“La capacidad de memoria es inversamente proporcional a los datos con los que la saturamos. El olvido es directamente proporcional a la velocidad con la que suceden los eventos. Para que la reflexión ocurra se necesita un quiebre, un mínimo doblez para crear un ángulo de luz”.
Alma Delia Murillo. Ver o no ver.
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http://www.sinembargo.mx/opinion/31-10-2015/40980
Sociedad del conocimiento le llaman a este mundo en el que las noticias, las estadísticas, las columnas de opinión, los debates, las opiniones con o sin fundamento, los “memes” y las imágenes se acumulan de manera vertiginosa y nos invaden o más bien, nos inundan como una especie de avalancha virtual en la que intentamos navegar definiendo un rumbo pero la mayor parte del tiempo somos arrastrados por la corriente.
Sociedad de la información diríamos con mayor precisión para definir este contexto contemporáneo en el que los avances de la tecnología informática están modificando todos los campos de la vida humana y creando este mar de grupos de datos inconexos que tendríamos necesidad de conectar, articular, distinguir y clasificar para no sucumbir como parece que está sucediendo hoy, ante la amenaza de la confusión y la falta de sentido.
Porque como bien dice Alma Delia Murillo en su excelente columna, la capacidad de almacenar y procesar la información es inversamente proporcional tanto a la cantidad de datos con que saturamos nuestra mente como a la velocidad con que estos datos se suceden y acumulan sin poder ser adecuadamente asimilados.
En su libro Los retos de la Educación en la modernidad líquida, el sociólogo Zygmunt Bauman analiza este cambio radical de cultura en el mundo y afirma que antes se enseñaba para no olvidar, porque el conocimiento era algo más estable y duradero pero que hoy la realidad del conocimiento es totalmente distinta porque se ha vuelto efímero y fugaz, con una rápida obsolescencia y en el mundo de la Economía de mercado global se ha vuelto también una mercancía que se compra, se vende e intercambia.
Este autor dice que el problema de este carácter cambiante y casi instantáneo del conocimiento contemporáneo es que ante la invasión vertiginosa de información se vuelve prácticamente imposible distinguir el trigo de la paja, es decir, lo falso de lo verdadero, lo pertinente de lo no pertinente, lo verificado de lo inventado, lo viable y lo inviable, lo éticamente aceptable y lo no ético.
Se trata de un enorme reto educativo que parece aún no estar suficientemente claro en el mundo de la escuela y la universidad que siguen altamente concentrados en la comunicación de contenidos y la prácticamente imposible actualización permanente de planes y programas que aunque se definan discursivamente como centrados en competencias, siguen operando en la realidad desde la lógica enciclopedista de acumulación de información.
Porque no hay futuro para la docencia y para las instituciones educativas si se siguen concibiendo, organizando y operando desde la visión del aprendizaje como adquisición de contenidos temáticos de disciplinas separadas en compartimentos aislados, por más que se introduzcan herramientas tecnológicas que brinden acceso inmediato a la información más actual de cada materia. Es imposible que un currículo pueda aspirar a contener la mayor cantidad de los conocimientos actualizados de todas las asignaturas.
Pero lo más grave de todo es que no hay futuro para las sociedades humanas si no se cambia completamente el enfoque de la educación. Porque la cantidad creciente de datos y contenidos de cada materia se va volviendo inabarcable e imposible de analizar, entender y aplicar a la vida, al mismo tiempo que la velocidad también creciente con que se modifica y sustituye la información va haciendo imposible el ejercicio de la inteligencia y la reflexión sobre los datos para construir conocimiento coherente, bien sustentado y verificado que pueda ser aplicado de manera ética al mejoramiento de la vida individual, social y planetaria.
Como resultado de esta pérdida de la inteligencia y la reflexión se va produciendo la muerte de la capacidad de asombro respecto del mundo natural y de la cultura y la historia humanas, lo que va deteriorando seriamente el deseo de conocer que es el motor, el eros que mueve al ser humano hacia su realización individual y colectiva.
Si la educación del presente y el futuro no vuelve a poner en el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje a la inteligencia, la reflexión y la deliberación, entendiendo los contenidos y la información solamente como pretextos y herramientas para desarrollar las competencias cognitivas, afectivas, éticas, estéticas, sociales y espirituales –entendidas en el sentido más amplio- de los educandos, estará poniendo en riesgo la viabilidad de la especie humana en el planeta como especie que obedece a la vida pero es también capaz y responsable de guiar la vida.