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OPINIÓN

2018: Ciudadanos en busca del poder…

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Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Jueves, Octubre 22, 2015

La sucesión presidencial que decidiremos en 2018 presenta síntomas nunca antes vistos. Si algo ha quedado en el pasado es el tema del ‘tapado’. Con tres años de antelación, sabemos quiénes aspiran porque todos andan ‘destapados’. Pero el escenario político es más complejo y complicado que el simple adelanto de los tiempos. Entenderlo exige ‘guardar silencio’ y dejar que la realidad nos ‘hable’. Sólo así aparecerán ante los ‘ojos’ de nuestro entendimiento las líneas por las cuales transita la sucesión presidencial que ya está aquí. Si les parece bien, vamos a guardar silencio y a dejar que nuestra mente agarre su propio compás. Sí, porque para pensar bien hay que tener ‘ritmo’…

Observen las encuestas: cuando pasamos por una etapa sin sobresaltos, el Presidente sale mal evaluado. Cuando hay problemas, queda peor. ¿Por qué? Se supone que cuando las cosas están en calma le debería ir mejor. Pero no es así. Esto revela el punto más delicado del problema de Peña Nieto ante la opinión pública: la mayoría de la ciudadanía ha decidido no creerle más. Mientras sus asesores parecen extraviarse en el diseño y emisión del mercadeo gubernamental, dejan de lado resolver el margen de credibilidad, que no es lo mismo. De no hacerlo o no poder neutralizarlo, podría golpear de lleno al que resulte candidato del PRI en 2018. Los adversarios del Presidente lo han convertido en el paradigma del hartazgo ciudadano contra los políticos y los partidos, y hay que reconocer que la estrategia seguida ha sido magistral. Hace tiempo que traspasamos la frontera del rechazo a lo político. Lo han convertido en el repudio al Presidente…

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“Se desploma la teoría de Sartori…”

Los expertos en partidos políticos han usado diversas teorías para explicarlos, sin lograr el consenso. Ninguna satisface plenamente. Una de las más exitosas fue la de Giovanni Sartori, que desplazó a la de Duverger. El italiano mezcló “las posibilidades de coalición o de chantaje” y la “polarización o distancia ideológica”, clasificándolos en partido único, partido hegemónico, partido predominante, bipartidista, pluralismo limitado y moderado, pluralismo extremo y polarizado, y pluralismo atomizado…

La diseñó en función de los partidos, pero tuvo el ‘punto ciego’ de los ciudadanos. La realidad política de España, Argentina, Chile y México, entre otros países, ha rebasado a Sartori. La participación ciudadana plantea nuevos desafíos no contemplados antes. No se trata del rechazo a los políticos ni a los partidos y ya, sino a la confrontación entre ellos y los ciudadanos por el poder. Hay más: la acción ciudadana está ‘colonizando’ a unos partidos y desfondando a otros…

“Políticos y ciudadanos: la dicotomía…”

De origen, la dicotomía es equívoca porque ambas palabras se refieren a la sociedad como ‘pequeña ciudad’. Conceptualmente, ‘político’ y ‘ciudadano’ se identifican. No debería haber confrontación pero en los hechos ocurrió una ruptura y es global. Los motivos: corrupción, impunidad, ineficacia e ineficiencia por igual de políticos, gobiernos y partidos. Entre lo ocurrido en Iguala y los escándalos que afectaron a Peña Nieto y a su círculo más cercano, se consumó la fractura. Están pagando hasta por lo que no han hecho. En México y en otras latitudes van a pasar dos cosas: o nos enfrascamos en una serie interminable de luchas estériles, que van a erosionar a la democracia con el riesgo de dictaduras autoritarias, o hacemos el esfuerzo por reunificar lo político y lo ciudadano. La Modernidad no sólo levantó un ‘Telón de acero’ en Europa del Este. En la sociedad global nos dejó otra muralla entre nosotros mismos. Esta es de mayor alcance…

La teoría de la sociedad acéntrica de Niklas Luhmann podría cumplirse en sus aspectos más negativos. Tenemos que replantearnos los motivos para estar juntos porque de prevalecer las tendencias centrífugas, nos van a sobrar pretextos para distanciarnos y, entre grieta y grieta, seremos presa fácil de la delincuencia organizada. Vean ustedes…

“Confrontados por el poder ciudadano…”

La Revolución y las ideologías en general, ya no son atractivas. Vivimos la disputa por los ciudadanos y su voto. Se ha desdibujado la frontera entre izquierdas y derechas, ambas a punto de morir por la ciudadanización de todo y no por la hegemonía de un polo ideológico frente al otro. Se veía venir: en cada partido o enclave ideológico forcejean por su identidad. El PRI está viendo cómo se terminan de derrumbar lo que restaba de su origen revolucionario. Harían bien en revisar la teoría de las élites reflejada en etapas partidistas para orientarse. Hace tiempo dejamos atrás ‘las terceras vías’ para adentrarnos en territorio ciudadano. Pero la caída del Presidente en la opinión pública ha puesto en jaque al Partido. La mayoría de los triunfos en la elección intermedia fueron mediante alianzas y la del PVEM se agotó. Ya no le garantiza el triunfo en 2018. O suma más aliados o fragmenta el voto opositor, pero sería ‘jugar con fuego’ porque se ha roto el consenso en torno a Peña Nieto…

Si yo tuviese que decidir, reformaría al PRI de pies a cabeza. Le cambiaría el nombre y apostaría por la democracia y los electores. No podría ponerle ‘ciudadano’ porque Movimiento Ciudadano se adueñó de la marca, pero quizá sí el adjetivo ‘electores’. Al poco de haber perdido la Presidencia, algunos priistas estuvieron en Inglaterra, en una reunión con el Partido Laborista. Les recomendaron reformar al PRI e ir por el poder veinte años después, pero no hicieron caso y los datos del INE muestran que su fortaleza electoral está desapareciendo. En los momentos torales hay que tomar decisiones. Manlio Fabio lo sabe. Otra vez se les escapó ‘El Chapo’ y no se ve solución a asuntos urgentes, entre ellos lo de Iguala. El PRI debe entrar en su cuarta etapa o será arrasado por los ciudadanos…

El PAN nació como partido ciudadano pero del que era propio de una sociedad céntrica y homogénea. Eso explica su conflicto de identidad y no el choque entre grupos. Hay que leer las teorías de los modelos porque experimentan la colisión entre ‘el modelo histórico’ y ‘el de consolidación’. No se han enterado que un partido se consolida al constituir gobiernos, generándose desajustes y obsolescencias. Roto o superado el pacto original o su correlación de fuerzas, inicia una transición. Rebasada la propuesta, lo mismo. Revisen los datos del INE y verán que no es el puro desgaste de gobernar…

Las izquierdas padecen las secuelas de la crisis de la Modernidad. Todas sus versiones fracasaron en el siglo XX: fascismo, nazismo, marxismo, maoísmo, en fin. Sí, leyeron bien. Mussolini y Hitler eran socialistas. Sus restos buscaron refugio en la economía de mercado o en el populismo. Pero ha aparecido la opción ciudadana. Vamos a ver si Mancera se consolida como aspirante ciudadano y si AMLO como populista. O si el segundo logra armonizar populismo y ciudadanía con el movimiento ácrata y libertario. Se antoja difícil y habla indistintamente de ‘pueblo’ y ‘ciudadanos’ Pero su gran acierto ha sido apoderarse de la bandera ética contra la corrupción y la impunidad…

La sucesión presidencial de 2018 tiene tinte ciudadano. En el PRI, Eruviel busca serlo y Beltrones intensifica su presencia mediática y en redes. No hay que perder de vista a Aurelio Nuño que parece saber para qué sirven los hoyitos del cinturón, aunque no es fácil lidiar con el ala dura del populismo. De prevalecer AMLO en las izquierdas, el PRD no tendrá otra salida que ser relegado a la periferia o aliarse con el PAN y me refiero a don Máximo, el gobernador de Puebla. El poblano busca capitalizar el voto ciudadano mostrando carácter para que los electores lo vean como el ‘martillo de Thor’ que golpea a los malhechores y violentos en una noche de tormenta. Igual hay que observar a ‘El Bronco’ y a Margarita Zavala…

AMLO se ha corrido a posiciones moderadas y aprovechó el vacío de la imagen presidencial en el extranjero, visitando al Papa. Es un juego arriesgado pero inteligente: no quiere a la Iglesia en contra y  de paso maniobra con los empresarios para tranquilizarlos. Por debajo de la mesa, manda un mensaje yendo al Vaticano: de un lado al Yunque y del otro a los Tecos. De fracasar en su plan de moderación y también la lucha del gobierno federal contra la delincuencia, le habrán servido la mesa a don Máximo…

Hasta entonces…

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