Las declaraciones hechas por el representante del poder ejecutivo federal, Enrique Peña Nieto, sobre la cercanía de lograr la autosuficiencia alimentaria son un verdadero insulto al pueblo de México. Según Peña Nieto, México está a 7% de lograr la autosuficencia alimentaria, como recomienda la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), debido a que la producción de comestibles que requiere la población llegó al 68%, durante su gobierno. Sin embargo, tendríamos que recordar que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en 2015 había cerca de dos millones más de pobres en México. El aumento de la pobreza tan solo en los primeros años del actual gobierno priista, en el cual 9.5% de los mexicanos viven en situación de pobreza extrema, es decir, no cuentan con los recursos mínimos e indispensables para vivir.
La pobreza en México sigue en aumento, tan solo hace falta revisar el acceso a la canasta básica, es decir a los satisfactores mínimos alimentarios que requiere una familia para tener una vida digna y saludable, asimismo, debe cumplir tres objetivos: 1) contener aquellos productos representativos de los hábitos de consumo de la población, 2) cuya ingesta permita alcanzar el valor requerido de energía, y 3) debe incluir todos los grupos de alimentos desde frutas hasta alimentos de origen animal. Sin embargo, hasta 2015, 24.6 millones de personas carecían del ingreso suficiente para adquirir la canasta básica de consumo. Asimismo, entre 2012 y 2014, el porcentaje de la población con ingresos inferiores a la línea de bienestar mínimo, es decir, para comprar la canasta alimentaria, pasó de 20% a 20.6%, esto es, de 23.5 millones a 24.6 millones de mexicanos.
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Tan solo basta mencionar que de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, realizada en 2012, en todo México 2.8% de los menores de cinco años de edad presentan bajo peso, 13.6% muestran baja talla y 1.6% desnutrición aguda (emaciación).
Asimismo, Coneval y la organización Oxfam mencionan que “la población vulnerable por ingreso subió de 7.2 millones a 8.5 millones de personas, es decir aquellas que no tienen carencias sociales, pero sí un ingreso inferior a la línea de bienestar o, bien cuando no tiene dinero para adquirir la canasta alimentaria y no alimentaria (2,595 pesos en zonas urbanas y 1,659 pesos mensuales en zonas rurales), por lo que puede caer en pobreza si su ingreso no se recupera relativamente pronto”.
Asimismo, el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM), de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), considera que un comparativo de las cifras del cuarto trimestre de 2012 –cuando la reforma laboral aún no operaba– con las del tercer trimestre de 2014, se revela que aunque la población ocupada creció en 625 mil 849 personas (de 49 millones 76 mil 626 a 49 millones 702 mil 475), el sector que trabaja menos de 35 horas a la semana disminuyó en 799 mil 960 personas (de 12 millones 378 mil 265 a 11 millones 578 mil 305), mientras que el que desempeña una jornada de más de 35 horas creció en 983 mil 371 personas (de 35 millones 500 mil 740 a 36 millones 484 mil 111). Es decir, se trabaja más, se obtienen menos ingresos económicos (sin tomar en cuenta derechos laborales) y, por lo tanto, hay menor consumo de los alimentos y satisfactores necesarios para una vida digna. Aun la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reporta en Employment Outlook que los mexicanos son los que más horas trabajan anualmente con un total de 2,237 horas, pero con el salario mínimo más bajo y con los menores niveles de empleo.
Por lo tanto, lo dicho por Enrique Peña Nieto es falso y, de ser verdadero, es muestra de un fracaso en la distribución equitativa de los recursos alimentarios indispensables entre la población mexicana, ya que habrá alimentos suficientes, pero a precios muy altos e inalcanzables a la mayoría de los mexicanos. Simplemente, no es posible estar a algunos puntos de alcanzar la autosuficiencia alimentaria cuando más de la mitad de la población vive en pobreza y, diez de cada 100 mexicanos no tiene que llevarse a la boca.
Lo que menos le hace falta a este país son las mentiras de un gobierno que hace mal las cosas, que toma decisiones en favor de unos cuantos, que gasta millones en “cruzadas”, como la del hambre, con resultados escasos (claro, a excepción de los bolsillos y el capital político de la exfuncionaria y los funcionarios ligados a la Secretaría de Desarrollo Social), cuando el país está de mal en peor. No faltan siete puntos para lograr la autosuficiencia alimentaria en números y porcentajes; faltan décadas de justicia social y económica y, por lo tanto, un gobierno popular que distribuya equitativamente lo producido por las y los trabajadores de este país.
Picaporte
Nuevos programas para la enseñanza y hasta horarios flexibles según las necesidades de las escuelas y las condiciones climáticas de las diversas zonas, regiones y entidades del país. Su reforma se les cae, aunque la pretendan meter con calzador y, ahora hasta decisiones “democráticas” toman. Solo hay que tomar en cuenta que este gobierno se desentiende menos de la educación, dejando su obligación y responsabilidad legales a las escuelas y padres de familia y se ocupa más de controlar a los trabajadores.