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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

México en Corea

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María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Viernes, Octubre 23, 2015

Está lloviendo también al otro lado del mundo, en Corea, con una diferencia horaria de 14 horas. Ubicada en una península al norte de Asia avecindada con China, Rusia y Japón.

Distinguimos a este hermoso, tradicional y moderno país por su bandera nacional, con un fondo blanco, lleva al centro un circulo bicolor, rojo y azul en cuyos cuatro extremos se ubican los gwae. El blanco simboliza la paz, el círculo el ying y el yang y los cuatro gwae representan la armonía y la circulación del ying y el yang para el desarrollo infinito de la nación.

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Llegamos a esta nación para representar a México en un festival cultural: Anseong Namsadang Baudeogi Festival,  en donde mostramos como único país de América invitado, la belleza y colorido de nuestros bailables mestizos, junto con otros países de Europa y Asia.

Entre jardines coloridos llenos de Mugunghwa, la flor simbólica de Corea, se ubicó el gran espacio cultural en el que en diferentes escenarios, se realizaban los desfiles y las presentaciones de los diferentes países.

Aunque la estructura social está cambiando, aún se puede observar que la edad y la antigüedad, así como la preservación de sus tradiciones todavía prevalecen en Corea. Llama la atención que el nombre coreano conste de un apellido, en casi todos los casos de una sílaba, más un nombre, generalmente de dos sílabas, como Ha, Kim etc. Sus trajes tradicionales son portados con gran elegancia por las calles en días de fiesta, durante nuestra estancia lo portaban  niños, jóvenes, adultos y ancianos.

El hanbok ha sido el traje tradicional del pueblo coreano durante miles de años. Antes de la llegada de la ropa de estilo occidental, hace 100 años, el hanbok era el atuendo cotidiano. Los hombres vestían el jeogori (chaqueta) con baji (pantalones), mientras que las mujeres vestían el jeogori con chima (falda).

Al igual que en México, según una creencia tradicional coreana, cuando las personas fallecen sus espíritus no parten inmediatamente, permanecen con sus descendientes durante cuatro generaciones. Durante este periodo, los difuntos son considerados todavía como miembros de la familia.
Nos hospedaron junto con las otras delegaciones de los países invitados, en el Ansgang Center, en donde todas las delegaciones dormíamos y desayunábamos con el rigor de la organización, la puntualidad, la limpieza que caracteriza a este pueblo oriental.

Dormíamos en gruesas esteras al ras del suelo  y llamaba nuestra atención que el suelo de las habitaciones siempre permanecía caliente. Nos enteramos entonces que  la mayoría de las personas en Corea se sientan y duermen en él,   por lo que debajo de los suelos hay conductos de aire caliente de piedra u hormigón. Tradicionalmente, el aire caliente era insuflado a través de estos conductos para proporcionar calor. La arcilla o el cemento se colocaban sobre las piedras, para proteger a los residentes de los gases nocivos. Este tipo de calefacción bajo el suelo se denomina ondol.
Las habitaciones coreanas tradicionales tienen múltiples funciones, no están etiquetadas o reservadas para un propósito específico; no hay dormitorio o comedor definidos. Más bien, las mesas y esteras se introducen cuando se necesitan.

La danza tradicional coreana no es más que una evolución natural de esos tiempos. Por otro lado, las danzas actuales se desarrollaron junto con el crecimiento del comercio y la industria, expresan  la vida y los sentimientos de la gente y muchas veces, incluyen críticas a la sociedad.

La acogida que nos dieron pasaba de la sorpresa a la admiración: nuestro idioma, nuestros trajes, nuestro físico, el tipo de bailes que realizamos y la música que nos acompañaba. Nos solicitaban todo el tiempo fotos, la mejor muestra de su admiración y respeto. Ahora reconocen de otra manera a  nuestro país, ya que su único referente son las telenovelas mexicanas.

Para una investigadora en constante formación como yo, este viaje representó muchos aprendizajes: el acercamiento para  una descripción densa de una cultura, la selección de aquello que se observa, el establecimiento de relaciones y conversaciones con personas que  no conoces. Ir a un país diferente  al nuestro, implica poner en juego muchas habilidades para acercarse a los individuos, sobre todo si el lenguaje no es el mismo, el inglés podía funcionar con algunas personas, pero no con la mayoría. El lenguaje a señas sigue siendo una buena forma de comunicación.

De ahí la importancia de poder conjuntar el desarrollo de habilidades de investigación con las manifestaciones culturales  de otro país en su lugar de origen, representando el propio, dentro de una gama de formas de ver el mundo  occidental y  oriental. Todo ello  te da otra perspectiva de vida, porque a partir de la curiosidad, de la reflexión, del planteamiento de hipótesis vas aprendiendo a ver de manera distinta, los contextos a los que te pretendes acercar. 

Y sí, mucho hay que aprender de Corea: su  puntualidad, organización, su cuidado del medio ambiente, sus grandes avances educativos y tecnológicos conservando siempre sus tradiciones, pero también hay mucho que revalorar en nuestro país, especialmente dándole el justo valor a nuestras tradiciones.

Fue toda una fiesta multicultural en la que participamos, gracias a los esfuerzos individuales y de grupo sin apoyo gubernamental, pero que cumplieron con el  objetivo principal: representar a México con nuestro mayor entusiasmo y compromiso.

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