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OPINIÓN

Los mercaderes del templo y la hipocresía de la izquierda

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Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Jueves, Febrero 11, 2016

La visita del Papa Francisco a México ha provocado diversa reacciones en nuestro país. Por una parte, los medios de comunicación, grupos empresariales, gobierno federal y gobernadores de las entidades que visitará Francisco buscan reproducir discursos festivos y de una moralidad cristiana añeja, reaccionaria, retrograda y comercial, mientras que los gobernantes buscan una legitimidad a sus mandatos que no han logrado tener: ni ellos, ni sus reformas. Este primer grupo de vividores de la fe de los pueblos se podrían denominar los mercaderes del templo. Por otra parte, están los grupos de izquierda, ultras y moderados, rudos y cursis, quienes aprovechan la visita del pontífice para mostrar sus hipócritas intenciones. Los primeros buscan legitimidad, tras la ideología en favor de los pobres expuesta por el jerarca de la Iglesia Católica, mientras que los segundos recurren a la figura papal para reproducir un discurso agnóstico y de un ateísmo militante (tan catequizante, evangelizante y confesional como el cristiano mismo), pero a su vez exigen del líder religioso un posicionamiento ante temas fundamentales para el país, como las desapariciones forzadas, entrevistas con los padres de los 43, pederastia, derechos de las mujeres y la diversidad sexual, entre otros, pero siempre con la táctica de la exigencia y el golpeteo, sin reconocimiento del Otro, y de ese Otro totalmente distinto a ellos.

Los mercaderes del templo han hecho un uso fáctico y suntuoso del poder mediático para desviar la atención de asuntos críticos que vive el país. Por unos días, la atención estará fija en la imagen de Francisco, misma que apelará a las reminiscencias colectivas de las visitas papales de Juan Pablo II. Se hará un excesivo gasto para reproducir la efigie de un país que necesita mayor fe (como alguna vez lo mencionó Enrique Peña Nieto) ante los problemas que presenta y, menos trabajo y cumplimiento de las responsabilidades de los gobernantes con su pueblo. Del 12 al 18 de febrero, la exaltación del fervor religioso se escuchará en la radio, se leerá en los diarios y se verá a través de los televisores.

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La venta de objetos conmemorativos de la visita del Papa no se hará esperar. Desde las imágenes más baratas, hasta las monedas conmemorativas en plata saldarán los pecados y perdonarán los odios entre empresarios que matan de hambre y cansancio a sus trabajadores; de un pueblo harto de sus gobernantes, sus reformas, su enriquecimiento ilícito y de la venta de la patria. La derecha, empresarios y gobernantes de todos los partidos (aunque algunos se asuman de izquierda), reaccionaría, hipócrita y oportunista, apelará a la fe y al amor mediático para obtener plusvalía no sólo económica, sino también ideológica. Priistas y panistas celebrarán con beneplácito la vista papal para dar un halo de santidad a sus reformas, mismas que tanto han dañado la economía y el lazo social de las y los mexicanos.

Por otra parte, los moderados o cursis de la izquierda, los institucionales, se mantendrán alejados de cualquier opinión que les haga perder capital electoral y político. Apelarán al respeto, al derecho de creencia y de profesión de la fe, pero capitalizarán cualquier frase o acción que Francisco haga en alusión a los tantos temas que aquejan al país, para llevarlos a las tribunas legislativas. Estas tumbas blanqueadas (blancas por fuera, pero podridas por dentro –aunque en el caso mexicano serían amarillas o morenas) no desean enemistarse con El Vaticano, los dirigentes religiosos mexicanos y, mucho menos con una población cada vez más empobrecida pero creyente, funcional para que ellos sigan usufructuando políticamente con la pobreza, la marginación y la desdicha.

Finalmente, se encuentran los ultras, los rudos, quienes ante la falta de acceso a los medios masivos de comunicación, promueven a través de las redes sociales críticas a Francisco, su visita y la Iglesia Católica, bajo un discurso caduco de laicismo propio de la blanquitud, clasemediero, universitario y autoritario. Un ateísmo fuerte crítica desde los gastos por hora de la visita del obispo de Roma a México, hasta el hecho de ser nombrado Su Santidad (S.S) en un Estado laico, apelando a la incertidumbre discursiva de si su estancia en el país es como jefe de Estado o líder religioso (como si se pudieran desprender ambas cualidades). Están atentos a que Francisco se pronuncie en contra de los feminicidios, la violación de los derechos de las y los migrantes, de las desapariciones forzadas, que se entreviste con los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, al igual que con los afectados y familias de sacerdotes pederastas, entre muchos otros, pero sin reconocer la figura papal como un líder moral y religioso. Los rudos esperan una revolución en un Papa, de quien creen es un timador, falso y reproductor del opio del pueblo (sin agraviar a Karl Marx, quien mencionó esto en un contexto muy diferente, tanto ideológico como histórico).

No hay a quien irle. Todos buscan agua para su molino. Unos en favor y otros en contra, todos usufructúan del discurso y la creencia y la vida religiosa. Cuan urgente es una visión crítica y transformadora de la realidad (basada en los sujetos y no tanto en las ideas); una laicidad comprometida, en conjunto con un ateísmo débil (en el sentido de Gianni Vattimo); una Iglesia, una teología y una cristología latinoamericana que acompañe y luche, codo a codo, con los pobres para lograr su liberación, la justicia económica y social, además del respeto de los derechos humanos (sería absurdo creer que la Iglesia es una figura y su séquito, cuando ella es un pueblo); una Iglesia que baje a Jesús de la cruz, para evitar que muchos de sus líderes, al igual que mercaderes del templo e hipócritas de izquierda, rudos o cursis, usufructúen con la fe de los pueblos.

Francisco tiene un compromiso moral y pastoral y lo ha hecho palpable desde el momento en que eligió los lugares que visitará: Chiapas y la deuda histórica de la Iglesia con los pueblos indígenas; Ciudad Juárez y la exigencia de caminar con los migrantes y denunciar el abuso y la criminalización de la misma, por parte de los gobierno mexicanos mexicano y estadounidense, así como, denunciar, al igual que en Ecatepec, la violación de los derechos de las mujeres y los feminicidios; Morelia y la resistencia magisterial, las autodefensas y la represión de un gobernador de izquierda, al igual que en la Ciudad de México.

Asimismo, él tiene el compromiso y la obligación moral de exigir justicia ante las desapariciones forzadas, de los 43 y de todas y todos los demás, la violación sistemática de los derechos humanos, las reformas espurias de este gobierno, los feminicidios y los casos de pederastia, así como el enriquecimiento de unos cuantos (incluyendo a la élite eclesiástica en México) y el empobrecimiento de todas y todos.

Ojalá, Francisco emule al mártir Óscar Arnulfo Romero cuando mencionó “En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamento suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: cese la represión”. Eso reformará a la Iglesia Católica verdaderamente y, acercará a los pobres a ella, no sólo para recibir consuelo, sino fuerza para resistir, exigir y luchar en favor de su dignidad y sus derechos.

Picaporte

Han pasado 16 años, el 6 de febrero, de la brutal represión contra estudiantes del Consejo General de Huelga (CGH) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), mismos que emprendieron una lucha para asegurar el derecho a la educación de todas y todos, pero sobre todo el de los más pobres en México. Muchos de ellos fueron expulsados de manera injusta, con un tribunal anticonstitucional y, por lo tanto, ilegal, mismo que sirve como reducto inquisidor para castigar a estudiantes a beneplácito de las antidemocráticas autoridades universitarias. Sin embargo, a los artífices de dicha represión ahora ocupan cargos políticos, como el señor José Narro, priista que impulsó la violencia contra los estudiantes, la violación al derecho humano de la educación de algunos de ellos y, de la autonomía universitaria. Mientras los jóvenes huelguistas de 1999-2000 frenaron el neoliberalismo en el terreno educativo y la privatización de la máxima casa de estudios del país a costa de la represión, los traidores de la UNAM son premiados.

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