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OPINIÓN

EPN y AMLO, la otra batalla que viene

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Raúl Espejel Pérez

Ha colaborado como articulista en la revista Jueves de Excélsior, El Universal de México, El Universal Gráfico, El Universal de Puebla, El Día, Nueva Era de Puebla y la revista Momento de Puebla (versión impresa y digital).

Jueves, Noviembre 12, 2015

La primera aconteció en julio de 2012. En ella se disputó la Presidencia de la República y el contendiente derrotado fue Andrés Manuel López Obrador. En la batalla que está por venir López tiene asegurada de antemano otra derrota por cuenta de Peña Nieto.

Para infortunio del tabasqueño, éste llegó tardíamente a la fiesta organizada por el gobierno federal para celebrar el advenimiento del prospecto de AICM. López no dio detalles de su proyecto aeroportuario. Dijo que se construiría en la base militar de Santa Lucía con una inversión de 69 mil millones de pesos y que atendería solamente vuelos internacionales en dos pistas. No dio a conocer mayores detalles. Ni siquiera a grandes rasgos.

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Peña Nieto, por su parte, lleva la delantera en la batalla, cuenta ya con un calendario de licitaciones y tiene asegurada la participación de dos constructores en esa importante obra de infraestructura aeroportuaria.

El anticipadamente derrotado también tiene lo suyo, aunque en desventaja. Como Don Quijote de la Mancha tuvo a Sancho Panza de escudero, López Obrador tiene a José María Rioboó que lo ha acompañado en asuntos de obra pública desde la época que el macuspaquense ocupó la jefatura de Gobierno del Distrito Federal.

El arquitecto inglés, Norman Foster, encabezará la construcción del AICM promovido por el gobierno federal. Ha edificado obras emblemáticas en Berlín, Londres, Madrid, Valencia, Sidney, Glasgow, Toronto, Varsovia, Kuala Lumpur, Bilbao, Copenhague, San Petersburgo y otras ciudades más. También dirigió la construcción del Aeropuerto Internacional de Pekín y el de Hong Kong. Éste último, lo edificó sobre una isla artificial, con capacidad para atender anualmente a 35 millones de pasajeros.

López Obrador, por su parte, encargó, a su contratista predilecto, el ingeniero José María Rioboó, encabezar la elaboración del proyecto alternativo del AICM.

Rioboó tuvo a su cargo la construcción del segundo piso de un tramo del Anillo Periférico. Obra pública que no fue producto de un plan rector para abatir el problema de saturación de vehículos, sino de una ocurrencia de López Obrador, siendo jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Cuando diversos ciudadanos, a través de la ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, trataron de conocer el costo de esa obra pública, AMLO dio instrucciones que esa información se clasificara como reservada para mantenerla oculta y fuera de miradas escudriñadoras.

Con la construcción del segundo piso no se solucionó la aglomeración de automóviles. El hacinamiento se trasladó de un lugar a otro. Pasó del punto A al punto B. Además, el segundo piso, opera por debajo de su capacidad instalada, porque, contrario a lo que se ofreció inicialmente, el gobierno del D. F. la convirtió en vialidad de pago.     

El monto de la inversión del proyecto aeroportuario del Presidente de la República, asciende a 169 mil millones de pesos y el del eterno candidato presidencial se calcula en 69 mil millones de pesos.

Por la información que se tiene hasta ahora, se sabe que el proyecto aeroportuario internacional de Peña Nieto, está compuesto por un conjunto de estudios integrales bien elaborados.

Del proyecto alternativo, por la desinformación con que se cuenta hasta hoy, se tiene conocimiento que el aeropuerto, propuesto tardíamente por López Obrador, se construiría, en caso de ser aprobado, junto a la base militar de Santa Lucía.

Únicamente contaría con dos pistas destinadas a vuelos internacionales. Lo que implica que el aeropuerto actual de la ciudad de México tendría que conservarse para destinarlo al servicio de vuelos nacionales.

La propuesta del propietario de Morena, señor López, a simple vista es inviable. Construir el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México junto al aeropuerto de la base militar de San Lucía, sería un grave error. La simple idea de pensar que coexistan en ese lugar dos aeropuertos de naturaleza opuesta. Uno de carácter militar y otro civil, supone que estarían expuestos a correr operativamente un alto e innecesario riesgo.

En el primero, por obvias razones, arriban, despegan y efectúan diversas maniobras aeronaves militares. El 25 de abril de este año, en la base militar de Santa Lucía se desplomó uno de los seis aviones que formaban parte de un escuadrón militar aéreo.

En el segundo aeropuerto, es decir, en el internacional de la ciudad de México, se prevé atender a 50 millones de pasajeros.

Por cuestiones que tienen que ver con la estrategia militar y la seguridad nacional del país, el aeropuerto militar debe estar ubicado, en forma exclusiva, en una zona restringida, donde no exista acceso a personas, vehículos y aeronaves civiles. Esto hace impensable el proyecto de López.

Existe un inconveniente más que demuestra la inviabilidad al proyecto de AMLO. Atender únicamente a los pasajeros de vuelos internacionales en un aeropuerto, el colindante con la base militar de Santa Lucía (Zumpango, estado de México) y en otro, el de la colonia Peñón de los Baños (D. F.), para uso de pasajeros de vuelos nacionales, es ilógico, antifuncional, anticompetitivo y antieconómico.  

Por la incongruencia logística que revela este proyecto, se puede considerar que a López Obrador poco o nada importan los problemas que ocasionaría a los pasajeros que tengan necesidad de hacer conexión, en la ciudad de México, entre un vuelo internacional y un nacional o viceversa. Tendrían que efectuar un recorrido, entre un aeropuerto y otro, de 50 kilómetros aproximadamente para efectuar una conexión aérea.

Además, no se debe perder de vista, que no son pocos los casos donde en una conexión entre un vuelo nacional y uno internacional, se efectúa en una hora de por medio. Cosa imposible de hacer en ese lapso, entre uno y otro aeropuerto.

Todo apunta a que el proyecto de López Obrador para construir un aeropuerto alternativo para la ciudad de México, fue elaborado deliberadamente para ser denegado anticipadamente.    

De ser el caso, ¿cuál fue el motivo que indujo a López Obrador para hacerlo del conocimiento de la opinión pública? ¿Acaso se trata de una estrategia para victimizarse en las elecciones presidenciales de 2018?

Podría tratarse de fabricar una arma de ataque, con la particular y premeditada intención de utilizarla contra quien sea el próximo candidato del PRI a la Presidencia de la República, para impulsar el eventual triunfo de AMLO. ¡Eso solo lo sabe López Obrador!

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