Difícilmente, cuando comienzan las campañas electorales, de manera muy anticipada, ninguno de los contendientes promovería un alza a los impuestos en el lugar que gobierna o ejerce alguna función de autoridad. Miguel Ángel Mancera no es la excepción, sino la regla. Como jefe de gobierno del Distrito Federal sabe que goza de un amplio capital político que puede poner en juego con las diferentes fuerzas del partido que lo llevó a su cargo o, con los demás partidos políticos, los cuales buscan contender de manera muy cerrada con el cada vez más corrupto Partido de la Revolución Democrática (PRD) y todo su aparato de compra de votos en la Ciudad de México y detener al Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en la apropiación de la capital de país. El nuevo reglamento de tránsito es la manera en que Mancera busca recabar fondos para su campaña política, sin utilizar emplear la expresión “alza de impuestos”.
El nuevo reglamento de tránsito para el Distrito Federal más que organizar el caos vial que se vive en la Ciudad de México, busca fehacientemente allegar recursos al gobierno, el cual cada vez goza de menor aprobación entre la ciudadanía. El gobierno encabezado por Miguel Ángel Mancera no sólo traicionó a diversas “tribus” del PRD capitalino, sino que ha mostrado un fuerte autoritarismo con la ciudadanía y un acercamiento muy peligrosos con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien después de Morena, fue quien capitalizó su fuerza en las pasadas elecciones intermedias, recuperando delegaciones políticas en la ciudad. Cabe señalar que se menciona la posibilidad de que el gobierno de Mancera entregué la capital del país al PRI.
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El jefe de gobierno capitalino juega sus cartas y cómo obtener mayor beneficio de ellas. Él, al igual que muchos otros, ya están pensando en su candidatura rumbo a la presidencia del país. El partido político es lo de menos. El beneficio personal es lo más importante, ya que haber llegado a la jefatura de gobierno como no-perredista, por un partido supuestamente de izquierda, no ha mermado su ánimo del ejercicio de gobierno más cargado a un Estado de derecha que de derecho. El nuevo reglamento de tránsito lo demuestra. Éste incrementó las sanciones y el costo de las mismas, aun y cuando los salarios en el país sufrieron un incremento de risa. Mientras una multa puede llegar a 2446 pesos por usar el teléfono celular o 1398 pesos por rebasar los límites de velocidad, el aumento al salario mínimo fue de 4.6%, es decir, casi tres pesos. Sin embargo, hay que resaltar que este aumento salarial no cubre ni siquiera el precio de un boleto del Sistema de Transporte Colectivo, Metro, el cual fue incrementado en su costo por el mismo Miguel Ángel Mancera a $5 pesos. Habrá que preguntarse cuál es la empresa privada que, junto con el gobierno de la ciudad, saldrá beneficiado con las multas a los infractores.
Evidentemente, el nuevo Reglamento de Tránsito de la Ciudad de México no “[…] es fortalecer la seguridad en todos los sistemas de movilidad de la Ciudad”, si no allegarse de recursos económicos. ¿Para qué se ocuparán esos recursos? No se sabe, pero lo que sí se sabe es que empiezan las carreras por las candidaturas presidenciales.
Con el gobierno de Mancera se ha aumentado el precio del transporte público, se han creado carreteras de paga en la ciudad (una forma políticamente viable para evitar la expresión de privatización de los espacios públicos y de libre tránsito) a las que no todo mundo puede acceder y transitar en ellas y, ahora, un nuevo reglamento de tránsito. Evidentemente un gobierno que no sirve a los más pobres. Por el contrario, un gobierno de unos cuantos y para unos cuantos, aunque todos y todas tengamos que pagar sus campañas.
Picaporte
Con el incremento de $2.94 pesos al salario mínimo tendremos que mandar a nuestros hijos e hijas (niños y jóvenes) a Tapachula, Chiapas, para que el diputado del Partido Verde, Rafael Guirao Aguilar, les obsequie cajas para lustrar zapatos y así completar para la canasta básica. ¡Cínicos!