Es lamentable y reprobable el papel de los partidos políticos en México. Esto, se lo dicen en todos los tonos. Se lo publican, lo refrendan las encuestas. Lo exhiben a grandes titulares los medios. Sus fracasos y fraudes son profusamente documentados. Y frente a todo, el cinismo es la respuesta.
Prácticamente ninguno escapa al balance condenatorio. Trátese de sus prácticas antidemocráticas, elecciones internas, inflación de padrones, encumbramiento de corruptos o cómplices de traficantes y homicidas. El muestrario de sus formas de pisotear la ley es infinito.
Más artículos del autor
Y pese a todo, no cesan sus debates de unos contra otros son sobre temas insulsos o cómicos, erigiéndose en impolutos, demócratas modelo y transparentes. Un ejemplo que está en escena es la campaña contra López Obrador (AMLO).
Primero le reprochan la promoción en spots, luego el ungimiento unánime. Y aparece entonces un nutrido y desvergonzado tirar de piedras contra el dirigente de Morena, olvidando la cueva delictiva de donde emergieron dirigencias, cúpulas y poderes “legalmente” instalados.
Ninguno tiene la cara limpia para arrojar piedras. No tienen ni autoridad ni un elemental comportamiento ético para dar lecciones públicas. Basta revisar la historia reciente, los archivos hemerográficos, la documentada montaña de denuncias en medios y libros. Ni hombres ni instituciones pasan la más elemental coladera de la legalidad y honestidad.
Hechos, dichos, trayectorias, todo, si se sigue la huella del dinero, lleva invariablemente a comportamientos punibles. Si aquí realmente se aplicaran las leyes, barrotes de acero faltarían para interminables rejas.
…Y sin embargo, se mueven. Debaten, hacen juegos verbales con una espesa carga de simulación e hipocresía.-
Ese es cotidiano juego de lodo en el que se baten nuestros conspicuos dirigentes y representantes populares.
Y mientras, voltean la vista hacia otro lado para no abordar los problemas que sí están en la escena y que dañan a la sociedad. Todos son parte de una grotesca obra teatral en la que el objetivo es encubrirse magistralmente los unos a los otros.
Dos casos escandalosos están presentes y no merecen de ellos ni atención, ni condena, ni consecuencias prácticas de sanción y escarmiento.
El cochinero que dejaron en sus estados los exgobernadores de Nuevo León y Sonora. Un enorme estercolero formado por latrocinios, riquezas acumuladas, negocios solapados, moches por doquier, deudas enormes. Y todo se mantiene intocado.
Quienes los sustituyeron, en sendos mensajes de toma de posesión ventilaron el asqueroso panorama. En rimbombantes piezas oratorias denunciaron las corruptelas. Levantaron espadas flamígeras contra la caterva de ladrones que se fue. Anunciaron con estruendo la aplicación de la ley. Los órganos federales (Secretarías, Presidencia, Auditoría Superior de la Federación, etc.) simularon sordera. Y una cosa es cierta: hasta este día no hay ningún ex funcionario tras las rejas.
Ni siquiera ratas de segundo nivel han pisado la cárcel.
En México las leyes se aplican por consigna, por sanción desde la cúpula del poder. Así se explica, por ejemplo, el “coscorrón” temporal a Elba Esther, y así también la condición de intocables para las docenas y docenas de empresas del Chapo Guzmán y sus socios.
Negocios y personajes beneficiarios de sus grandes trafiques, que en Estados Unidos han sido denunciados, publicados y puestos en lista negra, aquí gozan de cabal salud. Disfrutan de gruesos mantos de protección desde el poder. No gratuitos desde luego.
Todo esto es la obra maestra de los partidos y gobernantes.
Y por esto le cobran multimillonarias fortunas al pueblo mexicano. Y quieren más cada día.
Pobre México, tan lejos de dios…y en la garra de sus partidos.!