Somos las mujeres quienes, en mayoría, criamos a los hijos y a las hijas, seamos sus madres o no. También somos quienes le entramos parejo al trabajo para crear un mayor bienestar material a nuestras familias, y en más ocasiones ya, las mujeres somos cabeza de familia, por lo que compartimos con alguien más la atención de nuestros hijos. Hay que decirlo, cada vez hay más hombres, aunque pocos pero cada vez son más, que le entran al cuidado parejo de la familia y la atención al hogar. Nosotras no somos ajenas a reproducir ideas que privilegian a los hombres y denigran a las mujeres en nuestra familia y sociedad. Por eso, tendemos que revisar, desde nuestro ámbito, cuál es el mensaje que le estamos mandando a los y las jóvenes que se ven inmersos en tantas desapariciones de mujeres y sobre todo feminicidios. Y sí, creo que lo tenemos que hacer en conjunto, hombres y mujeres juntos.
Me queda claro que las palabras no enseñan, es la experiencia la que arrastra. No sólo el ejemplo, sino la experiencia. Por muchas palabras que digamos los adultos, los medios de comunicación, las redes sociales, etc, mucho se nos está yendo de las manos, y esto es, saber exactamente cuál ha sido la experiencia de vida de los jóvenes, que por creer que son “jóvenes” les falta experiencia, pero ya tiene la suya bien clara; nos falta saber qué sienten y piensan que muchas de sus relaciones terminan en desgracia y muerte, principalmente para las mujeres.
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Uno de los grandes valores que estamos reproduciendo a los 4 vientos en la actualidad es la independencia, (que no incluye “autonomía”, --seguir el propio criterio--, ni “autosuficiencia” –generar ingreso propio para cubrir necesidades--), valor que no combina con el compromiso.
Todos tenemos derecho a lo que los jóvenes persiguen: disfrutar de la vida al máximo; trabajar para gastar el dinero en lo que quieran; libertad de relacionarse y decidir cómo y con quien pasan su tiempo y, desde luego, ir tras sus metas y sueños sin descanso. Sólo que todo esto excluye el compromiso que significa tomar acuerdos y dar concesiones a las personas con las que tenemos una relación. El exceso de independencia acota el compromiso: Entre más independencia, menos compromiso, y a la inversa.
Quizá hemos sido muy complacientes con los juegos donde se mata al monito que estorba para llegar a la meta, porque esos juegos son SU EXPERIENCIA, recuerden que jugando se aprende. O quizá es miedo... por la incongruencia que intuyen en las relaciones de pareja de los adultos a su alrededor.
En el programa de radio de México Prioridad de Leobardo Espinosa, tuve la oportunidad de coincidir con Roberto Quintana Roo, y concluimos los 3, que no sabemos qué llevan por dentro los jóvenes, hombres y mujeres por igual, y que habría que infiltrarlos para conocerlos; y conocerlos para aceptarlos. Son otra generación. Sólo así, juntos, podríamos hacer algo.
alefonse@hotmail.com