La creciente inseguridad pública en el estado contrasta notoriamente con las cifras que nos maneja el gobierno de la entidad por vía de los medios de comunicación que para tal efecto están a su alcance. El corredor San Francisco Totimehuacan- Tecali, Tepeaca, Tecamachalco y Tehuacán son rutas perfectas de los señores agentes de seguridad pública para saquear al turista que visita el zoológico ubicado en esa zona los fines de semana, al agricultor y comerciante que transita por razones obvias de su actividad.
Lo anterior no es no es algo nuevo pues en este sexenio los agentes de vialidad y seguridad pública se han convertido en verdaderos enemigos del pueblo, algo que desde las alturas lugar donde sobrevuela el helicóptero del señor gobernador por supuesto que no se percibe, como tampoco se percibe desde los vehículos blindados en que se traslada el presidente municipal. Lo que resulta novedoso es que siendo constante el tránsito de patrullas policiacas por la zona a que me refiero, los levantones, robos de vehículo, (específicamente pipas) y asaltos sean el ya algo común, situación esta que nos permite deducir el perfecto maridaje y complicidad que existe entre delincuente y autoridad.
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Esta misma situación se presenta en el “arco de inseguridad” Atlixco-Cholula, San Martin, dicho por pobladores de estas regiones quienes al ver una patrulla policiaca están seguros que minutos más tarde se cometerá un delito. La inseguridad no solo afecta a un determinado conglomerado social y mucho menos es propia de las colonias marginadas o de extrema pobreza que rodean a la capital pues fraccionamientos como la Vista, Lomas de Algelopolis, la Calera, San Manuel, Universidades, entre otras son presa del robo a casa habitación y mire inteligente lector, dicen que cuando el río suena, agua lleva. Bajo esta última expresión popular he de referir a la afirmación de muchos ciudadanos en el sentido de que ante la llegada de mandos policiacos provenientes de la capital del país, la delincuencia sentó sus reales en Puebla.
De entre los escasos agentes probos se advierte el hartazgo por las elevadas “cuotas” impuestas por sus mandos, sin considerar el pago de combustible que deben costear de su propio peculio. En los momentos mismos en que la entidad entra a un proceso electoral el costo para los actores políticos con aspiraciones para seguir viviendo del presupuesto puede ser grave ya que la seguridad publica pasa ahora propiamente a un tercer plano y corresponde al ciudadano extremar medidas no solo para librarse de la delincuencia, si no además de los futuros captadores del voto.
Por las colonias de la ciudad es común ver patrullas de policías municipales activando sus sirenas en señal de aviso total al delincuente sobre su presencia en determinada área lo cual garantiza a los amantes de lo ajeno el momento propicio para el atraco, situación esta que corrobora complicidad, ya que, de elemental táctica policiaca es que deba sorprenderse al delincuente y no informar el momento de la presencia policiaca.
Mucho alarde se hizo sobre la creación de una policía turística, la construcción incluso de un inmueble propio para dicha corporación, sin embargo sus elementos brillan por su ausencia en esta Puebla tan embellecida y llena de retenes prestos a recibir al visitante previa cuota de peaje. Representan propiamente estas líneas un llamado de alerta al ciudadano inerte que hoy debe protegerse del delincuente común, del delincuente policiaco y del delincuente de cuello blanco que pronto, muy pronto le estará pidiendo su voto.
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