“El axioma de Robert Antelme: “No suprimir a nadie de la humanidad”, es un principio ético primero…”
Edgar Morin, Método VI: La Ética, p. 115.
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El pasado 4 de noviembre el periodista Carlos Puig dedicó su columna Duda Razonable a hablar del tema de los niños que nacen y crecen dentro de las prisiones en México. Se trata de infantes cuyas madres están purgando condenas por diversos delitos y que al tener a sus hijos estando presas, deciden mantenerlos con ellas y no dárselos a algún familiar –si es que lo tienen, señala Puig con acierto- o cederlos al cuidado de alguna institución pública.
Según este artículo existen en el penal de Santa Martha en la Ciudad de México 120 niños en esta condición y hay en el país 377 en distintos penales femeninos. Esta información está basada en el informe de Reinserta, una organización de la sociedad civil preocupada entre otros temas por el de estos niños que legalmente no existen ni tienen ninguna protección.
El informe titulado Anuario de los niños invisibles 2015, presenta fotografías y dibujos elaborados por los niños de diversas edades que se encuentran en estas prisiones y que se encuentran en una situación de vulnerabilidad extrema al no tener ningún reconocimiento legal y por tanto no poder recibir ningún apoyo del Estado. Se trata de los excluidos de los excluidos.
Según el anuario, estos más de tres centenares de niños viven hasta los seis años dentro de las prisiones y no reciben ningún acompañamiento para formarse y desarrollar sus capacidades en una edad que es clave para sentar las bases hacia un crecimiento sano en lo físico, en lo intelectual y lo moral.
La situación parece ser aún más grave de acuerdo a lo que Saskia Niño de Rivera, la Directora general de Reinserta señalaba hace unos días en una entrevista radiofónica concedida a Ana Paula Ordorika. En este diálogo, la Directora de reinserta planteó que existen algunos niños que pueden estar hasta los 12 o 13 años dentro de la prisión por decisión de sus madres que no quieren separarse de ellos.
Si los lectores de este artículo quieren conocer más acerca de estos niños y de la asociación y apoyar los esfuerzos que se realizan para tratar de lograr un reconocimiento legal y una adecuada protección de estos niños a través de políticas públicas adecuadas a esta muy triste situación, pueden ingresar a la página de Reinserta un mexicano A.C. en este link: http://www.reinserta.org/about.html
Conocer la existencia de estos niños invisibles me hizo pensar acerca de los enormes retos que tiene por delante nuestro sistema educativo y que son cada vez más urgentes.
Las evaluaciones nacionales e internacionales colocan el nivel de nuestra educación entre los más bajos del mundo y las investigaciones acerca del desempeño de los niños y jóvenes a partir de lo que deberían aprender en la escuela demuestran que el sistema escolar no solamente no reduce las desigualdades sociales promoviendo la movilidad social sino por el contrario, contribuye a ampliar la brecha entre los que más tienen y los que carecen de lo indispensable.
Vivimos en una sociedad que no cumple con el principio ético básico de Antelme de no suprimir a nadie de la humanidad. Un país que sistemáticamente suprime de una vida humanamente digna a un gran número de niños y jóvenes que, o no pueden asistir a la escuela o desertan de ella por sus necesidades económicas o asisten a clases pero reciben una formación tan deficiente que los incapacita de entrada para desenvolverse en la realidad cada vez más competitiva y demandante en la que les ha tocado crecer.
Pero dentro de esta realidad de exclusión existe todavía un sector de la infancia que resulta aún más afectado porque como dice el informe de Reinserta, es un sector invisible para la sociedad y para el Estado que por esta condición está totalmente suprimido de la humanidad y no puede aspirar a un servicio de educación inicial y básica aunque sea deficiente.
Ojalá que como ciudadanos conscientes podamos informarnos y sumarnos al trabajo que organizaciones como Reinserta realizan a favor de todos los que en este país desigual e injusto siguen siendo suprimidos de la humanidad en una total falta de ética social de la que todos somos en alguna medida responsables.