Francia recordará el 2015 como uno de los años más dramáticos en su historia moderna; el terrorismo convulsiona la vida de sus ciudadanos y la gobernabilidad del país. La sangre de inocentes empaña la belleza de una metrópoli admirada por más de 80 millones de turistas al año e ícono de los valores republicanos.
Los franceses que fueron masacrados ese 'viernes negro' con armas automáticas y cinturones explosivos no votaron a favor de la guerra (ayer contra Al Qaeda, hoy contra el Estado Islámico) pero pagan las consecuencias de las decisiones de escritorio respecto a las incursiones militares en el mundo, casi siempre motivadas por intereses económicos y políticos.
Los terroristas están entrenados para causar caos y pánico; los parisinos experimentan otra vez el miedo de convivir con el enemigo; los yihadistas siguen encontrando en ciudadanos de los gobiernos aliados a EU a sus mejores reclutas.
El fanatismo islamista ha dejado casi 140 muertos y decenas de heridos desde enero a la fecha en Francia; y el mundo atestiguó que esta milicia terrorista logró consumar los primeros ataques coordinados en el mundo occidental.
Como señalaron los propios yihadistas, Francia está en lo alto de la lista de sus objetivos y recordemos que recientemente advirtieron acciones en Rusia tras unirse a la campaña de exterminio de sus redes en Siria.
El Papa Francisco ha calificado los atentados de París como muestra de una "tercera guerra mundial en trozos". Creo que es una apreciación acertada porque las guerras en Irak, Afganistán, Siria han llevado a miles de personas a la desolación.
Pero el mundo también es injusto; el mismo dolor e indignación por los hechos sin precedente en Francia tendrían que reflejarse en los 43 muertos y 234 heridos que dejó este fin de semana un atentado en Beirut y los cientos de muertos que a diario ocurren en Siria desde hace cinco años. Más de 200 mil muertos y cálculos de la ONU refieren más de 4 millones de desplazados en esa nación; la población civil vive atrapada en una batalla campal entre gobierno, rebeldes, islamistas y extranjeros.
La peor parte de la guerra en Siria son los niños y las mujeres, ni los conflictos en Irak y en los Balcanes habían generado tan alto número de víctimas mortales; recuerdo a un pequeño sirio refugiado que dijo en televisión "Paren la guerra y nos quedamos en nuestro país"; ojalá fuera tan simple.
Tras los últimos atentados, ahora menos cabida tendrán los refugiados de alojarse en Europa y los tratarán con mayor deshumanización ante la desconfianza de que existan infiltraciones terroristas (como presuntamente ocurrió con uno de los terroristas). Ya no habrá país que quiera ayudarlos y los mandarán de regreso a su casa, a una muerte segura.
Todos los días hay noticias de coches bomba y suicidas y muertos y heridos y huérfanos; y el mundo no reacciona igual. La violencia contra inocentes es inaceptable y debería doler lo mismo en Europa que en América ó en Medio Oriente.
He leído análisis escalofriantes como la hipótesis de que los terroristas financiados por EU, Francia y Arabia Saudita ahora atacan a sus patrocinadores o peor aún, que los atentados en París fueron planeados (como el 11 de septiembre) para justificar la intervención de los aliados en Medio Oriente. La duda mata.
Y un dato destacable, un analista internacional entrevistado en CNN en Español comentó que las posibilidades de atentados terroristas en América Latina son altas debido a que los extremistas mantienen células "dormidas" en todas partes y se activarán en la medida de que más gobiernos avalen la política antiterrorista de EU.
A estas alturas ningún país está a salvo y habría que considerar cualquier posibilidad. Es triste pero vivimos en un mundo cada vez más injusto e inseguro como resultado de las malditas guerras interminables.
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