicto de interés que existe entre Videgaray e Hinojosa Cantú, importó a ambos menos que un comino.
Las 3 operaciones inmobiliarias irregulares, antes mencionadas, fueron avaladas muy explicablemente, por esa tapadera de corruptelas, llamada secretaría de la Función Pública, a quien, teóricamente, corresponde sancionarlas.
Otro motivo de enojo popular son los frecuentes excesos que cometen las hijastras de Peña Nieto y su cónyuge Angélica Rivera, al lucir, dentro y fuera del país, vestuario y joyas de alto costo que son pagadas con recursos públicos.
El nepotismo es otra práctica usual de Enrique Peña Nieto. Como ninguno de sus antecesores, ha aprovechado el cargo de presidente de la república para otorgar puestos públicos, bien remunerados, a familiares suyos.
Impuso a su prima Carolina Monroy del Mazo en la secretaría general del PRI. Le dio empleo y de paso la utiliza como cuña para vigilar la actuación de Manlio Fabio Beltrones.
A su primo político y esposo de Carolina Monroy, Ernesto Javier Nemer Álvarez, lo designó, al inicio del sexenio, subsecretario de Desarrollo Social de la Sedesol y también lo usó como cuña para vigilar a la antigua perredista y actual priista, Rosario Robles.
Hace unos días, Peña pasó a Nemer de la Sedesol a la Procuraduría Federal del Consumidor.
El hijo de ambos primos ─y sobrino de Peña Nieto─ Ernesto Nemer Monroy, es regidor del municipio mexiquense de Huixquilucan.
Otro primo de Peña, Alfredo del Mazo Maza, al inicio del sexenio peñanietista fue nombrado director general del Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos.
Hoy es diputado federal. Inicialmente ocupó la presidencia de la comisión de Infraestructura de la cámara de Diputados. Ahora funge como presidente de la comisión de Presupuesto y Cuenta Pública.
Anteriormente, es decir, en la segunda mitad del sexenio de Enrique Peña Nieto, como gobernador del estado de México, su primo Alfredo del Mazo, fue presidente municipal de Huixquilucan.
Del Mazo Maza aspiró a sustituir a Peña Nieto en la gubernatura del estado de México. Pero, teniendo mayores posibilidades de triunfo, se atravesó en su camino Eruviel Ávila. Siendo ya presidente de la república, Enrique Peña le otorgó la dirección general de Banobras como premio de consolación.
Existe una revista, llamada Miled, que no circula en ninguna parte y carece de lectores, cuyo dueño es Miled Libien Kaui, padrino de bautizo de Enrique Peña Nieto. El primer número de esa revista se editó ─sospechosamente─ en el tiempo que Peña fue declarado oficialmente candidato del PRI a la Presidencia de la República.
Desde entonces, la publicidad del gobierno federal es su más importante fuente de ingresos. Su tiraje se mantiene en secreto. Se presume que es muy bajo porque únicamente se distribuye en forma gratuita en las oficinas gubernamentales que le compran publicidad.
Raúl Libien Santiago, hijo de Miled Libien y director general ejecutivo de la revista Miled, recientemente armó un fenomenal escándalo para impedir que una pareja de policías de tránsito retiraran de la banqueta de su casa 3 vehículos de su propiedad que estacionó indebidamente, al amparo de la amistad que tiene con el presidente Peña Nieto.
Este influyente individuo lanzó los peores improperios imaginables contra el servidor público que encabezó el operativo policíaco. Las barbajanadas de Raúl Libien lo hicieron acreedor ─en las redes sociales─ al título de #LordMeLaPelas.
No obstante este escándalo, la Presidencia de la República continúa comprando, con recursos financieros públicos, publicidad a esa revista que nadie lee y a nadie interesa. Nada más porque se trata de un medio informativo impreso que es propiedad del padrino de bautizo del presidente de la república.
Todo lo antes expuesto constituye una parte de los ingredientes que han generado la inconformidad de la sociedad contra la administración gubernamental peñanietista. Aunque ese enojo, según aseguró a Excélsior Enrique Peña Nieto, “no necesariamente tiene sustento”.
Pero eso no es todo. Hubo otro acto de corrupción gubernamental que no se consumó y por las protestas que ocasionó se guardó en los archivos de la Presidencia de la República.
Se trata del proyecto del tren de alta velocidad México-Querétaro.
Asunto que por falta de espacio el día de hoy, se abordara en la entrega correspondiente al marte 15 de enero.