Los Trastornos de la Conducta Alimentaria se han descrito desde hace varios años y son tema de salud pública debido a los problemas que acarrean a quienes los padecen y a sus familias. Conforme el tiempo transcurre, los indicios tanto de su diagnóstico como de su tratamiento y su pronóstico enriquecen a quienes se dedican a su atención. El público en general reconoce dos de estos trastornos: la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa, siendo ambos temas de conversación e incluso temas en las aulas en las secciones de educación básica y media superior de nuestro país.
Al contrario de lo que creemos, los Trastornos de la Conducta Alimentaria se pueden manifestar en mujeres, pero también son comunes en hombres, y pueden aparecer no solo en la adolescencia; hay casos registrados en niños de corta edad. Además existe la certeza clínica de que estos pueden perpetuarse y agravarse aún en la edad adulta. Debemos recordar que alrededor de ellos siempre están implícitas las alteraciones de la imagen corporal del individuo.
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Sin embargo, existen muchos otros trastornos relacionados con la alteración de los hábitos de alimentación, que son mucho más frecuentes de lo que creemos pero cuyo diagnóstico es complicado, al igual que su evolución y su tratamiento. Estos problemas tienen su origen, al igual que muchos trastornos del comportamiento, en las diferentes interrelaciones e interacciones del sujeto con su entorno familiar, su contexto social y laboral, su genética e incluso con el contexto económico, publicitario y de mercadotecnia de su cultura.
Entonces, junto con los Trastornos de la Conducta Alimentaria, se han descrito los denominados Trastornos del comer o Maneras sintomáticas del comer; muchos de ellos se presentan y perpetúan en pacientes que tienen problemas con el manejo de su peso corporal y sobre todo en aquellos que padecen sobrepeso y obesidad.
Dentro de estos trastornos se pueden clasificar situaciones bastante comunes, tales como:
- El comer compulsivamente, que incluye ingerir alimentos más rápido de lo normal y/o en cantidades mayores de lo habitual en un corto tiempo;
- También se engloban a pacientes que comen y/o beben durante la noche o la madrugada, incluso después de haber ingerido una cena abundante, con un consumo muy considerable de alimentos y bebidas muy calóricas;
- Encontramos a quienes presentan el famoso picoteo, que se manifiesta en comer durante todo el día o por periodos específicos del día, pero con una larga duración, siempre en pequeñas cantidades, de tal forma que no son percibidas objetivamente por la persona ni por quienes lo rodean;
- Están presentes aquellos que sufren de sobreingestas frecuentes, y que después de comer cantidades importantes de alimentos y bebidas se sienten incómodos y físicamente mal, cansados y somnolientos.
- Se han descrito alteraciones del patrón de alimentación en personas que tienen dificultades para conciliar el sueño o cuya situación laboral los obliga a vivir en horarios desfasados del resto de su familia y de la sociedad; además de no tener estructura en la planeación de su alimentación, eligen casi siempre alimentos ricos en hidratos de carbono y grasas.
Todos estos trastornos tarde o temprano se asocian a una ganancia de peso considerable hasta en un 70% con respecto al peso recomendable para el sexo y la edad de las personas, motivo por el cual se perpetúan las conductas alimentarias inadecuadas.
Junto con estos trastornos, existen otras conductas relacionadas con los diferentes estados emocionales de las personas y el consumo de alimentos. Esto es el denominado por los especialistas comer emocional, el cual se relaciona con la respuesta que tenemos a los alimentos en estados de alegría, enojo, tristeza, depresión, soledad, euforia o aburrimiento, entre otros. La persona en cuestión habitualmente responde a estas sensaciones con el consumo excesivo, continuo y repetitivo de ciertos alimentos que le dan sensación de tranquilidad, lo liberan de la tensión y le dan control ante la situación. Habitualmente estos alimentos tienen muchas calorías, los más mencionados son el helado, los chocolates, las galletas y los dulces, etc.
Como hemos visto, los trastornos son variados y más comunes de lo que pensamos; se asocian a dificultades en el horario para tener comidas ordenadas, a la falta de control de las raciones de alimentos y bebidas que consumimos, y a círculos viciosos en donde el alimento resulta un refugio ante las situaciones estresantes de la vida.
Los especialistas en Nutrición, apoyando siempre al tratamiento encabezado por el Psicólogo o el Psiquiatra, tratamos de resolver la situación que nos concierne, estructurando horarios para consumir alimentos, propiciando la conformación de un ambiente adecuado en relación con los tiempos de comida, diseñando los espacios y tiempos pertinentes para el consumo de alimentos, así como tratando de desarraigar hábitos inadecuados que conllevan a un deterioro de la salud, así como restableciendo los patrones de hambre- saciedad.
Cuando un trastorno del comer se manifiesta en la infancia, en la adolescencia o en la edad adulta, se recomienda visitar a los expertos, ya que pueden derivar en problemas psicológicos mayores, en alteraciones graves de la percepción de sí mismo, y en la distorsión de algo tan natural y tan deseable, como es alimentarse.
La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.
Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com
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